viernes, 1 de febrero de 2013

LA EMPRESA… ¿MI EMPRESA?


En nuestra detección y análisis sobre el funcionamiento de nuestro corazón del negocio a nivel interno: “las personas”, podemos encontrarnos que tienen las competencias necesarias y  que las funciones se adecuan perfectamente para realizar el trabajo encomendado. Pero ¿quién puede garantizarnos que el sentido de pertenencia será el factor diferencial en nuestros colaboradores/empleado? ¿Cómo haremos para que tengamos equipos que sientan la empresa como si fuera propia?

El Cambio Organizacional  o el “construir junto a nuestra gente un nuevo modelo de nuestro negocio” es últimamente un sistema muy utilizado o tenido en cuenta por las empresas que buscan la mejora continua dentro de un entorno globalizado, altamente competitivo y en evolución constante. De esta manera, las organizaciones se ven obligadas a vencer el reto de la resistencia al cambio y a la búsqueda del equilibrio entre los objetivos organizacionales y de los objetivos personales de quienes la conforman.


Afortunadamente, en la actualidad ya se reconoce al factor humano como el factor determinante para el logro de los objetivos y por consiguiente, del éxito de una organización. Por lo tanto, se vuelve cada vez más importante profundizar en el estudio de los factores que determinan la motivación y el rendimiento de las personas y por ende su vínculo más allá de lo contractual con los objetivos del negocio.

Podemos encontrar distintos  estudios recientes que se realizaron en Estados Unidos, Europa y Asia que nos dicen que el sentimiento de pertenencia tiene un impacto significativo sobre el rendimiento en el trabajo, perspectivas de futuro, la presencia en el lugar de trabajo, el estrés, la autoestima y la apertura hacia nuevos retos.

Cuando el trabajador se identifica con la empresa, es más flexible y acepta de mejor manera los cambios. Y no porque adopte una actitud sumisa frente a quien paga su salario o que de alguna tenga la potestad económica de su familia, sino más bien por sentirse él mismo en el mismo barco y por ende participar de la toma de decisiones, en los resultados y en la construcción del modelo.


¿Cuántas veces hemos escuchado la siguiente reflexión: “Lo hemos intentado todo... todos los programas de calidad para la reingeniería y seguimos en el mismo punto!”. Las investigaciones  muestran que se requiere por lo menos el 80% del personal identificado con la empresa para lograr la “calidad total”, reingeniería o reorganización del trabajo y puesta en marcha exitosa de las estrategias. Pero ¿cómo desarrollar el sentido de pertenencia? ¿Cuáles son los aspectos de la gestión de empresas que contribuyen más a este desarrollo?

En primer lugar tener claro que la identificación con la organización influye directamente en el rendimiento y en el éxito de la misma. Por este motivo, debe ser una preocupación constante de cualquier manager.

Es algo que se construye poco a poco. Compartiendo con ellos la misma realidad, información, valores y objetivos comunes. Se requiere, además, de desarrollar interacciones de calidad con nuestra gente, hacer que se sientan bien y que sean conscientes de su valor en un grupo de trabajo, en su sector, en su departamento, etc.  Si reconocemos los esfuerzos, sabemos integrar en la cadena de trabajo a cada uno de los integrantes de nuestro equipo, entonces casi de manera automática veremos como cada vez más se involucrarán, darán lo mejor de sí, y esa identificación provocará orgullo del lugar donde está. Y eso, a su vez, será un efecto multiplicador, porque si paso el 70% de mi día en un proyecto donde puedo dar lo mejor de mí, me siento a gusto, lo siento mío, seguramente mis hijos, mi pareja, mis amigos, mis vecinos también hablen de lo mismo, y la marca se expanda, esta vez sin quererlo, en el núcleo más innato de la proximidad cliente.

Evidentemente la fórmula es bidireccional y no es una fórmula mágica, la empresa también debe querer y tener esa actitud de escucha, capaz de poner en valor las ideas y su capacidad para liderar, de aprender, de compartir y desarrollar a sus equipos. Esa será una de sus mejores cartas de presentación.

Compartir el negocio es de alguna manera buscar tener un objetivo o proyecto común: empresa y colaborador/empleado. Un objetivo que movilice. Una estrategia que deberá surgir en primera instancia del mismo Comité de Dirección de la Organización. El éxito de un Proyecto Común  encuentra su fuerza en la participación activa de todos los miembros de la empresa. A mayor participación, mejores resultados.

Ayer teníamos empresas centralizadas, gestionadas por el estatus, por el miedo y por la obediencia. Hoy tenemos empresas descentralizadas (principio de subsidiaridad), gestionadas por el mérito, por la confianza y por la responsabilidad.

El sistema de participación se ha asomado hace algunos años como un sistema de éxito empresarial, no como un sustituto de una administración ineficiente o de la falta de planificación, simplemente es otra área que funciona dentro de un sistema social mayor. Por lo tanto, se le debe considerar como un factor constante y permanente para la mejora continua y en consecuencia, para el logro de los objetivos organizacionales.

Esa visión compartida y ese espíritu participativo transmiten una misión motivadora, creando unos objetivos que permitan alcanzarla y vivir según unos valores que merezcan la pena tener. Es decir, no limitarse a transmitir instrucciones y métodos de trabajo sin explicar los por qué y los para qué.

Ser capaces de construir juntos un nuevo modelo de nuestra empresa, con esa visión compartida, participativa, teniendo siempre en cuenta lo que decía Aristóteles: “Somos lo que hacemos día a día, de modo que la excelencia, no es un acto, sino un hábito”.