viernes, 10 de octubre de 2014

Cuidado! Se cae nuestro muro (De estructuras y de cambios)

Llega un momento en nuestra vida donde intentamos sujetarnos bien fuerte de aquellas estructuras que nosotros mismos hemos construido, nuestros propios muros, estructuras basadas en nuestra experiencia, en nuestros anhelos, nuestros miedos, nuestra formación, nuestros éxitos y fracasos, nuestras incertidumbres, nuestra genética y nuestra propia historia. Estructuras que nos fuimos convenciendo diariamente, que son infranqueables, que no hay nada ni nadie que pueda destruirlas.  Pero un día llega esa noticia, llega esa sorpresa, ese replanteo o básicamente ese golpe en medio de la cara que nos tumba hacia atrás sin entender absolutamente nada, creyendo que todo pertenece a un sueño, que eso no está sucediendo, y la máquina de la estructura comienza a desvanecerse delante nuestra con cara burlesca y nos abandona sentados en el suelo sin saber nosotros como reaccionar mirando como el muro cayó.

Estas mismas estructuras que comentamos no solo pertenecen al ámbito personal sino que dentro de las mismas organizaciones podemos vivir de primera mano ese tipo de muros sostenidos en años de trabajo, experiencia, management, incluso valores y estilos de gestión. Suelen ser muros altísimos, donde cada integrante ha sumado su ladrillo, y fue construyendo consciente o inconscientemente un “fuerte sin puertas”. Cuando nos encerramos descubrimos cosas maravillosas sobre nuestras posibilidades y gestionamos en base a nuestras fortalezas pero muy rara vez lo hacemos trabajando nuestras debilidades, porque el muro nos protege, nos “cuida”, nos da seguridad, nos equilibra y nos tranquiliza, pero si no sabemos gestionarlo nos aletarga con su incienso hasta quedarnos dormidos e inmóviles.

Y como en nuestra propia vida, un día puede llega el tsunami, inesperado y arrebatador, que no pregunta absolutamente nada y destruye las puertas del fuerte y arrasa con todo lo que encuentra en su camino, dejando una situación desoladora que muchas veces es más difícil, costosa y larga de reconstruir que si nos hubiésemos replanteado la posibilidad de mirar más allá.

Ninguno de nosotros/as queremos trabajar sobre nuestros miedos, nos da miedo. Paradójico pero cierto. Somos un bebé dentro de los miles de años de civilización y tenemos las experiencias que tenemos dentro de nuestro ADN, pero nuestro ego nos lleva a ocultar nuestras falencias, y hacernos fuertes sin serlo. El reconocer nuestras áreas de debilidad no siempre es gratificante y escuchar consejos, leer libros o publicaciones, o hacer cursos no siempre es lo que más nos motiva. Tenemos una gran indefensión frente a estos miedos y las paredes del muro suelen ser muy altas.

Las empresas también tienen miedos, miedos añadidos a su historia, a sus sistemas de organización, a su propio management, etc.  El miedo al cambio implica un desafío, si primeramente lo detectamos y lo reconocemos. A partir de allí podemos trabajar muchísimos caminos pero siempre comprendiendo los motivos y aceptándolos no por imposición sino por convencimiento. Las empresas que logran ver los tsunamis con antelación normalmente tienen una capacidad de reacción que les permite tomar las decisiones en tiempo y forma para poder enfrentarlos. Hoy un claro ejemplo es la digitalización, el mundo online y las nuevas tecnologías junto a la interacción de los clientes, entre clientes y los trabajadores, y entre los propios trabajadores. Un tipo de tsunami que llegó para hacer cambiar todas nuestras creencias, nuestros formatos, nuestras estrategias, cuestionarnos nuestras convicciones, ponernos quizás frente al mayor desafío que podamos ver a lo largo de nuestra vida.

No podemos dudar, no podemos esperar ni un minuto, la tormenta está allí delante de nosotros, y está dispuesta a llevarse todo lo que vea a su alcance, y la mala noticia de esto es que no solo se llevará lo obsoleto, lo que no funcione, sino que también podrá llevarse muchos de los éxitos que hemos tenido.

Esta misma lectura también podemos hacerla a nivel personal. ¿Qué hacemos para ver con la suficiente antelación las tormentas que pueden llegar a venir y que dentro de nuestro muro no somos capaces de anticipar? Aquellas viejas estructuras que hasta hoy guiaban nuestro propio orden, hoy podrían ser las armas mortales de aquello que hemos construido durante tantos años.

La humildad como capacidad de cuestionarnos a nosotros mismos, incluso como un ejercicio de maduración y desarrollo, de mirarnos al espejo y ser capaces de ver nuestras arrugas, de saber reconocer lo que auténticamente somos hoy, no ayer ni mañana, sino hoy. Y después de estar convencidos de ello poder dar el gran salto que en el fondo nosotros mismos, en algún rincón, estamos anhelando. Sujetar con firmeza ese martillo y dar fuertemente en la pared de nuestras estructuras, y ver como el muro se va abriendo, el polvo va subiendo, pero la luz de fuera va entrando e iluminando nuestro oscuro fuerte.


Y sabemos que la historia no acaba aquí, porque quizás comience el momento más difícil pero más enriquecedor, ya que cuando uno se “desnuda” en sus propios miedos la vulnerabilidad se apodera de nuestra piel y solo la valentía, la convicción de superación, el anhelo por el crecimiento y el deseo por aprender y vivir nuevos desafíos hará que nuestras estructuras se vistan de autenticidad, de fortaleza, de mejora continua, y por ende nos inunden de felicidad, que de manera natural contagiemos a compañeros, amigos, parejas, hijos y/o clientes.

¡Cuidado! ¡Tenemos una oportunidad! ¡Se cae nuestro muro y nuestra zona de confort!

Nota: Quiero agradecer la inspiración de este post a mis tres grandes amigos/hermanos que un 6 de Octubre de 2014 han sabido enseñarme como todo es posible y que todos los muros y las estructuras pueden caer. Gracias Gabriel Bernhaut. Adriano Parola y Mariano Trungadi.
DIEGO LARREA
Twitter: 
@larreadiego