viernes, 27 de septiembre de 2013

“SIMPLEMENTE…SIMPLES” (LA SIMPLICIDAD EN LAS EMPRESAS)

Cada día observamos los niveles de complejidad que alcanzan las empresas, y como se han vistos forzadas por ello a ejecutar sus acciones con una cantidad de especialistas sin una visión global. Para la araña su telaraña es un arma, para el insecto es un laberinto. ¿Quién se come a quién?...la historia ya la conocemos.

Vemos así como hemos construido un conglomerado de términos empresariales de corto tiempo útil, que no logramos implantar completamente cuando estos ya están desactualizados, con la necesidad de pasar a la siguiente generación de técnicas administrativas.

Cuando una empresa cuenta con verdaderos ejecutivos, que no buscan un éxito personal a corto plazo, esencialmente firmes, con un gran sentido de compromiso y con deseos de trabajo en equipo, la organización y las soluciones de negocio se simplifican.

La dirección de empresas es un gran ejercicio de sentido común y la simplicidad obliga a pensar en lo esencial y a clarificarlo. Decir que queremos ser simples pero no dar las soluciones, no es el camino.

Si lo analizamos fríamente, los negocios no son complicados, somos nosotros mismos quienes tendemos naturalmente a complicarlos. La forma de atacar la complejidad es implementando la simplicidad de una manera inteligente y nunca cortoplacista.

La RAE nos dice que algo “complejo” es aquello: “Que se compone de elementos diversos”. Entonces si son diversos en este caso quiere decir que son muchos y distintos, por lo tanto tenemos varios elementos heterodoxos para resolver una sola situación. Este es el resultado que debemos evitar. Podemos recurrir a la lógica y al sentido común para detectar los puntos claves y establecer una línea de acción concreta y única.

El sentido común, es la sabiduría que todos compartimos. Es algo que una comunidad considera una verdad obvia.

Leonardo Da Vinci imaginó la mente humana como un laboratorio que recababa materiales a través de los sentidos, materiales que entonces eran canalizados a través del órgano del sentido común, entendiendo así que el sentido común, es una especie de súper sentido que domina a todos los demás sentidos.

Con él edificaremos el cambio, en la búsqueda de la verdadera simplicidad. “Dejar de hacer por dejar de hacer” eso no es simplicidad sino ingenuidad, pero buscar la optimización de nuestros recursos innovando con visión a medio y largo plazo, con sentido de la responsabilidad y de la rentabilidad eso si es simplicidad.

Simplificar nuestra forma de trabajar, de comunicarnos, de relacionarnos con nuestros clientes no es un proceso fácil ni rápido. Pero tengamos en cuenta que si hoy no damos una respuesta común y estamos todos en la misma línea (en tiempo y forma) ellos, nuestro clientes, nos darán la espalda y nosotros tendremos que hacer lo mismo pero para cerrar nuestras puertas definitivamente.

Los humanos admiramos la complejidad, aunque a veces no la entendamos, pero nadar en el barro en estos tiempos no es complejidad... sino un suicidio.-