viernes, 27 de diciembre de 2013

SENTIDO COMUN 2.0

En estos últimos años todos hemos aprendido mucho, en realidad mucho más de lo que nos parece. Solo tenemos que poner el oído en cualquier reunión interna, donde se plantea cómo comunicar un proyecto de cualquier área, para darnos cuenta que el lenguaje y el discurso es muy distinto del que hubiésemos oído hace poco tiempo atrás. Y como en toda fase de aprendizaje, ha sido (y sigue siendo) dura en cuanto a esfuerzo y dedicación, con inseguridades e interrogantes pero a la vez con la motivación que genera la innovación y la satisfacción de conseguir un nuevo objetivo y comprender que es la llave maestra para nuestros pequeños y grandes éxitos.

Creo que en este proceso también hemos aprendido a situarnos. Hemos vivido momentos en que nos hemos dejado “impresionar” por quienes nos parecían mesías que nos iban a solucionar todas nuestras inseguridades en este aspecto. Ahora sabemos escuchar pero también podemos diferenciar entre quién simplemente recicla conocimiento o quién genera ideas o un valor agregado o simplemente habla de experiencias concretas.

Sabemos que la estrategia, la tecnología, el management y la creatividad van íntimamente unidos, más de lo que creíamos en un principio y que la implementación de las estrategias es compleja, tanto por condicionantes internos de nuestros clientes y de la realidades diferentes que encontramos en nuestras empresas, como por la necesidad de colaborar con diferentes especialistas dentro de un mismo proyecto. En cualquier caso, nuestro papel como managers sigue siendo el mismo de siempre: generar espacios, incentivar a la producción de ideas, ideas creativas al servicio de una estrategia y mucho, mucho… sentido común.


También detectamos riesgos como la miopía de perder la visión de conjunto (el 2.0 nos abre muchas oportunidades que tenemos que aprovechar e integrar pero no lo es todo) o la facilidad con la que se pueden perder los objetivos de comunicación de nuestros proyectos por estar pensando demasiado en las herramientas, algo que también hemos mencionado en post anteriores. Por suerte, nuestro Pepito Grillo, alias sentido común, no nos ha dejado avanzar si no hemos estado seguros de los objetivos que perseguimos, de la integración con el resto de acciones, de las implicaciones para la puesta en marcha y especialmente de contestarnos a la pregunta: ¿Es o no un beneficio para nuestros clientes? ¿De qué forma nuestros equipos están preparados para que esta sea el sistema elegido para gestionar su día a día y optimizar su comunicación?

Porque ahora también sabemos que después de planificar la estrategia general 2.0 es cuando empieza el trabajo duro. Abrir nuevos canales es fácil, pero trasladar este nuevo lenguaje a nuestros equipos y clientes y convencerlos que es el presente y el futuro, nos abrirá nuevas posibilidades a todos, es el gran desafío. Conseguir coordinar con nuestros clientes y con nuestros trabajadores una planificación de contenidos que realmente dinamice y dé sentido a los objetivos pretendidos… eso ya es otra cosa. Requiere implicación, compromiso y coordinación día a día (o minuto a minuto) entre todos, un cambio de lenguaje, de mentalidad, un cambio en la forma de gestionar nuestro día a día, un cambio de hábitos, donde todos los responsables máximos de la empresa deben estar involucrados y ser los primeros ejemplos del cambio.


Como es inevitable, parte de la reflexión va dirigida a otro gran caballo de batalla para las empresas: la rentabilidad de los proyectos online. Evidentemente la cúpula de la empresa tiene que apropiarse del proyecto y dar tiempo para hacer efectivos estos cambios, incluso en la primera etapa de test, experimentando, dando pasos hacia adelante y otros hacia atrás, cada empresa es una familia, y como familia un mundo, por lo tanto es casi imposible copiar modelos externos, aunque siempre es bueno ver ejemplos que nos orienten.

Está claro que es un peaje que hay que pagar para innovar. También de esto todos hemos aprendido y seguiremos aprendiendo,  por supuesto aplicando también el sentido común para mejorar y optimizar todos los nuevos procesos. Aunque es de reconocer que cuando los hijos de nuestros superiores ya compran on line, se relacionan on line, juegan, comparten, son los propios gerentes que entienden que el futuro ya está en casa, y por ende su empresa no puede estar ajena.

No importa pecar de reiterativos: siempre desde el sentido común, la humildad, la escucha, la formación y el reconocimiento de que nadie sabe todo y que todos aprendemos cada día en este nuevo idioma,  y que habrá seguramente gente en nuestros equipos que nos sorprenda porque en ellos descubrimos nuevas competencias ocultas por los perfiles que estábamos hasta ayer demandando.

Surgen y surgirán nuevos puestos, nombres que iremos integrando y descubriendo: community managers o mejor dicho social media strategist, online project manager y una serie de partners especialistas y eso será un gran paso tanto para el nuevo mercado laboral como para encontrarnos con talentos internos que sumado a la experiencia empresa nos pueden dar muchas satisfacciones o bien sacarnos el abrigo de la endogamia que muchas veces usamos, y abrirnos a la nueva sangre, nuevos aires que seguramente nos oxigenaran nuestros objetivos.



Dentro de no mucho tiempo seguro que volveremos a reflexionar y posiblemente muchas de las reflexiones de hoy no valdrán o habrán cambiado, pero estoy casi, casi seguro del todo, que seguiremos aprendiendo y aplicando el sentido común.

Aprovecho esta oportunidad para agradecer a todos/as los lectores/as de este Blog de los Viernes, deseandoles un Año 2014 lleno de felicidad.

viernes, 20 de diciembre de 2013

LA PROFESIÓN MÁS VIEJA DEL MUNDO

Se dice que la profesión más antigua del mundo es la prostitución, pero muy posiblemente esta haya aparecido despues de darse dos de sus requisitos: la cultura urbana y el dinero, por lo tanto desmitificamos esta leyenda urbana, y subimos a la cima del conocimiento al comercio como la primera profesión.  ¿Y por qué defendemos esta teoría?  Negociamos desde la cuna. Los orígenes del comercio no solo se remontan a finales del Neolítico, cuando se descubrió la agricultura, sino en la primer toma de contacto madre-hijo, desde los orígenes del mundo hasta hoy. ¿Acaso no negocia un bebé cuando llora en los brazos de su madre porque tiene necesidad de ser alimentado (acto de supervivencia mediante), pidiendo y exigiendo con sus llantos el “producto” que él quiere y necesita? A cambio él dará sus mejores monedas: su sonrisa, su calma, su aprobación y su siesta placentera. Tenemos en nuestros genes el comercio.

Desde esa primer agricultura, pasando por los adelantos técnicos de la época (fuerza animal o el uso de diferentes herramientas), luego el trueque, la moneda, las primeras rutas comerciales, la aparición de la banca, el comercio transatlántico, la innovación en el transporte, y la Globalización como una tendencia derivada del neocolonialismo,  aparece hace unos años atrás el sector de la gran distribución o retail.

Y no solo se instala en nuestros países sino también en nuestras vidas. Por ejemplo, a finales de los ochenta y principios de los noventa, dio la vuelta a los hábitos de consumo que habían imperado hasta ese momento. Las grandes superficies, con su oferta interminable de productos y marcas, pusieron de moda la compra semanal o mensual, las marcas blancas y las guerras de precios. Y con la lupa de la evolución vemos como tres décadas después, los gigantes de la distribución tienen que renovarse, primero, porque el consumidor ya no es el mismo y, segundo, porque la economía tampoco volverá a ser la de antes tras el ciclón de la crisis financiera.

Este nuevo escenario no sólo repercute en la estrategia global de negocio —presupuestos, acciones de marketing, posibles planes de expansión…— de las empresas del sector, sino que incide de forma muy especial en los profesionales que trabajan en ellas, en su gestión, su selección y su cuidado. Una nueva visión de los recursos humanos que debe afrontar problemas tan reales como el descenso del gasto medio por familia, la pérdida de confianza de los consumidores o el posicionamiento de Internet en el mundo de las compras.

Hoy los desafíos son múltiples, y los frentes muy amplios y la necesidad de apostar por la creatividad y la imaginación es clave tanto ante la adversidad económico/social como en el desarrollo de las estrategias de la proximidad cliente.

Ayer el comprador miraba las grandes estructuras de los comercios como un espectador y vivía con admiración esos almacenes desde fuera y entraba casi con respeto a “pasear”, incluso como una salida familiar. Hoy el eje cambió 180 grados y el comprador ocupa gran parte de los esfuerzos de estas compañías, que lo han subido al papel de actor principal de su gran y determinante película.

Y son las nuevas generaciones las que marcan la tendencia y el ritmo, compran y eligen dónde y cómo hacerlo de forma distinta. Ya hay una criba entre los que piensen en las nuevas generaciones y los que no. Internet  y las redes sociales  son el gran punto de inflexión de este nuevo comercio y este nuevo modelo de relación.

Es cierto también que el cliente  ante la necesidad y la crisis ha experimentado un cambio de hábitos que lo motivaron a buscar todos los canales para conocer por ejemplo la mejor relación calidad / precio y por sobre todas las cosas, cuál es la respuesta y satisfacción de otros clientes dentro de un inmenso abanico que tiene a su disposición y que justamente estas tecnologías nos permiten.

Antes el cliente tenía razón, hoy esa frase ya pertenece a la historia, no porque no sea cierta sino porque es un hecho preconcebido, ahora la importante es la detección previa de sus necesidades, su satisfacción, saber adaptarnos a él y lograr que sienta una identificación con la marca que no necesitemos casi influir de manera “publicitaria” en su decisión, porque somos parte de su esquema, de su día a día, casi como de su familia, y para lograrlo, todos los trabajadores desde el Director General hasta el reciente vendedor incorporado tienen las llaves, para abrir o para cerrar. Garantizar el mundo omnicanal es el guión que tenemos que escribir, liderar y animar para lograrlo.

No podemos permitirnos ningún tipo de fisuras, ayer mirábamos nuestras cuentas al micro detalle, hoy debemos seguir mirándolas pero necesitamos levantar la cabeza, agilizar nuestros pies, e irnos a conocer en nuestras tiendas, almacenes, etc. a nuestros vendedores, a nuestros trabajadores que están en contacto con nuestros verdaderos accionistas: nuestros clientes.  Conocerlos, preguntarles, saber qué dudas tienen, qué cambiarían, qué mejoraría, saber sus dificultades, sus conocimientos, ellos seguramente nos darán las pistas más reales de mejora y a la vez nos servirá como un excelente termómetro. La marca nos marca, pero un solo error de parte de este colectivo, hará que esa relación con nuestro cliente muera para siempre. Y en el comercio no hay dos oportunidades.

Todos los canales son importantes, desde la respuesta en presencial como en online, de hecho no responder a un comentario negativo en las redes, por ejemplo, es tan malo como no contestar el teléfono. De hecho, es bastante peor porque es visible para todo el mundo, incluidas las marcas de la competencia.

Ante este importante cambio de lenguaje y de escenarios, también el cambio de perfiles de los puestos merece una gran reflexión interna y una buena toma de decisiones. Para vender libros, sofás, pinturas o una camisa, para supervisar el funcionamiento de un supermercado, incluso, para liderar cualquiera de los departamentos hace falta pasión por el producto y allí tenemos un intenso camino por recorrer y una gran responsabilidad. Sólo así se consigue llegar al cliente, quien de alguna forma es el gran consultor que escribe de puño y letra las nuevas competencias de nuestros profesionales.

La profesión más vieja del mundo, que se actualiza y cambia de una manera vertiginosa, y no nos brinda ni un segundo de tiempo para relajarnos y nos muestra una vez más que las personas tenemos el control tanto hacer saber lo que queremos o no queremos, o bien para gestionar esos deseos sin fisuras.

FELIZ NAVIDAD PARA TODOS/AS !!!!!!!

viernes, 13 de diciembre de 2013

COMPROMISO: UNA CUESTION DE ACTITUD

Como decía Goethe: “Todo lo que puedes hacer o sueñas con hacer, empiézalo. La audacia encierra ingenio, poder y magia”  Es habitual escuchar que la diferencia la hace la actitud. La actitud que asumen los individuos, los equipos de trabajo o las empresas frente a las distintas circunstancias. La actitud ante los nuevos desafíos, durante las situaciones de crisis, en los momentos de incertidumbre, frente a los procesos de cambio. Hay una actitud fundamental, aunque difícil de llevar a cabo y que todo líder debe saber potenciar y estimular que es “El poder del compromiso”.

Nuestra Visión o nuestros objetivos más audaces empiezan a tomar vida en el momento en que declaramos nuestro compromiso con su realización y comenzamos a ejecutar acciones concretas. Damos los primeros pasos e iniciamos el camino de crear un nuevo futuro, desde lo más pequeño a lo más grande. Dos elementos se combinan para poner en marcha este proceso, la convicción de que es posible generar una nueva realidad y el compromiso con su realización. La Visión es sólo fantasía si no está acompañada de una acción comprometida, de una práctica consistente que permita que las cosas sucedan.

Es el compromiso que asumimos el que pone en movimiento los mecanismos del cambio y la transformación, cualquiera que sea el mismo, tanto a nivel personal como laboral. La iniciativa y la acción efectiva surgen de una actitud de profundo compromiso con algo que se quiere lograr.

El compromiso genera acción, pero es a su vez una acción en sí mismo. Realizamos la acción de comprometernos. El compromiso no acontece hasta que una persona lo declara y acciona en forma consecuente. El individuo a través de su acción comprometida comienza a construir una realidad diferente.

Este compromiso tiene a su vez dos aspectos particulares. Uno está relacionado con la acción, el trabajo constante, con el empeño y la persistencia para avanzar más allá de las dificultades. La otra cualidad del compromiso está vinculada con la disposición interna, con la conexión profunda, íntima, que tenemos con nosotros mismos cuando estamos comprometidos con algo que consideramos trascendente.

Este estado de “estar comprometidos” lo podemos sentir corporalmente. Toda persona que en uno o más momentos de su vida ha trabajado comprometida y apasionadamente, sabrá y podrá reconocer a qué me estoy refiriendo. Esta sensación de compromiso se expresa en primer lugar en nuestro estado de ánimo, en el entusiasmo, en las ganas, en la disposición para encarar los desafíos. También en la manera en que prestamos atención y le asignamos sentido a lo que nos acontece y a lo que sucede a nuestro alrededor. Escuchamos y observamos desde nuestro compromiso, con la intención de detectar qué suceso o qué persona puede significar una oportunidad que beneficie nuestros proyectos.

Lo cierto es que cuando uno está comprometido con el logro de sus objetivos, ha declarado con convicción y compromiso “yo quiero esto para mi” y ha comenzado a actuar en consecuencia, muchas veces un conjunto de situaciones que a simple vista parecen coincidencias comienzan a suceder, y si estamos alerta y en camino las podemos capitalizar a favor nuestro. En este sentido es fundamental estar preparado y dispuesto para la acción, porque así como se abren las puertas en un instante, si uno no está apto y dispuesto para aprovechar la ocasión, rápidamente se vuelven a cerrar. Dice Arthur Schnitzler “Estar preparado es importante, saber esperar lo es aún más, pero aprovechar el momento adecuado es la clave de la vida”.

Para este momento de apertura de la oportunidad, los antiguos griegos tenían una distinción, lo llamaban kairós. Con esto daban cuenta de la discontinuidad del tiempo humano, donde no todo tiempo es igual en función del despliegue de nuestro accionar efectivo. De esta forma hacían una diferencia entre el tiempo cronológico –cronos- donde siempre una hora son sesenta minutos, y el tiempo humano –kairós- en donde hay circunstancias en que en una hora cambia el sentido de nuestra vida o logramos lo que no pudimos en años. Oscar Wilde decía que: “A veces podemos pasarnos años sin vivir en absoluto y de pronto toda nuestra vida se concentra en un solo instante”.
El concepto de kairós lleva implícito esta idea del surgir de la oportunidad, del emerger de la posibilidad y del accionar en el momento apropiado. Es en ese momento y no en otro en el que se produce el resultado deseado. Ni antes ni después, ni muy tarde ni demasiado temprano, en el momento justo, en el tiempo adecuado. Y para poder accionar en ese lapso preciso, no sólo hace falta el “sentido de la oportunidad”, sino también estar atento y preparado para intervenir.

Accionar desde un estado de profundo compromiso  nos permite estar alertas y dispuestos para actuar de manera efectiva en el momento oportuno. Voltaire sostenía que “Suerte es lo que sucede cuando la preparación y la oportunidad se encuentran y fusionan”.

viernes, 6 de diciembre de 2013

POLO POSITIVO: LA LEY DE ATRACCION EN EL MANAGEMENT

Para sobrevivir en este mundo tan competitivo todos necesitamos hacer exactamente dos cosas: explotar lo mejor que sabemos hacer (nuestras ventajas competitivas actuales) y en paralelo crear nuevas para el mañana. Una fórmula tan fácil de escribir y tan difícil de llevar a cabo. Veamos algunos ejemplos: IBM cambió de gigantescos procesadores centrales a computadoras personales. Google ha progresado de motor de búsqueda a minorista de anuncios a proveedor de servicios digitales. Picasso fue del azul al rosa, de la inspiración africana al cubismo al neoclasicismo y surrealismo a reproducciones de otros grandes maestros del arte. Innovación, polo positivo, atracción, talento y éxito tienen en común el factor personas.

La mayoría de las corporaciones tienen una cierta debilidad en la innovación a pesar de estar escrita en cada uno de sus objetivos y propósitos anuales. Es un quiero y no puedo, o un quiero y no sé. Pretendemos innovar olvidándonos de potenciar lo mejor de nosotros y cuando decidimos innovar no encontramos la fórmula para estimularlo. Viniendo de un post “musical” podemos dar un ejemplo con este sector: la historia de la música pop no es la única plagada de éxitos “de una sola vez” o “éxitos de verano”. Lo mismo sucede en gran medida dentro de la comunidad de negocios. Muchas organizaciones terminan en un cementerio de elefantes porque dudan o no saben continuar con su éxito original, con aquello que las hace diferentes, su sello, su esencia, aquello que las distingue o las ha distinguido.

Esto también explica por qué las corporaciones modernas son tan dependientes de las personas que pueden pensar y hacer cosas de manera diferente y que asumen riesgos. Pero ¿de qué vale esta dependencia sin autonomía? Cuando a los managers  se les pregunta acerca de qué están buscando en los empleados del mañana, al unísono mencionan características como: creatividad, auto-motivación, poder de iniciativa, etcétera. Entonces ¿por qué cuando los tenemos dentro no dejamos que lo hagan?

Los miedos de la cultura del siglo XX se encontraban en un management definido como la ciencia de borrar la desviación, principalmente la desviación negativa, pero si un par de desviados positivos eran aniquilados en el proceso, ese era un sacrificio que la mayoría de los managers estaban dispuestos a hacer en el nombre de la gerencia profesional. He aquí el problema. La gerencia solo te dice cómo hacerte un poco mejor en lo que  tú ya eres muy bueno y esto asegura la eficiencia, pero no la relevancia futura.

La implicación de ese liderazgo nos llevaba a concentrar  nuestra atención en las debilidades de las personas. Nuestra sociedad entera, incluyendo a la mayoría de las corporaciones, estaba obsesionada en convertir los menos (o negativos) en ceros, súper ceros, pero ceros al fin. Irónicamente, muchos managers todavía emplean el 80 por ciento de su tiempo y atención en el 20 por ciento de sus negocios, productos o personas que son los de peor desempeño, los Mega-Menos de los negocios.

Sin embargo, todos sabemos que nuestro mejor desempeño debe basarse en nuestros positivos (o ventajas), individuales y corporativos.  Una persona solo puede desempeñarse a partir de sus fortalezas. Uno no puede construir el desempeño a partir de las debilidades, mucho menos a partir de algo que uno no puede hacer en absoluto.

Si uno nació sin oído musical, ni siquiera 350 años de práctica lo convertirán en el próximo Luciano Pavarotti, podrá quizás dejar de afinar y eso será un logro, pero seguramente no destacará en este oficio. O si usted, como yo, nacimos con el  pie izquierdo en la pierna derecha, ni miles de entrenamientos  conseguirán que firmemos un contrato con el equipo de futbol nuestras pasiones.

El nuevo paradigma para los emprendedores y corporaciones del siglo XXI por lo tanto debe ser preventivo en vez de curativo. Demos juego a los positivos y tomemos decisiones de fondo con los negativos, asumiendo también el por qué están allí y qué podemos hacer con ellos. La innovación comienza por estas pequeñas grandes decisiones. Conocer a nuestra gente, fortalecer su área más productiva y desde alli darle el espacio para que sea capaz de emprender sin barreras. Guiados por el polo positivo, estaremos de esta forma ejecutando de una manera simple y realista la Ley de Atracción en el Management de efecto multiplicador. Así las palabras bonitas quedarán para los cuentos, y las acciones reales para los líderes.