viernes, 16 de junio de 2017

La suma que multiplica

Detrás de las barbaries e injusticias que sacuden nuestras pantallas diariamente, hay personas que multiplican, que hacen que este mundo deje de ser una isla endogámica individualista para convertirse en un conjunto colaborativo, donde «el valor de las personas que nos hacen mejores personas» sea la piedra filosofal inquebrantable de toda sociedad civil, familiar o comercial.  

Desde la infancia y a lo largo de todos los procesos de formación, la imitación tiene un rol fundamental en la transmisión de conocimientos, emociones, hábitos, conductas, etc. En el niño y en el adolescente esta imitación se torna natural y en el adulto posee un papel destacado e influyente. Lo relevante de ese aprendizaje cognitivo social es que tiene como elemento fundamental y transversal, los valores. Y, por ende, la responsabilidad de la posterior adquisición de la conducta observada.


Somos el impacto que causamos en el otro. Por eso, tenemos la oportunidad en nuestras manos de generar una cadena mimética de bienestar a distintas escalas y sectores de nuestra vida. Hemos copiado de nuestros padres, ellos lo han hecho de los suyos y hoy somos espejo de nuestros hijos. Por lo tanto, la simple pero compleja responsabilidad de crear ambientes de felicidad depende única y exclusivamente de nosotrosIncluso, más allá de las circunstancias momentáneas que nos toque vivir, el cómo gestionemos nuestra realidad también podrá ser imitado.

Como sociedad, vamos experimentando un sentimiento de vacío e individualismo producto de la adaptación a las circunstancias que nos rodean y atemorizan. Eso lo transmitimos, día tras día, a nuestro entorno y de manera consciente o inconsciente. Entonces el círculo se agranda y cada día restamos para continuar dividiendo.

Tal vez sea la hora de imitar y poner en valor la suma que multiplica. Una suma que está en manos de personas que se encuentran probablemente muy cerca o lejos de nosotros, pero que viven y contagian valores sin necesidad de grandes discursos ni intereses particulares.

Son personas que nos hacen mejores personas. Personas de acero inolvidable. Y sí, existen, y probablemente no nos hayamos dado ni cuenta que los tenemos al lado. Porque hay personas que te cambian la vida en un instante. Personas que saben estar en el momento y el lugar indicado. Personas que sin saberlo han modificado el ritmo de tu respiración. Personas que con tres palabras han terminado de escribir tu eterna frase. Personas que con el buen silencio han sabido darte el refugio que estabas buscando.


Hay personas que ni siquiera conocemos que con un simple gesto te han hecho ver el día con otros ojos. Personas que saben entender que un mundo cotidiano anárquico y rutinario sólo lleva a la rueda del hámster. Personas con memoria. Personas para las que el detalle es el regalo más preciado. Personas para las que el olvido es un insulto. Persona que regalan coherencia con sus palabras y sus actos. Personas valientes. Personas que saben irse y llegar cuando es necesario. Personas que no regalan palmadas, ni risas histriónicas, ni gritos de guerra, tan sólo aquello que realmente necesitamos.  

No miremos hacia un lado. Ahora es un buen momento. Sumémonos a ese proceso de aprendizaje que busca el contagio de manera deliberada. Que el factor imitación comience por cada uno de nosotros. ¿O queremos seguir con gripe en un ambiente de griposos? Podemos reconstruir nuestra sociedad civil, familiar o comercial si entendemos que nuestro comportamiento hacia los demás es a menudo un reflejo de cómo nos tratamos a nosotros mismos.

En la suma que multiplica ya lo decía Aristóteles, "somos lo que somos repetidamente". Y será nuestro desafío elegir qué quiero repetir. La elección es creación y en cada momento puedo hacer uso de mi decisión. Por ello, comparto el deseo de que el hábito de aquellos que transforman nuestra vida nos impulse a imitar y contagiar buenos modelos que nos cambien la vida de verdad. Puede que lo que hagamos no traiga lo que anhelamos, pero, si no hacemos nada, nunca lo sabremos. 

¡A contagiar!
DIEGO LARREA BUCCHI 
Twitter: @larreadiego