viernes, 12 de junio de 2015

Profesión vs Vocación (La pelea del siglo)

Mientras leía grandes documentos sobre el aprendizaje, la vocación, las decisiones y la profesión me trasladé de manera inquieta hacia aquellos momentos donde jugábamos a ser quien nos gustaba ser. Esos momentos de niñez, adolescencia o juventud donde no existían frenos, fronteras, límites, prejuicios, cuestionamientos en nuestra imaginación y donde las emociones eran guía de nuestra infante ilusión. Utilizábamos el peine de mamá para cantar o algún cepillo largo como guitarra frente al espejo empañado de un baño, que escuchaba la puerta golpear hasta la saciedad por nuestros padres, tal vez una crónica anunciada de lo que sería el siguiente golpe en nuestra puerta bajo la advertencia de la Señora Responsabilidad.

Este escrito no intenta ser, al menos en esta oportunidad, un razonamiento lógico sobre la profesión y la vocación, sino trabajar un área más interna nuestra, sujeta a grandes cambios en la extraordinaria y desafiante carrera de nuestra vida. Me he preguntado muchas veces por qué, en un alto porcentaje, las personas no se sienten realizadas en su trabajo, no son felices, no sienten pasión por lo que hacen, independientemente que el lugar donde trabajan sea un buen lugar para hacerlo. Ya son muchas las empresas que se esfuerzan por desarrollar y aplicar nuevas políticas de engagement (compromiso con la Organización), pero estos esfuerzos terminan siendo temporales, tal vez porque trabajar y profundizar en “la cara B”, de cada uno de sus integrantes, pase a ser una misión más bien relacionada con profesionales de la terapia, que de la dinámica organizacional.

El porcentaje de frustración profesional es alto, de hecho una gran proporción de gente que ocupa actualmente sus puestos, de pequeño o adolescente nunca imaginó o “soñó” que sería su trabajo actual.
Existen profesiones que están muy vinculadas al altruismo y la satisfacción personal de ayudar a otros. En este tipo de profesiones podemos observar que el porcentaje de satisfacción personal crece considerablemente, pudiendo decir que para este colectivo su vocación guarda directa relación o es coincidente con su profesión.

El resto de los mortales, miramos con una lupa gigante nuestro interior y nos reencontramos con ese gen único e irrepetible, que tuvo que mutar de manera incuestionable producto de la realidad, la necesidad, la supervivencia, y que intentamos sobrellevar de la mejor manera posible, aunque en distintas circunstancias de nuestras vidas, se nos revela y nos golpea sin compasión y de manera misteriosa, dándonos una bofetada frente al espejo. Evidentemente, también existen aquellos, que ni el espíritu de la vocación ni el de la profesión se ha hecho presente en sus vidas, y se mantienen en un permanente estado de resignación y comodidad.

La dicotomía entre lo que queríamos ser y lo que somos, es un planteo filosófico que nos acompaña desde siglos, pero en las últimas décadas se incrementa probablemente producto de los cambios de prioridades y conceptos de la sociedad en la que vivimos, que nos impulsa a tomar decisiones más por exigencia que por deseo.


Pero hay un costado, dentro de esta aparente frustración, que debemos rescatar y es el valor de reconversión, de adaptación, intentando ser el mejor sin esa llama, sin ese espíritu, sin ese vendaval interno que mueve nuestro velero a cursar los mares mas bravíos,  sin esa adrenalina matinal que nos impulsa a levantarnos con felicidad de nuestra cama para dar batalla a nuestro día a día. Y cuando somos capaces de recoger de esa “abandonada” vocación aquellas competencias que podrían hoy servirnos en nuestras nuevas circunstancias, siendo capaces de trasladarlas a nuestro “yo actual”, hacemos converger mágicamente esos dos caminos, hasta ayer opuestos.

Saber dejar al costado los “hubiera” es una decisión valiente, que nos ayudará a reencontrarnos con nosotros mismos, a asumir lo que hoy somos, a valorar lo que hemos transitado, a reconstruir nuestra esencia sin retazos, logrando ser un todo, y tal vez allí, en aquella imagen difusa del niñoadolescente que soñaba frente al espejo,se posicione nuestra actual imagen, logrando fusionarse e integrarse como un todo único, movilizando energía, intención y deseo de recuperar la felicidad y pasión por lo que hacemos


DIEGO LARREA
Twitter: @larreadiego