viernes, 30 de enero de 2015

La bicicleta sin ruedas

En un mundo tan zapping, tan click, tan “Enter”, tan “G”, tan wifi, tan de mercados, de bonos, tan de ayustes, de encuestas, de márgenes, de intereses, de “presuntamente”, de reformas, de RO positivos o negativos, de quiebras, fusiones, de autónomos o innovadores, de mundos laborales desequilibrados, perdemos (consciente o inconscientemente) muchas veces la perspectiva de quienes están o estamos detrás de esto: las personas, que somos o deberíamos ser el por qué, el qué y el cómo de todo. Así de sencillo, básico y obvio. Pero pareciera muchas veces que el reiterarlo lo suficiente y en voz alta no es motivo de cambio de rumbo o tendencia.

Dentro de esta carrera de fondo deberíamos, bajo mi punto de vista, tener la competencia, habilidad o talento de detectar tanto a nivel profesional o personal a aquellas personas que subidas a la bicicleta del esfuerzo, del trabajo, de la ilusión, de la superación, del dejarse hasta el último aliento, y haberlo intentado todo, siguen pedaleando pero sin ruedas, sintiendo la sensación que nunca llegan, que los carteles de kilómetros de la carretera de las oportunidades aumentan la distancia en vez de acercarlas,  y que todo lo realizado no tiene ningún valor porque los resultados no aparecen y las culpabilidades nos devoran como El aquelarre de Goya.

Es allí donde las teorías se agotan, donde las palabras sobran, donde los libros best seller solo sirven de apoya cabezas agotadas, donde las palmadas de consuelo ya no se sienten, donde ni siquiera brotan las ganas de compartir lo que me sucede por miedo a aburrir con la misma “película” de siempre, donde no queremos mostrarnos vulnerables en el mundo de los superhéroes porque dejar ver nuestro agotamiento y tristeza es incompatibles con la “sociedad estándar happy” como veíamos en el post anterior.

He escuchado alguna vez (y agradezco que solo fuese alguna vez) dentro del mundo empresarial  determinadas reflexiones sobre la evolución del ser humano y sus dificultades dentro de sus realidades diarias, como: “nosotros no somos una Fundación, esto es una empresa donde se viene a trabajar y punto”. Por suerte el siglo XXI está inundando de profesionales dispuestos a demostrar y a hacer vivir el mundo de los negocios con un prisma moderno y no del mesozoico, donde la persona es la piedra filosofal de cualquier iniciativa sea por quien la realiza (trabajador) o por quien la recibe (cliente), donde los verdaderos valores se viven actuando con sentido común, siendo auténticos tal y como somos en nuestro día a día, con estilo de proximidad y una responsabilidad social creíble con nuestro entorno más cercano porque no hace falta montar grandes proyectos fuera cuando aún quedan responsabilidades internas por descubrir en casa.

Las cuestiones que podemos dominar, demostrar, probar y cambiar rápidamente son las que nos atraen porque siempre son “agradecidas”, y allí no dudamos en estar presentes, pero las circunstancia que requieren de animar sin caer en la estupidez, de escuchar sin desconectar, ni mover la cabeza de arriba hacia abajo y de abajo hacia arriba pronunciando un especie de afirmación indescifrable que hace que ni abramos nuestra boca con el “mmjúm”, o que consolamos con el:  ”y yo más” o “eso que te pasa yo ya lo viví”, son aquellas que menos dominamos, las que más nos incomodan, las menos valoradas y por desgracia las más necesarias.

En este caso que hoy abordamos, las casualidades y las causalidades se estrechan la mano pero no para ayudarnos a subir, sino para no dejarnos pasar, para que nuestra bicicleta sin ruedas siga siempre en el mismo lugar por más que hagamos los que hagamos. Las teorías de las oportunidades y del saber estar en el lugar y en el momento correcto son altamente efectivas pero dejan de tener valor inmediatamente cuando las cruzamos con circunstancias imprevistas que nos dan bofetadas tsunámicas en pleno rostro mientras seguimos pedaleando solo por inercia.


Alguna vez hemos comentado el síndrome de Sísifo, donde la roca pesada al subir la montaña se desplomaba en la cima y retrocedía hasta abajo, y en un interminable y frustrante ir y venir el fundador y rey de Corinto repetía como castigo esta acción una y otra vez. En nuestro caso no es un castigo, pero se vive como tal, con todas sus sensaciones. Y aquí nadie pone en duda que la roca sube y sube día tras día a su cima, o que nuestra bicicleta intenta avanzar, pero la roca cae, y las ruedas no existen.

La vida no es magia aunque ame la magia y ame la vida, y las cosas no suceden ni sucederán bajo su influencia, y ni la roca se quedará en la cima o pasará del otro lado, ni las ruedas aparecerán solas. Como decimos en la calle “nadie nos regala nada” y “nadie hará las cosas por nosotros”, son muy pocos los “afortunados o desafortunados” que tienen la contención permanente de su núcleo cercano para todos los actos que realizan y a veces lo tienen tan asumido que tampoco lo valoran.

No permitamos que sea tarde y que todo nuestro convencimiento, tesón, ilusión quede sumido en nada. Recojamos un segundo de ellos tan solo para replantearnos una manera diferente de hacer las cosas, porque si algo no funciona como queríamos hasta ahora, por más vueltas que le demos o por más esfuerzo que estemos realizando quizás sea el momento (si las circunstancias nos lo permiten) de bajarnos de la bicicleta, darnos cuenta que las ruedas no están, subir esa bici a nuestros hombros y caminando muy lentamente acercarnos al punto más próximo, sentarnos unos minutos y pensar. Que las ganas de pedalear no desaparecerán, nuestro espíritu de superación no desfallecerá,  y que somos los únicos capaces de cambiar las cosas con la humildad de entender que será hasta el límite que la vida nos deje. Y si no somos los que estamos allí sentados pensando en el cambio, pero estamos personal o profesionalmente cerca de esa persona, que tengamos la valentía de sentarnos con él o ella a su lado, porque nunca sabremos cuando en nuestro incesante y seguro pedaleo nuestra bicicleta puede quedarse sin ruedas. Y como decía Baltasar Gracián: "Una habilidad mediana, con esfuerzo, llega más lejos en cualquier arte que un talento sin él."

DIEGO LARREA
Twitter: 
@larreadiego