viernes, 29 de agosto de 2014

Tenemos trabajo: “Crear sentido”

Un líder puede hacer más “consciente” a su equipo o a su organización, es decir, cómo llevar al colectivo a elegir lo que realmente es más importante, en vez de sucumbir a la tentación y hacer lo urgente, que en la inconsciencia parece importante. Ese líder del que todos escribimos y leemos debe preguntarse cómo inspirar a sus seguidores, no cómo mandarlos. Hay muchos jefes mandones, pero muy pocos líderes inspiradores. La diferencia entre un líder y un jefe es la capacidad de “crear sentido”, un sentido trascendente que aliente a la gente a dar lo mejor de sí, y a alinearse en la persecución de un objetivo común. Esto es difícil porque crear sentido no es un trabajo del mismo nivel que resolver un problema en nuestro día a día o tomar una decisión o dar una orden. Crear sentido es un trabajo muchísimo más delicado y para ello hay que estar preparado. Laignorancia inspiracional” es la gran materia pendiente en el management moderno frente a los nuevos desafíos de las sociedades actuales.

La capacidad fundamental de la conciencia humana es trascender e integrar al conjunto de los sentidos. Los diversos sentidos (gusto, tacto, oído…) nos dan una experiencia inmediata sobre el mundo que nos rodea. Pero esta inmediatez no alcanza a dar –valga la redundancia- sentido a nuestra existencia. La diferencia principal entre los seres humanos y los otros organismos, es que sólo el humano puede “despegarse” del presente continuo, y vivir con una experiencia de temporalidad. Los otros animales viven en un eterno “ahora”, mientras que para nosotros existe un antes, un ahora y un después.

Vivimos en un mundo significante. Las cosas no solo “son” sino que también “significan” para el ser humano. Sin un sentido en la vida nuestra existencia se reduce a la supervivencia animal.  Si somos capaces de tomarnos el tiempo en explicarle a nuestros hijos el por qué de las cosas, es porque entendemos que el ser humano necesita ese espacio de reflexión, de darle un sentido, de darle un motivo, y no son porque si. Nadie nos enseña a ser padres ni hacer ese ejercicio. Nos sale natural, muchas veces con dificultades  pero lo hacemos por amor y por convicción. Pero no debemos olvidar que, por más que el ser humano vaya madurando con los años, ese ejercicio es un acto muchas veces necesario con aquellos que dependen de nosotros, por ejemplo en nuestro trabajo.

A mi modo de ver, el noble desafío de un líder es ayudar a la gente a dar sentido a sus vidas. Nos suene muy grandilocuente o no. Pero para mí es “casi” su máxima responsabilidad. Y esto si lo quieres ver desde un punto de vista económico, hará como siempre decimos en este Blog, que las personas den lo mejor de sí y logren resultados sobre la media. Los líderes excepcionales son capaces de crear coherencia, comunicar esa coherencia y desde ahí invitar a quienes los siguen a sumarse en la co-creación de esa coherencia. Eso es lo que pasa en las buenas organizaciones.

El liderazgo genera un sentido colectivo de misión, valores, principios, formas de ser, y formas de comportarse. Así se construye una sociedad con propósitos y valores comunes, una comunidad. El valor del líder no está dado por el trabajo que hace él directamente, sino que por su capacidad de multiplicar la efectividad del trabajo de todos aquellos que lo siguen.

Lo bonito de esto es que estamos todos de acuerdo en su mayoría. Cuando leemos los grandes libros o artículos o escuchamos grandes oradores reflexionar sobre estos temas y decimos: ¡Que bueno esto!. Pero si ese momento de consciencia cognitiva no lo hacemos realidad con práctica y voluntad capaces de romper con la inercia diaria, todo queda reducido a una buena idea que poco a poco desaparecerá y quedará apuntado en nuestra agenda de frases importantes y buenos propósitos.

Para mí ese aprendizaje es cognitivo, emocional, físico y hasta fisiológico. Podríamos decir también que el reto es desaprender comportamientos ya arraigados para articular nuevos comportamientos en el futuro. ¡Esa es de alguna manera la “trampa”!

Podemos entender de qué se trata el golf, pero para jugar golf hacen falta años de práctica según cuenta mi amigo Andrés Alonso, más allá que puedas leer muchos libros sobre golf, si no lo incorporas al cuerpo, el aprendizaje no será tal. La buena noticia es que el management y el liderazgo no son más difíciles que el golf. La mala noticia es que no son más fáciles. La mayoría de las personas buscan aprender management o liderazgo como si fueran una serie de conceptos mentales, en vez de tomarlo como un espacio de prácticas corporales y de hábitos diarios y a la vez como un disparador de buenos resultados.

Como siempre podemos vivir en el mundo que elijamos, que al fin de cuentas son las ventanas que queramos abrir y aquellas ventanas que elijamos cerrar. Pero debemos ser conscientes (y por ende responsables) que, por ejemplo, con las palabras describimos un mundo objetivo, pero también creamos el mundo que describimos. La pregunta es si la conversación o interacción que tenemos con el otro solo quedará allí o si logra una apertura hacia una posibilidad para generar algo diferente. Estas son las pequeñas interacciones que un buen líder debe contemplar en su camino de creación del sentido.

Porque ser el líder no es un rol o el resultado de una lista de características. Según mi humilde entender, el liderazgo es un fenómeno social, es una capacidad que todos tenemos, aunque con diferente grado de desarrollo, de imaginar, de crear realidad. La idea es como managers devolverle a la gente esa capacidad esencial que tenemos para crear sueños y cumplir una visión.

Lo que yo me pregunto es quién es el líder antes de que la historia haga de esa persona un líder. Por ejemplo la idea de una India libre, Gandhi la instaló cuando esa realidad era imposible. Sin embargo, él vivió esa visión como posibilidad. Más tarde, algunos empezaron a creer en esa visión y, mucho después, todos se convencieron de ese sueño. El verdadero liderazgo de mercado está en comprometerse con una posibilidad antes de que haya pruebas fehacientes de que eso es posible. Si quieres tener cambio, tienes que ser la visión para el cambio. Y atención: no estoy diciendo hacer el cambio, digo ser el cambio.

Tenemos trabajo: crear sentido vale la pena.
DIEGO LARREA
Twitter: 
@larreadiego