viernes, 4 de abril de 2014

Coherencia, confianza, y credibilidad en la curva del olvido

Abrimos nuestros ojos a la vida buscando un por qué, una explicación, sentimos vacío, miedos y angustias, y los brazos  de una madre nos dan una respuesta casi inmediata, generando tranquilidad, relajando nuestras emociones, palpitaciones y respiración. Despertando en definitiva un círculo de confianza. Dentro de este círculo crecemos y aprendemos. Buscamos también las manos de nuestro padre que nos enseñe a andar, a subir en una bici y no caernos, a dormirnos sabiendo que allí está, que pase lo que pase, está.  Buscamos y necesitamos la confianza desde los primeros días. No sabemos generarla, simplemente la reclamamos, la necesitamos y lloramos desconsoladamente sin ella, lo hacemos desde niños pero también lloramos de grandes cuando recordamos esos días con nostalgia. Es en esa confianza donde construimos poco a poco la credibilidad en nuestros referentes. Y nos vamos haciendo mayores y parece que la vida se conjura en desmontarnos la bella teoría y recordarnos con ejemplos diarios (desde nuestra vida personal, la política o bien en el mundo laboral) que el ser humano como decía Ebbinghaus entra muchas veces en “la curva del olvido”. Y es en esa curva donde se relamen las heridas, la confianza, la credibilidad y por ende la coherencia.

Para centrarnos en nuestro ámbito del management, descubrimos que cuando las personas perciben que sus directivos tienen una elevada credibilidad, es mucho más probable que:
-Estén orgullosos de decir a otros que forman parte de la organización.
-Tengan un fuerte sentido de equipo.
-Encuentren coherencia entre sus propios valores y los de la organización.
- Se sientan ligados y comprometidos con la misma organización.

Pero cuando la gente percibe que sus managers tienen escasa credibilidad, es mucho más probable que consideren que otros miembros de la empresa:
-Producen sólo si se los vigila de cerca.
-Están motivados primariamente por el dinero.
-En público hablan bien de la empresa pero en privado no piensan lo mismo
-Consideran la posibilidad de buscar otro empleo si la organización comienza a tener problemas.

¿La credibilidad marca alguna diferencia? Si damos importancia a la lealtad y el compromiso evidente que sí. Los valores y misión de una empresa podemos construirlos en un fin de semana, o darlos a una excelente consultora para que los ajuste a nuestra línea estratégica. 

Hablar de valores, hasta evaluar por valores es sumamente interesante, y podríamos atrevernos a decir que es fácil, pero ¿realmente todos son capaces de aplicar ese bonito cuadro de pasillo en el día a día?

Lo primero que se nos viene  a la mente es que sí, pero no vayamos tan de prisa en nuestra respuesta y pensamiento, recordemos que la curva del olvido es más que una estudiada teoría, es la vida misma. Confiamos y creemos en nuestro referente, necesitamos de alguna manera que establezca una línea de coherencia en sus acciones y pensamientos. Se lo pedimos a nuestros padres, a nuestros hijos, a nuestros amigos/as, a nuestras parejas, y es lógico que lo pidamos a nuestros managers. Si hasta incluso nuestros propios clientes de alguna forma nos reclaman lo mismo en otro orden de cosas. La necesidad es la misma. El vacío a llenar es el mismo. Pero a veces nos empeñamos en destruir sin sentido o con sentido lo que desde lo básico buscamos y necesitamos.

Ser coherente es el valor más elegante y complejo que encontramos en nuestras decisiones pragmáticas. Tiene autenticidad ética y valentía emocional. Sin coherencia práctica entre los valores que aparecen en los cuadros de nuestras paredes y en nuestras webs  y nuestras  decisiones operativas generamos confusión y un fuerte sentimiento desmotivador y de desconfianza.

La coherencia desata la confianza y ésta conlleva a la credibilidad, clave para ser los profesionales influyentes que soñamos ser. Esa influencia es la capacidad de resonar para encontrar el eco. Cuando confiamos en lo que hacemos porque es auténtico y además tiene la capacidad de generar confianza, provoca un efecto doblemente eficaz, el eco es nítido. 

Somos capaces de conectar con la esencia más básica de las personas, somos capaces de llegar a sus emociones, a sus miedos, a sus fragilidades. Si somos coherentes y creíbles, podremos establecer vínculos duraderos y productivos, con un potencial único. Aunque siempre tengamos la responsabilidad de cuidarlo, alimentarlo, y valorarlo, siendo conscientes que lo construido en años puede desaparecer en segundos: relaciones de amistad, sentimentales, de trabajo o de clientes.


Nadie dijo que era fácil. Ni tampoco nos enseñan cómo hacer o no hacer. La curva del olvido puede invertirse, o evitarse. Si somos capaces de recordar y sentir, por ejemplo,  esa mano de nuestra madre o nuestro padre en nuestros primeros remolinos de dudas y revoluciones del miedo natal,  y aplicar esa experiencia a nuestros momentos claves con sentido común, mucho afecto y valentía, entonces estamos a un click de lograrlo.


DIEGO LARREA
Twitter: 
@larreadiego