viernes, 18 de noviembre de 2016

Las expectativas (Esperas que desesperan)

La escucha de la expectativa es una de las grandes claves de las relaciones humanas y comerciales del siglo XXI. El escenario del mundo de los negocios, por ejemplo, es el fiel reflejo de la sociedad en la que se desenvuelve y por tanto es imprescindible conocer y comprender de primera mano las expectativas, tanto de los que integran la empresa desde dentro (sus trabajadores) como los que forman parte de ella desde fuera (sus clientes). Lo mismo sucede entre las personas.

El simple detalle del ser, del estar o del formar parte, genera directamente o indirectamente una expectativa, tanto en el plano personal como profesional. Que ella se produzca es un buen síntoma porque esa sensación que asoma en el interior del que la tiene evidencia interés y acción. También demuestra una sana ambición por ser miembro de un proyecto, por sentirse equipo y grupo, por vivir un espíritu de unidad, de colaboración, integración, valoración, desarrollo, etc.

Uno de los coches más difíciles de conducir es la gestión de las expectativas propias y ajenas. Una sola marcha mal puesta, una distracción al volante, un giro inadecuado, una velocidad inapropiada provocará automáticamente un choque de carácter mortal y muy difícil de gestionar en la “Unidad de Emergencias de las Disculpas”.

Las expectativas son creencias profundas que las personas tenemos sobre las posibilidades, sobre el potencial que otros seres humanos o nosotros mismos poseemos. Cuando creemos que existe algo de un valor extraordinario, emerge de forma natural el deseo ardiente de hacerlo surgir.

Vivimos esperando con curiosidad y tensión un acontecimiento que para nosotros es más o menos importante. Mantenemos la posibilidad de que ocurra, a la espera de que suceda, con la convicción de que pasará, porque en realidad no vivimos las expectativas como una posibilidad, sino como algo a lo que tuviéramos derecho, algo que ya hemos visto, que ya hemos mirado (exspectātum) y que a lo sumo sólo está por llegar.

De ahí la importancia de la buena gestión de las expectativas, tanto del que las tiene, del que las produce o del que tiene las llaves para que se concreten o no. Pero cuidado, no confundamos expectativas con compromisos o expectativas con exigencias. La buena comunicación, la empatía, y el verdadero conocimiento del otro harán que estemos al menos muy cerca de comprender el porqué de esos anhelos. Tratando de conectar de una manera transparente, en un marco de buena confianza, y estando siempre a la altura para brindar con humildad el acompañamiento necesario.

Trabajadores, clientes, parejas, amigos, todos necesitan manifestar o compartir de alguna manera sus expectativas. Por lo tanto, todos jugamos un rol muy importante a la hora de dar la contención necesaria para que el agua de las expectativas nunca desborde el río. Y, además, porque esas expectativas también pueden ser nuestras.

Mis expectativas son la expresión de lo que yo deseo, lo que forma parte de mí y debo ser consciente de ellas, no darlas por sentadas y mucho menos por descontadas. Darles presencia, darles palabra, y sobre todo darles acción, huyendo de la exigencia. El cómo experimentamos las cosas depende en buena medida de lo que esperamos de ellas. Nuestras expectativas influyen en cómo percibimos la realidad. Por eso son tan valiosos nuestros pensamientos, porque determinan la manera en que nos enfrentamos a lo que nos rodea. Y es muy valioso rodearnos de personas claras, que nos aporten luz y excelente sensibilidad para sacar de nosotros lo mejor.

Podemos dar respuestas o acompañar las expectativas de nuestros equipos, de nuestros clientes, parejas, amigos e hijos, de una manera cercana, buscando el buen momento, llenos de escucha, con inteligencia situacional y emocional para no generar esperas que desesperen. El buen conocimiento del otro siempre será un éxito independientemente del camino a seguir.

Y tan importante es cuidar las expectativas que como dijo Xavier Velasco: “sufre uno por aquello que espera, más que por lo que quiere. Aceptamos que los deseos puedan ser imposibles, pero jamás las expectativas, que son como las deudas del destino”.


DIEGO LARREA 
Twitter: @larreadiego