viernes, 20 de octubre de 2017

Ahora, el momento exacto

El deseo por cambiar es sólo el comienzo. Cambiar es arriesgar, es tomar decisiones, es crecer, es evolucionar, en definitiva...es vivir.

Cuando miramos hacia atrás, observando fotos, vídeos o simplemente navegando con el pensamiento, reflexionamos sobre todo lo que hemos vivido y cuánto hemos cambiado. Pero en el fondo, después de ordenar esas fotos, vídeos e ideas en su lugar, nos damos cuenta que en realidad el tiempo ha pasado pero nosotros, por alguna extraña razón, nos sentimos igual. Y no hablo de inmadurez ni de Peter Pan. Sentimos el peso de los años, por supuesto, pero hay algo dentro de nosotros que nos transporta a ese niño/a que trepaba a los árboles, a ese adolescente que con su mochila y sus amigos cruzaba las montañas, a ese beso, a esa charla con el abuelo, al primer fracaso, a aquel temblor en el cuerpo de felicidad, a aquella despedida o a ese ansiado reencuentro. Y en ese reencuentro creemos haber aprendido la forma de vivir la vida, hasta que la vida cambia una vez más.

Porque todo ello forma parte de nosotros, de nuestra historia, cultura, y nos hace ser en definitiva quienes somos en un constante movimiento. Pero más allá del tiempo y del recuerdo, la evolución no se detiene y las cosas no cambian porque sí. A pesar de ese fuerte y entrañable puente con nuestro pasado, hay un “momento exacto” en el que por necesidad, preparación, astucia, negligencia o casualidad el cambio se presenta ante nosotros. Nos mira a la cara, nos desafía, no pregunta y se cuela en nuestra realidad. Y según como nos encuentre, así reaccionaremos.

Lo mismo sucede con las empresas, cada una con sus puentes hacia sus recuerdos, historia, cultura y experiencias. Y también tienen ese “momento exacto” en el que por una buena planificación, o falta de previsión, astucia, errores o azar, se enfrentan a cambios, y según como las encuentre, así sobrevivirán, crecerán o desaparecerán.

Las compañías están abocadas a demostrar un beneficio constantemente a corto plazo y ello muchas veces limita la habilidad para transformar o innovar. La ecuación evidentemente no es fácil para los que tienen que tomar decisiones y crear espacios de mejora, haciendo que las cosas que funcionaban sigan funcionando cada vez mejor y que las cosas que no funcionan, comiencen a funcionar. Pero con tener voluntad de cambio, empapelar nuestras paredes o llenar nuestras redes sociales con bonitas palabras vanguardistas no sirve para asegurar el progreso y la diferenciación. El cliente siempre está un paso por delante, y solamente su paladar determinará si realmente estamos o no a la altura. Por lo tanto, transformar a tiempo nuestra cultura, redefinir la forma de hacer las cosas sin perder nuestra identidad y valores pero con la audacia necesaria, es la clave para dar el primer gran paso y no esperar a hacerlo cuando “sufrir” sea más difícil que cambiar.

Las empresas están llenas de ideas. Los seres humanos tenemos un gran abanico de ingenio, inventiva e imaginación para hacer las cosas de manera diferente y replantearnos las cosas. Y son muchas las personas capaces de trabajar hacia la excelencia poniendo un esfuerzo adicional para lograr un resultado colectivo exitoso. Sólo hay una condición: contar con el apoyo de un buen manager facilitador cuya principal misión sea que las cosas sucedan. Capaz de darles el margen de maniobra suficiente y la confianza para permitirles tomar sus propias decisiones y probar nuevas soluciones o nuevas ideas. En definitiva, un estilo de liderazgo acorde a los nuevos desafíos y no un espejo del pasado que repita por temor viejos paradigmas. Y que esté firmemente convencido que reforzando y promoviendo la innovación, el talento y la colaboración asegura la consecución de una estrategia de transformación ganadora.

Decía Heráclito que no hay nada permanente, excepto el cambio. Por ello, que ese instante en el que observando fotos, vídeos o simplemente navegando con el pensamiento nos transporta hasta nuestros momentos más importantes, nos haga entender que “ahora es el momento exacto”, porque nunca hay un momento oportuno.





viernes, 13 de octubre de 2017

Cuando el otro soy yo - Vídeo 15 - Canal Youtube RH&CC

La necesidad del otro es una virtud no una dependencia. Todo lo que hacemos en nuestra vida tiene un eslabón social, estemos donde estemos, hagamos lo que hagamos. En la interacción se produce la energía, la complementariedad, en definitiva el crecimiento y la evolución. El grupo es más fuerte que el gen individual. El bien del grupo también cuenta en la evolución, porque el mejor resultado que podemos obtener es producto de que todos en el grupo hagan lo mejor para sí mismos y por ende para el grupo.

Te invito a ver mi nuevo vídeo de Recursos Humanos & Cultura Colaborativa: CUANDO EL OTRO SOY YO. Muchas gracias al Real Jardín Botánico Juan Carlos I.




DIEGO LARREA BUCCHI 
Twitter: @larreadiego 

viernes, 6 de octubre de 2017

Los hermanos Presupongo y Prejuicio

No se sabe a ciencia cierta si existieron o no, pero se comenta que los hermanos Presupongo y Prejuicio vivieron casi toda su vida enfrentados y no digo enfrentados por algo en particular. Sino que literalmente no podían despegar su mirada el uno del otro, observándose durante el día y la noche, impulsados por una extraña mezcla de inseguridades, desconocimientos y temores. Eran un reflejo permanente. Los días y años pasaban y estos hermanos nunca se hablaban, solamente se miraban. Fueron envejeciendo frente a frente en una vida casi absurda de silencios, recelos y suspicacias que los llevó a tener por primera vez una acción refleja conjunta y compartida: su propia muerte natural.


Los hermanos Presupongo y Prejuicio jamás imaginaron que en su absurda tozudez y elección de vida compartían algo más que el significado de sus nombres: tenían en plena actividad las  "neuronas espejo". Éstas solamente se activan cuando el mismo acto que realiza una de las personas lo efectúa la otra que lo está observando en el mismo estado emocional.  Pero Presupongo y Prejuicio se mimetizaron de tal manera que no han sido capaces de descubrirlo, siendo prisioneros en su propia cárcel.

Sin embargo, a pesar de su abúlica vida, su legado se esparció por todas las comarcas vecinas, cruzando ciudades, océanos y montañas durante siglos, hasta llegar a nuestros días.

Hoy los “presupongo” y los “prejuicios” son una de las tantas actividades mentales inconscientes que distorsionan la percepción, el verdadero conocimiento, la comunicación y el entendimiento. Pero en este drenaje de desencuentros también hemos aprendido que esas “neuronas espejo”, que en su día estos hermanos no supieron descubrir, hoy son uno de los mayores motores de la empatía, la alteridad y la otredad.

En un mundo que se renueva a pasos agigantados, a veces con vendas en los ojos y con manos en las orejas, la mayor transformación que podemos regalarle a nuestros hijos y su futuro no sólo es trabajar en su conocimiento personal y profesional sino en que puedan tener también la capacidad de descubrir el mundo del “otro”. Los idiomas, la robótica, la física, la ingeniería, la informática, la medicina y otras tantas herramientas de presente y futuro ya las pueden tener en sus manos. Pero la empatía, la alteridad y la otredad necesitan de nuestro tiempo, espacio, esfuerzo e implicación para hacerlo vivir en primera persona siendo nosotros mismos ejemplo en nuestro día a día con parejas, amigos o con nuestro equipo de trabajo. Una sociedad que es incapaz de conocerse nunca tendrá la capacidad de entenderse.

La gran oportunidad del aprendizaje y la evolución está en descubrir los beneficios de ver al “otro” no desde una perspectiva propia, sino teniendo en cuenta sus creencias, vivencias y conocimientos.  Ya lo decía Mahatma Gandhi cuando afirmaba que “las tres cuartas partes de las miserias y malos entendidos en el mundo terminarían si las personas se pusieran en los zapatos de sus adversarios y entendieran su punto de vista”

A veces el miedo a los demás nos hace intolerantes y poco permeables, sin entender que esa reacción puede ser fruto de nuestras propias inseguridades. Abrir y compartir de par en par nuestra duda es abrir cien puertas de oportunidades. Escuchar y conocer al “otro” no es un sinónimo de debilidad, todo lo contrario. Es llegar a un nivel de simbiosis que nos permita reconvertir el “yo” en un “nosotros”, sin perder cada quien su identidad personal y única.

Podemos pasar días y noches en familia, amigos, en el trabajo, en proyectos, compartiendo muchos años juntos y sin embargo que “ese puente” siga sin estar bien construido y por sus huecos caigan en forma de discusiones y desencuentros miles de situaciones que agotan y nos llevan a escenarios poco felices.

Las neuronas espejo son las que nos ponen en el lugar de los demás, pero somos nosotros los que debemos aprender a mirar y conocer al “otro”. No como los hermanos Presupongo y Prejuicio, sino con una visión que proporcione el mejor vínculo afectivo, humilde y perceptivo para comprendernos y tener la capacidad de evolucionar juntos.  

Pensémoslo con simples ejemplos concretos: equipos comprometidos y participativos, clientes satisfechos y fieles, parejas y amigos sólidos en las buenas y en las malas, políticos y ciudadanos con anhelos e intereses comunes. ¿Cómo se logra? Entendiendo que la fuerza más exitosa que tienen nuestras decisiones, objetivos, proyectos y todo lo que emprendamos es la presencia del “otro” como pieza fundamental de nuestro engranaje. Descubrirlo, asumirlo y trabajarlo va por cuenta de cada uno.

viernes, 29 de septiembre de 2017

El fluir de la influencia

Convivimos con la influencia desde nuestro primer instante de vida hasta hoy. Desde los primeros besos y caricias de nuestros padres hasta la gran cantidad de impactos emocionales que recibimos diariamente por distintas vías. La influencia no es sólo un término que hemos descubierto milagrosamente estos últimos años de la mano de los llamados “Influencers”. Sino que podemos decir que es la habilidad de provocar un efecto, una consecuencia o un cambio que altera para bien o mal a personas, grupos, empresas, etc.

Las personas que logran positivamente llegar a generarnos esa sensación de movilización interna tienen un extraordinario talento emocional que los motiva a actuar así.  Todos y cada uno de nosotros tenemos esa capacidad de hacerlo. Y cuando les preguntas “¿por qué lo has hecho?” ellos te responden: “porque estoy seguro que tú harías lo mismo por mí”. Éste es el mejor ejemplo de confianza y colaboración que podemos ver representado ante nuestros ojos.

Muchas veces la dificultad para comprender y darle el valor que se merecen los conceptos de confianza y colaboración es que son emociones, no instrucciones. No puedo decirle a alguien que confíe en mí sólo por el hecho de que se lo estoy pidiendo. No puedo decirles a dos personas o a un equipo que colaboren y creer que simplemente lo harán. No es así como funciona. No es un decálogo, no es un plan de trabajo, ni es un esquema de objetivos a cumplir. Son sentimientos.

Desde la época del Homo Sapiens hemos evolucionado a través de los siglos intentando huir de los peligros que diariamente nos azotaban y que pretendían reducir nuestra expectativa de vida. Esto nos llevó a transformarnos en “animales sociales”, conviviendo y trabajando juntos en pos de objetivos comunes. De esa convivencia y ese trabajo común surge el “círculo de la seguridad”, un espacio o un lugar sensorial que provoca un efecto, una consecuencia y un cambio en nosotros, en definitiva una influencia que nos brinda cobijo, fortaleza, decisión y certidumbre.

Al sentirnos seguros, la reacción natural es confianza y colaboración. Puedo “cerrar los ojos” y tener el convencimiento que alguien de ese círculo velará por mí. Si no confiamos en el otro, si el grado de influencia se traslada al vértice negativo, significa que no hay “garantías ante el peligro”.

Hoy el mundo tiene una “invasión” de influencias que, al igual que en la antigüedad, nos hacen dudar. Porque sentimos que intentan frustrar algún aspecto de nuestra vida o reducir nuestras oportunidades de éxitos. La competencia, la economía, los mercados, las carreras profesionales, los salarios, las hipotecas o el futuro de nuestros hijos. Y desde otro rincón la falta de generosidad, de valores, de escucha y de humildad nos tratan de sacar de la carrera y nos ponen literalmente contra las cuerdas. Influencias que trabajan diariamente para intentar frenar nuestro crecimiento, que nos hacen abrazar al miedo, al estrés, al descontento y a la frustración, sin poder tomar el control de la situación.

Pero es en la confianza y colaboración con esas personas que logran positivamente nuestra movilización interna donde renace la buena influencia. Donde volvemos a sentirnos protegidos por el “círculo de la seguridad”. Y no es una debilidad sino el reconocimiento de la complementariedad, “porque estoy seguro que tú harías lo mismo por mí”. Y en ese fluir de influencias es donde podemos sentirnos más plenos, más nosotros mismos y llenos de fortaleza, decisión y certidumbre.

Porque como decía Oscar Wilde, “influir sobre una persona es transmitirle nuestra propia alma”. Y no hay nada más maravilloso que compartir nuestros proyectos con personas apasionadas, cuyos verdaderos sentimientos influyan en nuestro aprendizaje, crecimiento y felicidad para ser cada día mejor persona y mejor profesional.




viernes, 22 de septiembre de 2017

Viva el fracaso - Vídeo 14 - Canal Youtube RH&CC

Son mis decisiones no mis circunstancias las que me llevan a un camino o a otro. Y es, en la buena reflexión de mis tomas de decisiones, donde puedo reconvertir un error en un acierto. Lo importante es aceptarlo, comprenderlo y aprovechar la oportunidad de la experiencia para mejorar, sin evadir nuestra responsabilidad.

Porque el verdadero éxito está en asumir el fracaso como punto de partida. Y todos debiéramos entender que los errores son la ventana a la innovación, al cambio y al aprendizaje. Y digo todos porque estamos en un ciclo donde queremos innovar, nos gusta hablar de innovación, pero seguimos gestionando el futuro inmediato con visión del pasado. No nos hagamos trampas al Solitario. No hay innovación sin error, sin preparación, sin aprendizaje y sin cambios de patrones mentales y culturales.

El error que lleva detrás consigo un esfuerzo, un trabajo, una dedicación no debe medirse de la misma manera que el error displicente y abúlico. Allí tanto madres, padres, managers o directivos debemos identificar, reaccionar a tiempo y acompañar para crear el marco adecuado según cada circunstancia.

Tenemos que ser capaces de crear el ambiente pertinente tanto para la experimentación como para la gestión de la frustración. La humildad es uno de los valores más importante a contagiar en tiempos de transformaciones y cambios. Porque no aprender nada del fracaso, eso sí que es fracasar.

Te invito a ver mi nuevo vídeo de Recursos Humanos & Cultura Colaborativa: VIVA EL FRACASOMuchas gracias a la Universidad de Alcalá de Henares.




DIEGO LARREA BUCCHI 
Twitter: @larreadiego 

viernes, 15 de septiembre de 2017

Recalculando: El GPS del Cambio

La emoción y la creatividad serán dos pilares fundamentales en la transformación de esta nueva Era.

Todos, desde el lugar que nos toca, estamos embelesados y de alguna manera sorprendidos con el cambio que hemos experimentado en nuestra vida privada o profesional en pocos años. Jugamos y nos reímos de las cosas que hacíamos y cómo la hacíamos tiempo atrás como si se tratasen de siglos. Incluso contarles a nuestros hijos la manera de resolver algunas situaciones nos hacen sentir algo extraños.

Porque la evolución no se detiene y a pasos de gigante se presenta frente a nuestro café por la mañana sin preguntarnos nuestro nombre pero pidiéndonos nuestros credenciales. Todo continúa y la transformación nos regala excelentes soluciones que hasta ayer eran imposibles o un inconveniente. A cada instante vamos descubriendo y aprendiendo verdaderos atajos a las necesidades que se nos presentan diariamente.  A pesar de las grandes desigualdades sociales que hacen lamentablemente injusto este pensamiento, vamos perfeccionando nuestra actividad profesional, social, organizativa e incluso familiar. Y en esa optimización van cayendo a un lado del camino nuestros antiguos esquemas, formas y pensamientos.

Tanto es así que en el pasado la vida estaba diseñada específicamente para cada persona y ésta debía seguir los patrones establecidos para tomar decisiones en su vida. Hoy, las personas intentan romper los modelos y las estructuras y cada uno es el creador de su propio molde para determinar sus decisiones y forma de vida.


Pero ¿dónde podemos descubrir que aún continuamos con los mismos patrones culturales que nos enseñó la experiencia anterior? Por ejemplo, varios estudios de grandes universidades internacionales apuntan a que las áreas técnicas de nuestras profesiones o servicios serán de alguna manera reemplazadas o bien sistematizadas. Ya existen medios eficientes y productivos para comunicarse sin barreras en varios idiomas. Existen programas cada día más asequibles y amigables en su uso para optimizar las labores administrativas y organizativas. Y, sin embargo, seguimos buscando las funcionalidades por sobre las competencias o la tareas por sobre el talento creativo o la visión estratégica.


Nuestra sociedad pide a gritos gente que emocione por encima de los ruidosos propagandistas de lo inmediato. Gente que contagie su pasión por su oficio, por su capacidad de análisis, por su credibilidad, su idoneidad para distinguir entre lo importante, urgente y prescindible. Y por sobre todo que tenga el talento de comprender que no hay títulos, ni jerarquías ni riquezas que estén por encima de la capacidad de descubrir lo aparentemente invisible y actuar conscientemente invisible.


Es por ello que si seguimos haciendo lo que estábamos haciendo hasta ahora, conseguiremos lo mismo que ayer pero en un escenario totalmente diferente, con necesidades diferentes, herramientas diferentes y por ende más cerca del error que del acierto.


Nadie sube a hacer snowboard con indumentaria de running o nadie emprende una misión espacial con bañador y chanclas. Cada misión nos pide que llevemos lo más adecuado para obtener el mejor resultado. Si continuamos girando en la rueda del hámster probablemente caigamos agotados por cansancio y frustración.


Esta transformación es una excelente oportunidad de innovación, no es una moda, no es un like, no es un mero compartir, no es apropiarse de discurso repetido porque todos hablan de lo mismo pero no sabemos por qué hablamos.  Es el cambio hacia la emoción y el talento creativo, hacia la visión 360º, alejando la fiebre paranoica de la digitalización y de la sectorización.
En la Era del Instante, la sensación de inmediatez magnífica la posibilidad de perderlo todo. Pero la carrera ha comenzado y tenemos todo por ganar dejándonos seducir por la capacidad de integración, trabajando en global, como verdaderas redes inteligentes y no como huérfanos aspirantes del éxito.


Hoy somos empresa, padres, clientes, hijos, amigos, todo al mismo tiempo. Todo es correlativo, todo tiene un factor común. Recalculemos, estamos a tiempo. Que esta Transformación reubique lo importante, urgente y prescindible. Y que el GPS del Cambio nos guíe para que juntos nos emocionemos del auténtico poder de la observación y de la empatía, porque en el conocimiento del otro encontraremos las verdaderas respuestas que tanto estábamos buscando.

DIEGO LARREA BUCCHI 
Twitter: @larreadiego 

viernes, 8 de septiembre de 2017

El instante decisivo

En un segundo la Tierra recorre 29,8 kilómetros en su órbita alrededor del sol, nacen 4,3 personas y mueren 1,8, se cortan 11 árboles en el Amazonas, se realizan 54.000 búsquedas en Google, se escriben 7.000 tweets, se envían 2.383.625 de emails, Amazon vende por 2.361 dólares, uno de los ordenadores más potentes del mundo puede realizar 33.860 billones de cálculos, en Facebook se realizan 52.083 publicaciones y se envían 312.500 mensajes de Whatsapp.

En este mundo tan vertiginoso, la capacidad de entender y valorar el “instante decisivo” es una de las condiciones indispensables para gestionar de la mejor manera posible nuestra vida personal y profesional. Aquellos momentos que no esperan, que no piden permiso y que no cuestionan, sólo llegan y se marchan en un segundo. Que se transformen en pasado o en oportunidades dependen exclusivamente de nosotros.



Porque carecemos de toda influencia sobre ese pasado, del que no podemos cambiar nada. Cualquier “hubiera" o “debería haber hecho esto o aquello” cae al precipicio de nuestras intenciones. Solo hay dos actos que podamos plantear con respecto a nuestro pasado: aceptarlo y aprender. Y por otro lado, tampoco somos capaces de dominar nuestro futuro: independientemente de las buenas previsiones, planes, objetivos y promesas que hagamos.

Por lo tanto, el instante de esa llamada, de esa palabra, de ese silencio, de esa sonrisa, de esa espera, de esa pregunta o de esa respuesta, es la llave que cierra o abre caminos, posibilidades, proyectos y relaciones. Desde siempre los expertos en marketing nos aconsejan “estar en el lugar y en el momento indicado”. Pues bien, aquí es igual. Y no solamente es un “ser y estar”, sino es dar el paso, actuar, movernos, asumir riesgos, buscar la ocasión o coyuntura para que las cosas sucedan con la paciencia y la habilidad indicada. El «segundo que lo cambia todo» no pide permiso. No lo pidas tú para cambiar las cosas. 


El espíritu de la generosidad tiene mucho que decir dentro del “instante decisivo” porque todo aquello que yo haga por el otro y modifique su vida en un segundo provocará un efecto rebote. Si fuésemos capaces de introducir esta acción de colaboración en nuestra gestión del día a día con nuestras parejas, familiares, amigos, clientes, colaboradores o equipo, veríamos de manera muy concreta como los resultados dejan de ser un anhelo para convertirse en una profunda herramienta de cambios, productividad, valores y rendimiento.

Todo esto evidentemente no se aprende en una formación, ni con un programa ni aplicación, ni con una excelente charla motivadora. Esto se asimila en el día a día con la ejemplaridad, con la humildad, haciendo vivir y viviendo en primera persona los valores, la inteligencia emocional y  la escucha permanente. Porque el otro está más cerca de lo que imaginamos y las oportunidades se encuentran en la buena gestión de esos “instantes decisivos” que nos regala cada día.

Nada se ha gestado solamente con buenas intenciones, con frases que permanentemente chocan en nuestra cabeza hasta convencernos que mañana es mejor que hoy. Abramos las ventanas de nuestro propio éxito y dejemos que ventile y se marche lo que callamos, lo que no hacemos, lo que dejamos pasar y aquello que no vemos o que no queremos ver. 
Dejemos que entren los instantes de aire fresco, que peguen directamente en nuestra cara. Y con esa pasión renovada, miremos a nuestro entorno más inmediato y seamos capaces de contemplar los detalles, porque seguramente donde y cuando menos lo esperemos alguien o algo nos estará esperando con los brazos abiertos.

Descubramos nuestro propio “instante decisivo”, porque como decía el escritor de la antigua Roma, Publilio Siro: “la oportunidad se presenta tarde y se marcha pronto”. Y la vida, amigos míos, es un búmeran que regresa vacío si no hemos hecho nada, o lleno si en “ese segundo” hemos grabado nuestro nombre.


DIEGO LARREA BUCCHI 


viernes, 1 de septiembre de 2017

La Generosidad como ruptura del Cambio - Vídeo 13 - Canal Youtube RH&CC

Hoy trabajamos el verdadero sentido de la transformación digital, cultural y humana que mejor encaja en nuestro modelo de Organización, pero no debemos perder de vista uno de los grandes soportes claves de este gran proceso: la generosidad.

Podemos diseñar el mejor plan de comunicación, la mejor base de colaboración, junto al sistema informático más ameno y productivo del mercado. Pero entre todos debemos lograr que la generosidad sea la principal herramienta a la hora de interactuar, demostrando que es uno de los valores fundamentales, tanto en nuestra vida profesional como en la personal.

Y estos valores son tan etéreos como los queramos utilizar y colgar, pero tan pragmáticos como decidamos ejercitarlos en primera persona.

La generosidad es un estilo de vida, es una forma de ser, de trabajar, de hacer comercio, de relacionarse, de interpretar los detalles básicos de lo realmente importante. La generosidad no mide, no espera, no especula, no tiene discursos, es pura acción y su impacto rebota.

Pero sobre todas las cosas, la generosidad es riqueza y esa riqueza está en lo colectivo. Y la inteligencia en la humildad para reconocerlo.

Te invito a ver mi nuevo vídeo de Recursos Humanos & Cultura Colaborativa: LA GENEROSIDAD COMO RUPTURA DEL CAMBIO - Muchas gracias a la Universidad de Alcalá de Henares.

Sonido Aula


viernes, 14 de julio de 2017

El freno (El liderazgo Inseguro)

Estamos viviendo una transformación y cambio en todos los aspectos relacionados con nuestra vida y también en el ámbito del trabajo que junto al estilo de management y liderazgo no son una excepción. Existen una gran mayoría de profesionales que hoy ocupan un puesto de responsabilidad y tienen equipos a su cargo dentro de una organización que trabaja bajo los nuevos parámetros relacionales y de comunicación que la nueva sociedad demanda. Sin embargo, como en todo proceso, aún queda mucho por hacer.

Los hábitos y los viejos patrones y conductas no son simples de erradicar. Y más, en ámbitos donde el éxito ha acompañado durante años, donde las culturas están tan arraigadas que parecen a simple vista impenetrables. Incluso, donde los que toman las verdaderas decisiones están “más allá del bien y del mal” aunque el tsunami del cambio golpee sus puertas.

Cuando una persona se encuentra estancada profesionalmente, teniendo delante una manager o un equipo de dirección donde su estilo es más cercano al siglo XIX, los pensamientos y deseos por abandonar ese proyecto comienzan a ser una constante en su día a día.

¿Y qué aspectos pueden hacernos sentir incómodos y desencantados? Por ejemplo, la falta de valoración, el sentirse marginado del “grupo de los elegidos”, no compartir la manera de vivir los valores de la empresa o el cómo los vive el propio jefe. Que haya una cierta incompatibilidad entre ambos por desconocimiento, la falta de escucha sincera y que el manager sienta una permanente amenaza personal por la evolución y el desarrollo de su colaborador.

El miedo, producto de la inseguridad camuflada en distintos tipos de personalidades, es una de las características comunes en este tipo de perfiles de mando. Como comentaríamos coloquialmente en privado: están más a la expectativa de ser “puenteados” en las decisiones, o de si alguien quiere “robarles su puesto” (en argentino diríamos: “serrucharles el piso”) que de ser verdaderos líderes, referentes, coherentes e inspiracionales.

Dice una famosa reflexión que: “la gente no renuncia a las empresas, renuncia a los malos jefes”. Pues es allí donde la Dirección de la compañía debe asumir un rol protagónico y ejemplar, alejándose de la jerarquía meramente institucional e interviniendo de manera directa y ejemplificadora. Porque la pérdida del talento, de la experiencia, de la formación, del conocimiento de la cultura, deben encender las alarmas internas sobre todo en un mercado tan competitivo y fluctuante como en el que nos encontramos.

Como empresa no podemos permitirnos que la falta de sincronía entre un manager tóxico y su colaborador provoque un cortocircuito y una pérdida de capital humano. Esta es una lección que debemos aprender todos los que intentamos plasmar excelentes e imparciales programas de Evaluación de Desempeño, bien para Headhunters, Recruiter, o Selectores de Personal porque “no todo siempre es lo que parece” en el final de una experiencia profesional.

Una de las grandes misiones del nuevo liderazgo institucional es el convencimiento real que las personas son lo más importante en una organización. Venciendo así a la vieja cultura que aún está convencida que esta forma de gestionar es de «colorines y celofán». En este nuevo modelo, es el jefe quien tiene un deber ético con su equipo directo. Trabajar en ambientes donde el amiguismo, la condescendencia, el sectarismo, la falta de humildad y de aceptación o el desprecio por la discrepancia son moneda corriente, implica un verdadero agujero dentro de la verdadera transformación y cambio que una Empresa quiera realizar.

Aceptar este tipo de situaciones, escuchar solamente una de las partes, hacernos partícipes del murmullo y percepciones ajenas, no tener una clara posición al respecto más allá de lo que opinen los demás, no colaborar desde nuestro lugar para intentar solucionarlo, hacer oídos sordos ya que “esto no va conmigo”,  hacen que de alguna manera seamos corresponsables como miembro de una institución de lo que en ella se está viviendo.

Porque, ¿de qué servirá trabajar en Valores o en grandes Misiones y Objetivos si dentro de nuestra propia casa no podemos ser creíbles?. La imagen de marca empleador es una riqueza incalculable. Y cada manager tiene una responsabilidad única. Hoy no sólo se es marca sino experiencia, y más que marca debe dejar huella. Por lo tanto nuestra credibilidad hoy traspasa paredes y llega a la familia del empleado, a sus amigos y a sus círculos inmediatos desarrollándose poco a poco el verdadero mensaje no escrito que vamos a transmitir a la sociedad, en definitiva a nuestros clientes.

Hay muchas maneras de afectar la productividad, el compromiso de un equipo de trabajo y la reputación de las empresas. Pero tener entre nuestras filas los frenos que impidan el verdadero desarrollo de la innovación, de la competitividad y de la cultura, es un verdadero problema. Y aún más, cuando son unos convencidos que el deseo de evolucionar de una persona es simplemente un “afán desmedido de poder o ambición”.

Las organizaciones triunfan cuando sus profesionales se comportan con seguridad, autenticidad, humildad y audacia. Los auténticos líderes buscan equipos con integrantes mejores que ellos mismos y viven con orgullo el participar de su desarrollo y evolución. Su verdadera misión es hacer que las cosas sucedan, ejerciendo una influencia positiva. No se trata de una personalidad estridente, o de tener una buena comunicación o facilidad para hacer amigos, se trata de tener el talento para llevar el potencial ajeno a límites inimaginados en post de los mejores resultados.  

Si algún día sentimos como el freno inseguro entorpece nuestro andar, recordemos que no hay fracasos, sólo hay resultados. Y nuestro mejor resultado es el aprendizaje de haberlo vivido, por más doloroso y solitario que haya sido el camino. Mirar desde el fondo ayuda a dimensionar el camino hacia la salida y también a prevenir futuras caídas.  Como decía Jack Welch: “Si tus acciones inspiran a otros a soñar más, aprender más, hacer más y ser mejores, eres un líder”.



DIEGO LARREA BUCCHI 


viernes, 7 de julio de 2017

Transformación colaborativa multigeneracional (Trabajo del Siglo XXI)

Todos, de una u otra manera, estamos inmersos en debates muy enriquecedores sobre la transformación que se está llevando a cabo en nuestra sociedad, a mayor o menor escala según el ámbito y las circunstancias. Y todos somos grandes privilegiados por vivir en primera persona uno de los mayores cambios de la historia universal.


Así como este cambio se cuela en el día a día de las personas, también irrumpe directamente y sin pedir permiso en las organizaciones. Tanto en la relación cliente como en relación con sus colaboradores y replanteando su estrategia para competir de manera diferente en un mercado constantemente cambiante.


También provoca una profunda reflexión y replanteamiento de su comunicación, su imagen de marca, su estilo de liderazgo, de management, de perfiles, de desarrollo, de organización interna, etc. Por si esto fuera poco, la inminente generación a corto, medio y largo plazo de nuevos puestos de trabajo que hoy no existen. Y en paralelo la mutación o destrucción de otros puestos que hasta hoy tenían su relevancia, pero que la obsolescencia llama a su puerta.

Tenemos que tomar decisiones inminentes ante un escenario que no dominamos y desconocemos sus alcances reales . La automatización, los algoritmos personalizados de recomendación, el Big Data, el crecimiento de la robótica y otros elementos combinados, como puede ser la inteligencia artificial nos dan la bienvenida y sin preguntar ya están en plena acción.


Mientras el Foro de Davos estima que se eliminarán 7 millones de empleos en todo el mundo hasta 2020, la Unión Europea prevé que se generen 900.000 nuevos puestos de trabajo en economía digital en el mismo período. ¿Cuál de esas previsiones es correcta? Probablemente las dos lo sean.


Evidentemente hay y habrá una transición entre la vieja economía y la nueva en el mercado laboral. Tenemos que ser capaces de anticiparnos, cada uno desde su ámbito, para que la inclusión del talento multigeneracional sea uno de los grandes pilares y cambios en el nuevo ecosistema.


Estos últimos años hemos hecho perfectas descripciones acerca de quiénes eran y cómo actuaban cada una de las generaciones: la Baby Boomer, Generación MTV, Generación silenciosa, Generación X, Generación Y, Generación Z, etc. Nos conocemos, mejor o peor, y sabemos que todos existimos. Y ahora es el momento de la acción, del cambio, donde todos y cada uno debemos tener un rol importante, aportando desde nuestro punto de vista y experiencia.


Porque si la masa población mundial activa, o potencialmente activa, envejece a ritmos vertiginosos (según estudios de organismos internacionales) y dentro del proceso de innovación y transformación se crearán y destruirán esos puestos de trabajo que hablábamos ¿no será el momento de considerar a los mayores de 50 años una pieza clave en el nuevo modelo sociolaboral comercial?


Y por supuesto que debemos seguir invirtiendo en la formación universitaria, en facilitar la buena integración del nuevo talento multidisciplinar en la toma de decisiones reales de las empresas y en continuar reduciendo la brecha entre el mercado laboral y el educativo. Asimismo, en seguir apoyando los buenos planes para la natalidad, en pasar del discurso bonito a la realidad en conciliación laboral y familiar, y facilitar nuevas aportaciones de calidad al fondo de reserva jubilatorio. Todo ello sin olvidar que la balanza, en muy poco tiempo, estará del lado de las personas que hasta ayer pensábamos que estaban entrando en su último ciclo laboral. Y esta mayoritaria masa poblacional no sólo tendrá rol y perfil de trabajador, sino que serán los principales clientes a los que el mercado tendrá que seducir.


Esto tiene que ser una carta ganadora, tiene que ser una buena noticia dentro de las alarmantes cifras que tenemos sobre la mesa. Un gran colectivo que en sus próximos 15 años de vida profesional, aproximadamente, podrán aportarnos su experiencia, su visión y a la vez tendrán la gran oportunidad de aprender y reinventarse. Profesionales capaces de asumir sin temores la incertidumbre y la disrupción de los viejos modelos de negocio.



¿Quién dijo que esa generación solamente busca que el tiempo pase? Quince años para una vida profesional es mucho. Y si a eso le sumamos que sus grandes responsabilidades familiares ya están medianamente cumplidas, todo es un beneficio compartido.


Porque la transformación también llegó a su puerta y son muchos los que están muy ocupados en su reinvención, en evitar la zona de confort y gestionar su carrera de forma activa. Saben que no son nativos digitales, que están muy por detrás en el aprendizaje instintivo, y que deben invertir mucho tiempo y esfuerzo en el conocimiento y desarrollo de habilidades que les permitan adaptarse a nuevos desafíos, nuevos puestos y nuevas responsabilidades. Esto implica humildad, paciencia, escucha, romper patrones y hábitos adquiridos, etc. Y también saben que se habla un nuevo idioma, donde la patrones comunicacionales y relacionales en este escenario multigeneracional son fundamentales en la convivencia y en la generación de espacios comunes de trabajo y colaboración para llegar a buenos y nuevos resultados.


Y en esta transformación, fundamentalmente de las personas, hay muchas cosas que tenemos que cambiar. Sobre todo en nuestra manera de hacer las cosas porque estamos reorganizando el futuro inmediato, algo que desconocemos pero donde a la vez tenemos una enorme responsabilidad.


No podemos asumir los nuevos retos con libros y fórmulas de un pasado exitoso. Estoy seguro que Lennon y McCartney, en un “mágico y misterioso” reencuentro en algún lugar de Liverpool, jamás utilizarían sus triunfantes secretos inspiracionales de los sesenta y setenta para subir hoy al podio de la Lista Billboard.


Esta transformación colaborativa multigeneracional sólo puede y debe ser un éxito, pero debemos ser capaces de romper paradigmas, prejuicios e intentar entre todos tener visión y perspectiva de futuro.

¡Anticipémonos ya mismo! Seamos líderes audaces construyendo modelos creíbles, medibles, exitosos, adaptados e integradores. Y, basándonos en los valores, intentar aprovechar al máximo el actual desnivel de la balanza generacional para construir la mejor herencia que podamos dejarle a nuestros hijos y nietos.

DIEGO LARREA BUCCHI 
Twitter: @larreadiego