viernes, 23 de junio de 2017

Entre tú y yo: la comunicación

Estamos surfeando la ola de la comunicación incomunicada. Un espacio experimental y de aprendizaje en la evolución humana que tenemos el privilegio de vivir y participar. Somos la gran generación del cambio. Vivimos con gran entusiasmo esta mutación tecnológica de nuestras vidas y hasta límites interminables nos dejamos seducir por la arrasadora innovación sin entender a ciencia cierta los para qué.

Asimismo, compartimos el desafío de una sociedad donde la única certeza es la certeza de la incertidumbre. Y sin embargo, estamos convencidos que el arte de la buena comunicación sigue basándose únicamente en la transmisión de nuestro razonamiento o mensaje. Que son los demás los que deben realizar el esfuerzo por entendernos y adivinar nuestras intenciones y objetivos. Las palabras deben germinar de la escucha, nunca al revés, porque la necesidad de transmitir requiere la capacidad primaria de comprender. El “gran cambio” evolutivo de esta Era no es responsabilidad de las Organizaciones ni de la tecnología, el “gran cambio” está en nosotros.


No hay nada en este mundo que se interponga más entre dos personas que la comunicación. Un elemento clave y ancestral de entendimiento y evolución que hemos sabido desgranar, estudiar, teorizar, ejemplificar, etc y que paradójicamente continúa siendo la gran llave o el peor candado para el logro o fracaso de nuestros objetivos.

Me tomo el atrevimiento de reformular la famosa frase de Mahatma Gandhi diciendo que: somos “dueños” de nuestras palabras pero también de nuestros silencios. Y en cambio somos “esclavos” de nuestro absoluto convencimiento en creer que ambas forman parte del entendimiento.

No hay ninguna duda de que nuestro conocimiento comienza por la experiencia y la experiencia nace de las necesidades. Es en esta estrecha relación, donde se fundamenta la importancia del Otro como eje de nuestro mensaje. Pensémoslo fríamente y sin egos: sin el Otro nuestro mensaje no existe. La indiferencia, ausencia o contrariedad del Otro en nuestra comunicación la altera, la deroga, la invalida provocando tensión, confusión, disgusto, aumentando el desinterés, la ausencia y la contrariedad. Por lo tanto, ese mensaje debe partir desde la observación inteligente tejiendo lentamente un círculo de confianza,  salvo que no se trate de una comunicación sino de un dictamen, sentencia o veredicto.

La comunicación sin palabras probablemente mutaría pero sin escucha moriría. Las grandes verdades se refugian en los mayores silencios y la capacidad para entrar en ellos y descubrirlas se transforma en talento si somos capaces de anteponer nuestros intereses al interés común. El conocimiento muere en manos del mudo erudito porque la sabiduría que no se comparte, que no permite ser cuestionada, que no se integra, que no se debate, se escabulle entre los dedos como arena de absurda ignorancia.

La velocidad en la que vivimos día a día no nos permite muchas veces reencontrarnos en esos ambientes generadores de buena comunicación que necesitamos para el óptimo entendimiento. Y si a eso le sumamos el cansancio, la rutina y las obligaciones...por más buena voluntad que antepongamos, el caos y el ruido comunicacional arrasa todo como un casero tsunami.

Pero tenemos todo en nuestras manos para que la comunicación deje de ser un instrumento y pase a ser un estilo de vida. La simple pero compleja responsabilidad de crear ambientes de felicidad y también de comunicación y entendimiento depende única y exclusivamente de nosotros. Y para ello, la “transformación” o el “cambio” deben hacerse desde lo auténtico, desde la humildad y desde la empatía para hacer, cada uno desde su lugar y responsabilidad, que esta sociedad sea un escenario como alguna vez nos hemos atrevido a soñar.


La sorda inmediatez del “Mundo Whatsapp” no es un excusa. Abramos un espacio real que comience por nosotros, por nuestra casa, por nuestros hijos, pareja, amigos y continúe en nuestro trabajo con nuestros equipos, proveedores y clientes. Un espacio donde la mayor riqueza sea la capacidad de dialogar, de escuchar y la facultad de comprender. Donde el “no tengo tiempo” sea la peor inversión que podamos realizar. Donde ya no importa quién tiene la razón sino que la razón sea con quién. Y así, descubrir lo imperceptible. Porque lo que no se dice es lo importante y ese es nuestro gran desafío.


Abramos la puerta, todo es posible, porque, entre Tu y Yo está la Comunicación.

DIEGO LARREA BUCCHI 
Twitter: @larreadiego 

viernes, 16 de junio de 2017

La suma que multiplica

Detrás de las barbaries e injusticias que sacuden nuestras pantallas diariamente, hay personas que multiplican, que hacen que este mundo deje de ser una isla endogámica individualista para convertirse en un conjunto colaborativo, donde «el valor de las personas que nos hacen mejores personas» sea la piedra filosofal inquebrantable de toda sociedad civil, familiar o comercial.  

Desde la infancia y a lo largo de todos los procesos de formación, la imitación tiene un rol fundamental en la transmisión de conocimientos, emociones, hábitos, conductas, etc. En el niño y en el adolescente esta imitación se torna natural y en el adulto posee un papel destacado e influyente. Lo relevante de ese aprendizaje cognitivo social es que tiene como elemento fundamental y transversal, los valores. Y, por ende, la responsabilidad de la posterior adquisición de la conducta observada.


Somos el impacto que causamos en el otro. Por eso, tenemos la oportunidad en nuestras manos de generar una cadena mimética de bienestar a distintas escalas y sectores de nuestra vida. Hemos copiado de nuestros padres, ellos lo han hecho de los suyos y hoy somos espejo de nuestros hijos. Por lo tanto, la simple pero compleja responsabilidad de crear ambientes de felicidad depende única y exclusivamente de nosotrosIncluso, más allá de las circunstancias momentáneas que nos toque vivir, el cómo gestionemos nuestra realidad también podrá ser imitado.

Como sociedad, vamos experimentando un sentimiento de vacío e individualismo producto de la adaptación a las circunstancias que nos rodean y atemorizan. Eso lo transmitimos, día tras día, a nuestro entorno y de manera consciente o inconsciente. Entonces el círculo se agranda y cada día restamos para continuar dividiendo.

Tal vez sea la hora de imitar y poner en valor la suma que multiplica. Una suma que está en manos de personas que se encuentran probablemente muy cerca o lejos de nosotros, pero que viven y contagian valores sin necesidad de grandes discursos ni intereses particulares.

Son personas que nos hacen mejores personas. Personas de acero inolvidable. Y sí, existen, y probablemente no nos hayamos dado ni cuenta que los tenemos al lado. Porque hay personas que te cambian la vida en un instante. Personas que saben estar en el momento y el lugar indicado. Personas que sin saberlo han modificado el ritmo de tu respiración. Personas que con tres palabras han terminado de escribir tu eterna frase. Personas que con el buen silencio han sabido darte el refugio que estabas buscando.


Hay personas que ni siquiera conocemos que con un simple gesto te han hecho ver el día con otros ojos. Personas que saben entender que un mundo cotidiano anárquico y rutinario sólo lleva a la rueda del hámster. Personas con memoria. Personas para las que el detalle es el regalo más preciado. Personas para las que el olvido es un insulto. Persona que regalan coherencia con sus palabras y sus actos. Personas valientes. Personas que saben irse y llegar cuando es necesario. Personas que no regalan palmadas, ni risas histriónicas, ni gritos de guerra, tan sólo aquello que realmente necesitamos.  

No miremos hacia un lado. Ahora es un buen momento. Sumémonos a ese proceso de aprendizaje que busca el contagio de manera deliberada. Que el factor imitación comience por cada uno de nosotros. ¿O queremos seguir con gripe en un ambiente de griposos? Podemos reconstruir nuestra sociedad civil, familiar o comercial si entendemos que nuestro comportamiento hacia los demás es a menudo un reflejo de cómo nos tratamos a nosotros mismos.

En la suma que multiplica ya lo decía Aristóteles, "somos lo que somos repetidamente". Y será nuestro desafío elegir qué quiero repetir. La elección es creación y en cada momento puedo hacer uso de mi decisión. Por ello, comparto el deseo de que el hábito de aquellos que transforman nuestra vida nos impulse a imitar y contagiar buenos modelos que nos cambien la vida de verdad. Puede que lo que hagamos no traiga lo que anhelamos, pero, si no hacemos nada, nunca lo sabremos. 

¡A contagiar!
DIEGO LARREA BUCCHI 
Twitter: @larreadiego 




viernes, 9 de junio de 2017

La Inesperada Virtud de la Ignorancia - Vídeo 11 - Canal Youtube RH&CC

Detrás de cada vacío, aislamiento, marginación, humillación, desprecio, se esconde misteriosamente el inesperado valor de la ignorancia. Ese valor con aspecto de búmeran, que con su impulso causa efecto nos levanta, nos sacude y nos demuestra que aprender en la incertidumbre es uno de los mejores aprendizajes, duros pero perennes e inolvidables. Y que todos somos capaces de hacerlo. No importa qué, quién o quiénes hayan lanzado el búmeran, porque hoy somos los dueños de nuestras decisiones y futuro.

La estabilidad, el confort, la seguridad, nos recubren de una capa protectora, que nos hace olvidar que algún día hemos pasado por una situación así. Con mayor o menor dureza, todos nos sentimos “olvidados” en algún momento de nuestras vidas. Y seguramente lo que no recordamos es que ese “anónimo valor” que nos ha dado la mano para levantarnos ha sido el propio reflejo al sentirnos ignorados. El poder de la confianza es maravilloso cuando nos la regalan, pero aún más cuando nos la regalamos.

Desempolvo de vez en cuando la frase de mi abuela que decía: “El que ríe último, ríe mejor”. De pequeño la contextualizaba dentro del juego, ahora de mayor juego a contextualizarla.

Algunos levantan muros con sus carencias. Nosotros construyamos felicidad con nuestras competencias. ¡Hoy es el día!.

Hoy, te comparto mi 11º vídeo de Recursos Humanos & Cultura Colaborativa en mi Canal de Youtube RH&CC: "LA INESPERADA VIRTUD DE LA IGNORANCIA":


DIEGO LARREA BUCCHI 
Twitter: @larreadiego 

viernes, 2 de junio de 2017

Yo me llamo Actitud

Hay algo que nos pone a prueba en muchas situaciones de nuestra vida. Ya sean placenteras, dolorosas, motivadoras, complejas, nos inunden de éxtasis o nos sumerjan en el lodo. Algo que depende sólo de nosotros mismos, que muchas veces se confunde con un valor histriónico y que en realidad está basado en propias convicciones interiores. Ese algo se llama “Actitud”.

Ésta, trasciende nuestra realidad temporal, forma parte de nuestros genes y sólo es cuestión de ponerla en práctica porque va más allá de nuestro estado emocional o circunstancias. Lleva nuestro ADN, nos representa, es nuestra “marca” y nuestra manera de ser. Decía Lou Holtz que “la habilidad es lo que eres capaz de hacer, la motivación determina lo que harás y la actitud determina lo bien que lo harás”.

Porque la verdadera actitud es la que enfrenta a la incoherencia, la que es el fiel reflejo de nuestros valores y donde el discurso es coherente con los actos. La que sabe lucir sin encandilar, la que es humilde y la que hace pero sin hacer ruido. Es la integradora, la que rehuye de la soberbia, la que practica la escucha inteligente y tiene una ejemplaridad que no lastima pero deja huella.

La actitud se engrandece en la desdicha aunque nuestra mente anule en esas circunstancias este tipo de teorías . En esos momentos aprendemos a no esperar nada de nadie. A que el teléfono no suene mientras miramos durante horas su pantalla. A escuchar sólo en nuestra mente la palabra que necesitamos oír en boca del otro. A esconder nuestras lágrimas en silencio.

Y sin embargo, después de tantas vueltas sobre nosotros mismos, la actitud nos mira, nos sacude, nos levanta la cabeza, nos pone erguidos y nos abre la puerta. Nos hace entender y valorar lo que somos, lo que hemos hecho, lo que significamos  para nuestros seres queridos y nos muestra el camino. Y corremos con tantas ganas que sonreímos al entender que fuimos nosotros mismos los que lo hicimos posible.

Desmitifiquemos, no está mal experimentar tristeza, rabia o miedo. La vida nos enfrenta constantemente a complejas jugadas de ajedrez donde no siempre la Reina o el Rey juegan a nuestro favor y muchas veces el jaque mate nos sorprende infraganti. No se trata de evitar las emociones llamadas negativas y fomentar la escasa tolerancia a la frustración. Un problema no es siempre una oportunidad. A veces un problema es sólo eso, un problema. Pero la diferencia entre cómo salir o cómo permanecer en él, es la actitud.

Nunca encontramos tiempo para nada. Si estamos bien, porque la vida nos demanda. Si estamos mal, porque demandamos a la vida.  Sea por una u otra cara de la moneda el momento jamás es el indicado. Por eso, nuestra vida se va formando con las consecuencias de nuestra actitud. Lo que hacemos, con lo que nos pasa y cómo reaccionamos ante aquello que nos ocurre. Y todas y cada una de nuestras decisiones recaerán también en aquellos que forman parte de nuestra vida personal y profesional.

Que nada ni nadie nos arrebate nuestra forma de ser, nuestra esencia, nuestra fidelidad con nosotros mismos. Y tengamos muy en cuenta que a pesar de todo, somos los dueños de nuestro estado de ánimo y del cómo y cuándo decidimos e incidimos sobre él.

El destino, Dios o la vida nos pone la situación. Pero solamente nosotros elegimos cómo enfrentarla. No lo dudemos y gritemos bien fuerte: “Yo, me llamo Actitud”.


DIEGO LARREA BUCCHI 
Twitter: @larreadiego 


viernes, 26 de mayo de 2017

La APP del cambio (Ahora Pensemos en Personas)

Todos hablamos de transformación y de cambio pero, ¿nos hemos preguntado por y para qué queremos cambiar y transformarnos? Estando en el umbral de una de las mayores oportunidades de evolución de la historia ¿vamos a conformarnos con auto vendernos los mismos patrones de siempre o realmente vamos a dar el gran salto y poner a las personas como centro e importancia real de toda reflexión?

Los modelos de negocio cambian para las personas, las nuevas estrategias de atención al cliente también cambian para las personas y por supuesto la optimización de la comunicación y productividad cambia para las personas. Entonces, la transformación deja de tener solamente una bisagra digital para convertirse en un nuevo modelo humano de necesidad, convivencia, satisfacción, socialización, aprendizaje, evolución y trascendencia. Y detrás de este conjunto de demandas, la felicidad asoma como el primer y definitivo objetivo.

La clave está en trabajar un cambio donde el bienestar y la prosperidad sean el leitmotiv de todo nuestro proceso. Porque transformar sin cambiar es tan sólo maquillar. Y es que todo lo que hacemos está directamente relacionado con los demás, en primera, segunda o tercer instancia. Y si el cambio cultural comienza por facilitar al otro el camino hacia su felicidad personal o profesional, estaremos estableciendo las nuevas bases del entendimiento social y colaborativo del siglo XXI hacia adelante.

Tenemos tanto aprendido, tanto experimentado, sabemos lo que debemos y no hacer, que la gran decisión sólo espera nuestro consentimiento de acción. Tan importante como hacer, es saber qué se hace. Estamos hablando con tantos eslóganes y con tanta velocidad sobre algunos temas, que ni siquiera estamos seguros si son los que realmente necesitamos para dar el paso que sí precisamos. Los cambios nos pasan tan deprisa por las narices que no tenemos tiempo para procesarlos. Y cuando estamos dando el primer paso, la carrera parece haber terminado. Esa es la sensación que muchos tienen en esta “irreverente” transformación que nos atrapa. Y no se trata de una cuestión de herramientas informáticas.

Si continuamos haciendo exactamente lo mismo de ayer, obtendremos los mismos resultados y en un mundo frenéticamente mutante, éso no son buenas noticias. El “¿para qué cambiar si así estoy bien?” es un peligroso juego de equilibrio al borde del precipicio. Por ello, durante la transformación, todos tenemos que ayudar a comprender y  acompañar a aquellos que aún tienen hábitos arraigados del pasado producto de costumbres, culturas y enseñanzas. Sí, es verdad y no lo vamos a negar, cuando un puesto directivo está acostumbrado a gestionar y trabajar de una manera (y más si los éxitos lo han acompañado), el proceso de cambio será más difícil pero no imposible. La sabiduría que algún día lo llevó a su evolución golpeará de alguna manera su puerta haciéndole entender que esta metamorfosis también lleva su nombre. Porque hoy se trata de volver a aprender y de desaprender para aprender nuevamente. Es como vivir un Segundo Renacimiento basado en la Creatividad, Innovación, Colaboración, Generosidad y Humildad.

Pensémoslo de una manera muy sencilla: debemos añadir o quitar eslabones en la
la cadena de la felicidad.

El negocio somos nosotros, los clientes somos nosotros, nosotros somos la marca, la comunicación, los valores, los resultados, la competencia, los managers y los colaboradores. Somos la familia, somos la amistad, en definitiva, somos la esencia de nuestras relaciones. Por lo tanto, si el fin de nuestras acciones es el logro de la plena satisfacción, la verdadera APP del Cambio y Transformación de la que todos estamos hablando radica en pensar sin complejos en la personas como epicentro. Es allí, cuando veremos como muchísimos de los programas que tenemos institucionalizados en nuestras organizaciones y estrategias de múltiples departamentos comienzan a tener un vector común y una misma línea de trabajo. Entonces, la coherencia entre lo que decimos y hacemos se transforma en un activo fundamental.

No lo olvides: mañana ese mismo alguien a quien tú hagas feliz hoy, hará feliz a otro. Y así, tengas el objetivo que tengas, tu resultado operacional crecerá exponencialmente tras recibir como bumerang esa agradable brisa colectiva transformadora. El cambio está aquí. Ahora pensemos en las personas.


DIEGO LARREA BUCCHI 
Twitter: @larreadiego 


viernes, 19 de mayo de 2017

La importancia de conectar - Vídeo 10 - Canal Youtube RH&CC

La historia de la humanidad es la historia de sus relaciones sociales. La disponibilidad y la conexión no solo tienen cara digital. Dentro de los 360º en los que nos movemos diariamente hay personas que esperan nuestra disponibilidad y nuestra verdadera conexión con ellas.
Y si además aprendemos a conectar con nosotros mismos antes de intentar influir sobre los demás, seremos capaces de obtener muchísimos mejores resultados, más auténticos y mucho más duraderos.

Todos buscamos encontrarnos y encontrar. Por eso, el conocimiento de los otros es conectar al conocimiento de uno mismo, y el conocimiento de uno mismo es conectar al conocimiento de los otros. Es solo a través de la conciencia de los otros que podemos alcanzar nuestra propia conciencia.


Hoy, te comparto mi décimo vídeo de Recursos Humanos & Cultura Colaborativa en mi Canal de Youtube RH&CC: "LA IMPORTANCIA DE CONECTAR":



DIEGO LARREA BUCCHI 
Twitter: @larreadiego 

viernes, 12 de mayo de 2017

Los éxitos silenciosos

En un mundo estrictamente marcado por los sonidos, las imágenes y la inmediatez, ¿es posible pensar que uno de los componentes fundamentales de la influencia es el silencio? Detengámonos a observar por un instante a quiénes están a nuestro alrededor ahora mismo mientras estamos leyendo este texto. Un simple ejercicio. Sea en el ámbito que sea en el que te encuentres, cada una de las personas que te rodean (incluso aquellas que están detrás de esa pared) tienen un bajo o alto porcentaje de participación directa o indirecta en tu vida.


¿Por qué? ¡Si a muchos de ellos ni los conozco...! La construcción de nuestro universo no comienza y termina con nosotros. Ésa sería una realidad muy sesgada. En el mundo de las empresas, las familias, las relaciones sociales, comerciales, etc, la “omnicanalidad relacional” tiene un importantísimo valor en cada uno de sus eslabones. El que alguno de ellos quiebre, alterará de una u otra manera a los integrantes de esa cadena, estén cerca o lejos de esa ruptura.


Todas las personas mantenemos una constante interactividad, de manera consciente o inconsciente, con el resto de la sociedad la cual va a afectar de manera significativa a nuestro proceso evolutivo, a nuestra conducta y por ende a nuestros resultados.

Hay pequeños gigantes que son imprescindibles en nuestra vida y muchas veces no lo sabemos y tampoco nos enteramos. Aunque nuestra vista sólo llegue hasta una determinada distancia, la suma de cada una de esas personas que estás mirando en el pequeño ejercicio que te propuse antes, influye de alguna manera en el desarrollo de nuestro andar y de nuestro resultado final. Por supuesto que la chispa adecuada depende sólo de nosotros. Pero hay un marco de incidencia frontalmente directo que nos repercute en algún nivel y en el de nuestro propósito.


La interdependencia también puede hacernos independientes. De hecho, los grandes logros siempre llevaron un soporte colectivo detrás.  Es hora de comenzar a descubrir y reconocer a aquellos que en silencio aportan su especial granito de arena porque no todo es ruido en el éxito. Todo lo que hagamos o lo que no hagamos tiene una influencia directa en el devenir de los sucesos.

Entender que la vida es una espiral donde todos llegamos, tarde o temprano, al mismo punto de encuentro, probablemente nos ayude a levantar la mirada  con profunda perspectiva y organizar nuestra vida con un espíritu real colaborativo. Construir pequeñas cadenas de acciones anónimas,  podría llegar a ser uno de los mayores desafíos de esta sociedad en la que tenemos el privilegio de ser los actores principales de los grandes cambios del siglo. Y el triunfo de la misma repercutirá directamente en lo social, en lo comercial, en lo familiar y en lo empresarial.

Porque el éxito silencioso es una forma de entender la vida, un termómetro de nuestros valores, un pragmatismo de nuestros conceptos y pensamientos y una forma de ponderar la humildad escapando de los miedos, juicios y prejuicios. Además, jerarquiza el verdadero trabajo en equipo, la solidaridad y la coherencia sin necesidad de aplausos ni falsos protagonistas. Fusionando nuestra responsabilidad social con nuestra verdadera realidad de una manera clara, creíble y cristalina.


Los pequeñamente gigantes son esos héroes anónimos, que hasta sin saberlo, son los principales engranajes de millones de acciones que suceden durante las veinticuatros horas del día. Uno de esos, seguramente, muchas veces y sin saberlo has sido tú, sin proponértelo has participado en el caminar ajeno. Y otras muchas, nuestra inmovilidad o pasividad lamentablemente también han sido una de las protagonistas en ese andar.

Tenemos la gran oportunidad de construir modelos empresariales, familiares, sociales y comerciales que sientan entre sus venas la convicción de entender el mundo como alguna vez nos dijeron que sería: “globalizado”. Pero que entre todos y en lo cotidiano, le demos un nuevo giro a ese concepto y seamos capaces de estimular desde el ámbito que nos toque,  la generación de  “pequeños grandes gigantes del éxito del silencio”.

DIEGO LARREA BUCCHI 
Twitter: @larreadiego 

viernes, 5 de mayo de 2017

Maldita necesidad

Necesitamos tiempo, dinero, trabajo, salud, espacio, serenidad, frialdad, objetividad, necesitamos desconectar y conectar, necesitamos gustar, amar, odiar, olvidar, recordar, comentar,  callar, perdonar, reír y llorar, ser, estar, desaparecer, empezar, terminar. Necesitamos necesitar. Porque siempre hay un instante donde respiramos de esa necesidad.

Vivimos en el mundo de la necesidad constante, por obligación o por deseo. Esta necesidad nace de la privación, de una actitud sentida y no satisfecha. Y más allá de las cinco categorías de necesidades de Maslow (fisiológicas, seguridad, amor y pertenencia, estima y  auto-realización) nuestro cerebro no descansa un minuto exigiéndose “torpemente” a sí mismo como nunca antes había sucedido en la historia.

El agotamiento de la necesidad incompleta ha dado paso a la nueva enfermedad del siglo, el tan estereotipado pero real: “estrés”. Aquello que sucede, por más pequeño que sea, ocurre por una necesidad y nuestra mente no descansa hasta intentar satisfacerlo. Donde hay un espacio hay una llamada. Y si esto lo sumamos al cambio que estamos viviendo en primera persona con la transformación digital, donde todo cambia en menos de un segundo y todo está en tus manos en cuestión de dos, no hay cuerpo que resista tanta ansiedad.


Pero también la necesidad nos abre una puerta inmensa de oportunidades donde la verdadera inteligencia radica en saber aprovechar bien los momentos: saber escuchar, empatizar y ser uno mismo. Tal vez, una oportunidad esté en abandonar por un instante la efervescencia volcánica en la que nos hemos metido en nuestro día a día, regalarnos un trozo de exquisito pragmatismo y ser por una vez coherentes con nuestra esencia, valores y verdaderos anhelos. Un regalo único que nos da la necesidad y sólo es cuestión de querer enterarse.


Una de las necesidades más importantes, tal vez la más difícil de satisfacer, es la del cambio. Necesitamos cambiar, lo sabemos, pero delegamos en mañana como una rápida opción de fuga. Nos miramos al espejo, sabemos que no queremos hacer lo que vamos a hacer pero desviamos la mirada y todo continúa como hasta ayer. Y la necesidad nos grita, nos estorba, nos reprocha, nos alerta, nos invade. En nuestras manos está crear el momento indicado, la oportunidad justa y la situación que esperábamos. Nadie lo hará por nosotros. Nadie cubrirá esa necesidad. O sí, quizás demasiado tarde y el vacío será aún mayor.

Sí, es cierto, necesitamos necesitar. Pero cuando entendemos que la verdadera necesidad está en el encuentro con nosotros mismos abandonando la autenticidad camuflada y oportunista, comienza el cristal a desempeñarse y allí estamos nosotros. Y el cambio tan esquivo será una realidad. Ser uno mismo en un mundo que constantemente intenta transformarse y transformarnos en algo diferente es una de las mayores necesidades satisfechas.


Saber diferenciar lo importante de lo necesario, valorar lo que hemos hecho y lo que tenemos, sabier reconocer y reconocernos, es abandonar con mucho criterio la carrera esquizofrénica de la maldita necesidad que nos ahoga en un minúsculo vaso de agua haciéndonos creer que es un inmenso mar.

Podemos escapar de cualquier sitio, menos de nosotros mismos, por eso la auténtica "necesidad necesaria" sólo está en nuestras manos. Y para que pueda surgir lo posible, decía Hermann Hesse, es preciso intentar una y otra vez lo imposible.