viernes, 15 de abril de 2016

La sombra del talento

No se hace oír más el que más grita, no se hace entender más el que más habla, no se hace respetar más el que más se impone, no se hace ver más el que más se muestra. Quienes reciben los mayores reconocimientos por sus talentos lo hacen precisamente porque no buscan reconocimiento alguno y tiene paciencia, pero su mayor virtud no siempre valorada es que trabajan en la sombra. Una sombra que muchas veces también suele jugarles una mala pasada y los relegan de las oportunidades, porque en este mundo de ruidos, emoticonos y memes sobresalen a veces los que más alzan la voz, los que más hacen ruido al andar o los que se esfuerzan por pertenecer al "Club de los Elegidos".

Hay que reconocerles sin embargo a estos últimos una "gran" habilidad (y lo de "gran" léase bien entre comillas) que es lo que llamamos comúnmente entre los mortales: "saber venderse muy bien". ¿En qué consiste? Están en el sitio indicado, sonríen en el momento oportuno, dicen sí con la cabeza mientras les hablan, jamás provocarán una corriente díscola a la que corresponde, hablan con quienes tienen que hablar y  procuran ser vistos por quienes tienen que verlos.

Pero más allá de esa búsqueda por la aceptación, los que caminan por la "sombra del talento" tienen muy claro que la humildad no es un concepto ni una postura, sino que es una conducta, un modo de ser, un modo de vida. La humildad es una de las virtudes más nobles del espíritu. Los seres que carecen de humildad, carecen de la base esencial para un seguro progreso. La humildad es signo de fortaleza. Ser humilde no significa ser débil y ser soberbio no significa ser fuerte, aunque muchas veces parezca lo contrario.

La humildad es el más sublime de todos los talentos admirables. Talento sin humildad no es talento. Y el talento sin generosidad desaparece como arena entre las manos. La humildad nos hace tolerantes, pacientes y comprensivos con el otro. Y es allí donde nuestro talento se engrandece, se dignifica, se hace real siendo casi imperceptible, influye, se convierte en perdurable a pesar de las dificultades, y es reflejo y ayuda para los demás. Los que viven su talento en silencio, lo destinan al beneficio y desarrollo del grupo y de la organización, dejando en segundo lugar su ego.
También la sencillez es una forma de humildad y la sencillez es una señal de la verdadera grandeza. Cada vez que nos encontramoscara a cara con nuestros equipos, parejas, compañeros de trabajo, con nuestros hijos ¿qué rol asumimos? ¿Por qué necesitamos a veces cambiar nuestra esencia dependiendo de quienes están enfrente? Y hablo del por qué cambiamos la esencia, no la estrategia.


En la competencia vertiginosa no vale todo. Y las reglas del juego no la ponen los demás, las ponemos nosotros desde cada rincón que nos toque actuar. Como responsables de equipos, de familia, de grupos, tenemos que ser capaces de detectar aquello que otros no detectan, tenemos la gran responsabilidad de liderar la buena captación del talento en su naturaleza primaria. Y para ello debemos estar alejados de prejuicios, de preconceptos, de medidas de afinidad al uso, y poder abrir las puertas de las oportunidades a aquellos que también desde la oscuridad, desde su peor imagen marketiniana, desde los vacíos donde ha sido recluido, han sabido esperar con auténtica paciencia el momento de compartir la sombra de su talento y han estado más cerca de la realidad y de las necesidades que muchos de los que hasta hoy han “etiquetado”.

Si quieres que te sigan, ponte delante; si quieres que te valoren ponte a su lado. Pero si quieres que nunca te olviden, camina detrás.

DIEGO LARREA
Twitter: @larreadiego