viernes, 22 de marzo de 2013

HABLAMOS DE MOVILIDAD, DE EXPATRIACION, DE MIGRACION E INMIGRACION…PERO ¿HABLAMOS DE “ACULTURIZACION”?

Estos días cuando los periódicos comentaban que ha crecido en más del 6% el número de personas que buscan nuevos horizontes en otros países, no pude dejar de hacerme algunas reflexiones, tanto por haber experimentado hace doce años esa sensación como por abordar algunos temas que no son del todo noticiables, ni se comentan entre los despachos de nuestras empresas, pero si se sienten entre las paredes de cada una de estas personas que ha tomado, o tomará esa decisión, como por ejemplo la “Aculturación”.

Según el diccionario y de manera estricta nos comenta que la aculturación se refiere al resultado de un proceso en el cual una persona o un grupo de ellas adquieren una nueva cultura (o aspectos de la misma) generalmente a expensas de la cultura propia y de forma involuntaria. Las definiciones viejas y nuevas tienen una frontera borrosa en las sociedades multiculturales modernas, en las que los hijos de familias inmigrantes pueden ser motivados a adquirir la cultura dominante, pero también la familiar, considerando a cualquiera de las dos como la extranjera, cuando ambas son parte del desarrollo infantil.

PROCESO DE DUELO
Todo emigrante se ve sometido a una serie de procesos de duelo tras el fenómeno migratorio debido a la pérdida de elementos muy significativos en su vida como son:

• La familia extensa y amigos, que generalmente permanecen en el lugar de origen y que constituyen su red social fundamental. En muchos casos, incluso la familia nuclear reside en el país de procedencia, con lo que la adaptación va a resultar precaria.

• La identidad nacional, representada por un conjunto de circunstancias como el idioma, la cultura, y el grupo étnico original (en muchos países africanos y asiáticos, donde las fronteras las trazaron los países colonialistas occidentales a tiralíneas, la identidad no se refleja tanto con el país sino con uno de los varios grupos étnicos que conviven en él). Esto es lo que permite al individuo sentirse miembro de su grupo y estructurar su individualidad según esta pertenencia.

• Estatus social. Los emigrantes suelen ser personas con un buen nivel de formación o habilidades, y muchas veces no se les reconoce en el país de acogida, donde se necesitan trabajadores de menor formación profesional, o bien tienen dificultades a la hora de convalidar su titulación, etc.., lo que a menudo produce un descenso importante de estatus social, de su autoestima, que sumado a sus lógicos sentimientos de desarraigo lo recluyen en un laberinto emocional complejo.
Según Achotegui (2000), en la migración aparecen siete duelos que son los que se describen en la siguiente tabla:


Estos duelos van variando a lo largo de la evolución del mismo proceso migratorio. En las primeras etapas del proceso, el duelo por la familia, el estatus social y los riesgos físicos son los que tienen un mayor peso, sobre todo cuando la migración ha resultado dificultosa. Con el transcurso del tiempo estos sentimientos tienden a mitigarse y adquieren más importancia los problemas con la lengua, la cultura, el contacto con el grupo y el concepto de lo familiar.

RESPUESTAS A LA CULTURA DEL PAÍS ANFITRIÓN: LA ACULTURACIÓN
Cuando dos culturas entran en contacto se habla del fenómeno de la aculturación.
El inmigrante, miembro de una cultura minoritaria, debe adaptarse a la cultura mayoritaria del país de residencia. El proceso de adaptación del emigrante a la cultura del país anfitrión incluye sólo las cuatro alternativas básicas posibles que se presentan en la siguiente tabla (Ekblad, Kohn y Jansson, 1998).
Las sociedades occidentales, sobre todo las europeas, aunque teóricamente defienden un proceso de integración de los inmigrantes (es decir, de manejo adecuado de ambas culturas, la de origen y la del país huésped), realmente lo que pretenden por obra o por omisión es un proceso de asimilación (pérdida progresiva de la cultura de origen y sustitución por la cultura del país huésped).

Esta actitud se encuentra presente incluso en países con gran tradición de acogida de inmigrantes como los Estados Unidos. Quizás Canadá sea uno de los pocos países en el que desde las Instituciones, se defina claramente un proceso de integración.

FACTORES QUE INFLUYEN EN EL PROCESO DE ACULTURACIÓN
Los factores que condicionan el proceso de adaptación son varios:
Semejanza de las culturas. Facilita la adaptación porque minimiza el choque cultural (Furnham y Bochner, 1982; Mumford, 1998). En el caso concreto de España, el choque cultural es menor en inmigrantes de culturas occidentales y de Latinoamérica, mientras que el máximo en individuos de entornos asiáticos y africanos (magrebíes y subsaharianos).
Receptividad. Puede variar desde abierta y receptora hasta claramente xenófoba. En Europa hay países que tienen escasa tradición de acogida de inmigrantes, siendo que en sus propios genes está el haberlo sido también emigrantes. Y hoy, la vida se encarga de dar una bofetada a la mala memoria y vuelven los nietos a imitar a sus abuelos en su búsqueda de un mejor futuro en aquellos países hasta ayer “marginados”.

Edad del individuo. Los adolescentes tienden más a la asimilación, negando la cultura de origen (que también es la de los padres, con los que se suele entrar en conflicto) para parecerse más a su grupo de edad, que mayoritariamente pertenece al país huésped. Las personas mayores son propensas a adaptarse mediante la separación, negando la nueva cultura y parapetándose en la propia. Los individuos de edades medias son los que más fácilmente realizan procesos de integración de ambas culturas. Como es evidente, estas diferentes velocidades e intensidades de aculturación van a producir conflictos familiares e intergeneracionales. Sin entrar en temas como los posibles problemas matrimoniales donde esas velocidades, tiempos y situaciones de cada integrante harán en mayor o menor medida tensar o aflojar esa soga al cuello.

Personalidad del individuo. Influye en su adaptabilidad al cambio y en los mecanismos de afrontamiento que debe utilizar. Cuantas menores carencias afectivas haya padecido y menos vulnerable sea el individuo, mejor y más rápidamente va adaptarse a las dificultades del proceso de aculturación.

Evidentemente las circunstancias favorables harán que el individuo viva con mayor intensidad y espíritu de éxito, en cambio si los inconvenientes se encuentran desde la puerta de embarque y lo acompañan por mucho tiempo, el proyecto dejará de ser suyo, también dejará de ser suyo su entorno, sus ilusiones, sus expectativas, y ese laberinto dará luces de alarma.
Los diversos programas de Viajeros por el Mundo siempre nos muestran una parte hasta lúdica del proceso de integración en otras sociedades… ¿y luego que saludan y se apaga la cámara?

Los procesos de expatriación, de movilidad, de migración o inmigración llevan aparejadas muchas más cosas que un resultado económico o desarrollo profesional: las personas, su entorno, sus deseos, sus anhelos, su familia, hijos, padres, abuelos, amigos, recuerdos, sueños, proyectos, etc. Seguramente no podremos contemplar todos estos detalles como empleadores o como protagonistas de esa migración/inmigración, pero si podremos ser capaces de dar el apoyo, la ayuda desde el lugar que nos toque (empresa o institución pública).

 Puede que hoy debamos organizar una expatriación en nuestra empresa, o puede que nos toque ayudar a un expatriado a integrarse, o puede que se nos vaya un amigo a otro país con o sin trabajo previo, o puede que en nuestros círculos conozcamos a alguien que recién ha llegado con las manos llenas o vacías…solo recordar que la vida es dinámica, el mundo es cada vez mas cambiante y se encuentra herido en estado de caos, y que en ese lugar puedes estar tu, yo, o alguien de tus afectos.