viernes, 17 de abril de 2015

Excusas (El simple acto de ser uno mismo)

Hay una patética reflexión del olvidable Joseph Goebbels, ministro de Información y Propaganda de Hitler que decía: “Hay que hacer creer al pueblo que el hambre, la sed, la escasez y las enfermedades son culpa de nuestros opositores y hacer que nuestros simpatizantes se lo repitan en todo momento. Una mentira repetida mil veces termina creyéndose como verdad". Entonces, yo me pregunto:¿y si nosotros nos estamos aplicando esta absurda estrategia para olvidar realmente lo que amamos, lo que deseamos, lo que anhelamos, en definitiva lo que realmente somos, refugiándonos en nuestras propias excusas, estructuras mentales, sociales o familiares, auto convenciéndonos día tras día que ese es el camino? Al fin de cuentas, una mentira repetida mil veces dentro de nosotros terminará por persuadirnos.

Y esos persuadidos vivirán en la mentira eternamente y otros en su infelicidad constante, mientras que otros, con valentía, harán frente a las imposibilidades propias y ajenas, y desde las circunstancias más difíciles serán capaces de demostrase a sí mismos y a los demás que “todo es posible, a pesar de todo”. Valientes, capaces de lograr lo que en este mundo hoy escasea: la coherencia entre lo que sienten, dicen, construyen y hacen realidad. Es que todos podemos cambiar nuestros hábitos de conducta, e incluso los mentales, que nos llevan a refugiarnos y sobreprotegernos con excusas, impidiendo que tomemos oportunidades que se presentan en nuestras vidas.

Aunque parezca sorprendente, gran parte de las acciones que realizamos son automatismos inconscientes y no decisiones reflexivas. Por eso convierten los comportamientos en rutinas, que tratan,supuestamente,de ahorrarnos tiempo y energía. El problema se genera cuando esa costumbre nos aleja o priva de lo que realmente queremos. Eso es precisamente lo que ocurre con los subterfugios. Y es allí que nuestro “espejito-espejito” será incapaz de respondernos la  gran verdad, porque no vivimos en un cuento de hadas, por más que día a día, nos guste escuchar siempre el mismo pretexto para abandonar lo que nuestro gen natural nos demanda.

Seguramente los pretextos están más cerca del engaño que del argumento, porque suenan más a justificación subjetiva que a razón objetiva. El ser humano es experto en crearlos. Nos escuchamos muchas veces a nosotros decir: “No están dadas las condiciones. Es difícil o imposible. Es arriesgado. Algún día. Creará problemas. No me lo merezco. No me lo puedo permitir. Nadie me entenderá. Nadie me ayudará. No soy lo suficientemente inteligente. No sé cómo hacerlo. Soy demasiado mayor. Soy demasiado joven. Qué pensarán de mí. No tengo la energía necesaria. No tengo tiempo. Lo haré cuando me retire. Ahora no es el momento. Esperaré una oportunidad…”

“El verdadero enemigo del éxito no es el fracaso, como muchos piensan, sino el conformismo y la mediocridad”, dijo Camilo Cruz. Cuando alguien se crea excusas, lo más seguro es que no actuará. Y si bien podrá evitar la temida experiencia de un fracaso, también evitará, lo que es peor, la experiencia de aprendizaje.

Mucha gente piensa que el éxito es producto de la buena suerte o de un enorme talento pero muchas personas de éxito alcanzan sus mayores logros de una manera más sencilla: a través de la autodisciplina y perseverancia, y la inexistencia de pretextos. No importa de qué área de la vida se hable: relaciones, carácter, salud, éxito personal, condición física, negocios, gestión del tiempo, amistad y familia, liderazgo, consecución de objetivos, ventas, finanzas, solución de problemas… la autodisciplina y perseverancia siempre serán la clave para conseguir lo que una persona se propone. Importa más la voluntad que la formación o la inteligencia. Cuando una persona desarrolla su  nivel de su autodisciplina y perseverancia, se convierte casi en imparable. No vamos a negar que esto es un trabajo duro, que a todos nos cuesta, por un motivo o por otro, pero que aporta un resultado directamente proporcional al esfuerzo realizado.

La autodisciplina también aplica en trabajar aquellos espacios vacíos que dejamos interiormente, que nos llevan a flaquear en la toma de decisiones, y en la fuerza de voluntad para realmente decir o hacer lo que amamos, deseamos o anhelamos. Hacer las cosas en “nombre de” y no en nombre de “nosotros mismos” es una de las mayores trampas que nos podemos hacer. No confundamos egoísmo con torpeza: “Lo hice por ellos pero ahora estoy vacío/a”. Todo lo que necesita una excusa para disolverse es una pregunta certera, pero ¿estamos preparados para la respuesta?.

No permitamos que llegue ese instante vanidoso y cruel, que nos atormenta y culpabiliza por los eternos “hubiera”. Ese instante que nuestras excusas, miedos, torpezas y egoísmos nos decían que nunca llegaría y un día llegó, en el momento menos oportuno y en el lugar menos indicado. Tenemos en nuestras manos la solución, porque todos tenemos esa pequeña llave, original, que abre todas las puertas, con un simple acto: es la llave de ser uno mismo, a pesar de todo.


DIEGO LARREA