viernes, 28 de octubre de 2016

Los Matatalentos

Con absoluto asombro escuchaba esta semana un informe sobre la elevada cantidad de jefes tóxicos que existen en España, más del 40%. Personas con responsabilidad organizacional que, en lugar de aportar emociones positivas generan ira, miedo, y a veces hasta incluso asco o vergüenza. Sentimientos todos ellos que influyen muy negativamente en el clima laboral y en la productividad. Pero todo no es mirar hacia arriba, también nos encontramos con empleados llamados “tóxicos” que, si bien muchas veces son personas talentosas y productivas, exhiben comportamientos dañinos para la organización y que lamentablemente no son fáciles de detectar. Éstos incluso pueden arrastrar a un equipo a un precipicio de desmoralización e improductividad, haciéndolos pensar en huir de la empresa rápidamente.

De acuerdo a un trabajo reciente realizado por la Escuela de Negocios de Harvard, el impacto de este tipo de trabajador tóxico, sea manager o empleado, tiene un mayor efecto económico sobre el negocio que las superestrellas que todos buscan. En definitiva: “es el doble de valioso evitar a alguien tóxico en una organización que atraer al mejor de los candidatos”.


El verdadero líder, detrás de su capacidad y humildad, siempre tiene que ejercer un rol modélico sabiendo reconocer comportamientos tóxicos propios y ajenos que afecten a su equipo y a la empresa. Debe tener la valentía de afrontarlos, sea quien sea y lo tome como lo tome. Un buen gestor de equipos no permite que determinadas sustancias nocivas afecten el ambiente laboral porque ésta también es una de las tantas misiones para lo cual fue contratado en su día. El sentido de la percepción y la anticipación a través del conocimiento es primordial. Tenemos excelentes casos de éxito de los cuales aprender y son cada vez más los expertos que apuestan por la conciliación de las emociones que destraban este tipo de conflictos tóxicos en el mundo empresarial.

Detrás de los Matatalentos está la irresponsabilidad de afectar de una manera directa nuestra cultura, nuestros valores, nuestra innovación y crecimiento como organización, porque el talento que no se aprecia se deprecia. Y no sólo eso, sino que sufre un efecto de contagio interno capaz de ramificarse de una manera peligrosamente silenciosa hasta el último de los empleados. “Si esto ha pasado con él/ ella ¿por qué no puede sucederme a mí?”: frase que quizá alguno de nosotros ha escuchado en un café informal, que expresa la consumación de la evidencia.

Somos el promedio de las personas con la que nos rodeamos, y tenemos una gran responsabilidad en esa toma de decisiones. Porque todos somos pequeños grandes gestores de “lo nuestro”. Pero en un ambiente laboral donde no todos pueden escoger con quien trabajar, allí la intervención directa y profesional de un manager será clave para el buen desarrollo y evitar este tipo de dolorosas situaciones. Otro caso que podría darse y bastante más complejo es, cuando no hay nadie por encima del problema, somos nosotros los que tenemos que tener la capacidad, la proactividad y la inteligencia emocional para actuar a tiempo.

Los Matatalentos pueden ser jefes o compañeros, no importa el status empresarial que tengan. Los Matatalentos no entienden que la humanidad avanza por la destrucción creativa. Por eso, debemos ser los más “provocadores” en nuestros puestos de trabajo o desde donde nos toque tomar decisiones y hacer que las cosas sean funcionen y sean posibles. Porque los Matatalentos no comprenden de rupturas, ni de creatividad ni de innovación. Están más ocupados en el posicionamiento de su rol dentro de la “tribu”, de pertenecer al “Club de los Elegidos”, y de como decía Serrat: del me han dicho que dicen que dijo”, que verdaderamente hasta dónde puede llegar esa “tribu” a dar resultados. Resultados únicos en un ambiente donde los valores sean innegociables y no moldeables según nos convenga la circunstancia.

El talento surge de la creatividad y la creatividad de las personas “provocadoras”. No dejemos espacio para los Matatalentos.  Aprendamos de ese 60% de managers que día a día nos enseñan que una nueva forma de colaborar, trabajar y comunicarse es posible. Juntemos todo ese deseo colectivo de “inteligencia triunfante” que nos rodea. Y seamos capaces, entre todos los que apostamos por las personas, de generar el ambiente propicio que brinde las condiciones adecuadas y equitativas para que cada uno de nosotros podamos convertirnos en REVIVETALENTOS de lo propio y de lo ajeno.



DIEGO LARREA 
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