viernes, 15 de junio de 2018

Confianza sin fianza

Cuando era niño intentaba descubrir, de manera casi desesperada, el gran secreto del mago. Él nos ponía delante de nuestras narices un truco que parecía simple, pero que no podíamos descifrar. A mi alrededor oía los gritos de amiguitos intentando dar con la solución, sin embargo todo era en vano. Pero la sorpresa, la ilusión y la sonrisa desbordaban por nuestros rostros felices. Con unos pocos años más comenzamos a entender algo mejor ese truco infantil, y establecimos una relación no pactada y silenciosa de confianza con el mago de turno. Poníamos ojos picaros de “yo ya lo sé”, y permitíamos que todo fluyese.

Las relaciones se van construyendo con una dosis de buena ingenuidad, observación, sorpresa, ilusión, complicidad y un intangible “convenio de partes” silencioso firmado con letras de confianza. Como la del niño y el mago, la confianza es sin duda uno de los valores más importantes que tenemos, que podemos desarrollar y sobre todo que podemos transmitir.

La economía está basada en la confianza, también la política, las inversiones, incluso las religiones. Confiamos en nuestros padres cuando nos sueltan para dar nuestros primeros pasos, cuando el abuelo nos impulsa la bicicleta sin saber todavía andar, en lo que comemos y bebemos diariamente, en el producto que compramos, en el médico que cuida nuestra salud o en los docentes que comparten horas con nuestros hijos. Confiamos en el pronóstico del tiempo de nuestro teléfono, en el periodista que nos informa cada mañana, en nuestro jefe cuando nos indica los próximos pasos a seguir o en el mecánico cuando nos da el diagnóstico de la reparación del coche. Confiamos, creemos, esperamos, nos ilusionamos y nos entregamos. Somos como pequeños niños extendiendo nuestros brazos para nos sostengan.

Y es una actitud plenamente necesaria para vivir porque es la seguridad o esperanza firme que alguien tiene de otro individuo o de algo. Construimos nuestras vidas en base a ella. Ernest Hemingway decía que “la mejor manera de saber si puedes confiar en alguien es confiando”. Y si lo hacemos, esto ayudará a simplificar y entender las relaciones personales, profesionales y comerciales. Es una acción tan importante en nuestras vidas que es capaz de dejar de lado las dudas firmando un contrato sin fianza. Esto genera una alta exposición y vulnerabilidad de nuestra persona, que es directamente proporcional con la alegría o el dolor de los resultados obtenidos. 

La pérdida de confianza, en cambio, se debe a un agotamiento emocional, causado por la mala intención de la persona o una mala experiencia que no cumple con lo prometido. Las personas y las marcas sabemos perfectamente que en el incumplimiento del “contrato sin fianza” hay una responsabilidad implícita. Y es la que nos lleva a tomar las decisiones de cambiar y marcharnos.

Nos dejamos llevar por el piloto al subir al avión, decidimos poner nuestros datos bancarios en las compras por internet, nos dejamos guiar por los consejos de Google y aceptamos la geolocalización, aceptamos la buena gestión de nuestros datos,  agradecemos la sugerencia del camarero, nos abrimos de par en par con amigos cuando estamos vulnerables. Confiamos a cada segundo de nuestro día, a cada paso, en cada decisión. Porque entendemos que cada uno de estos “actos de fe” nos llevan a tener una vida más llena de libertades, de desarrollo y progreso. Y nos refuerza nuestra capacidad para decir “no” a tiempo cuando ese “pacto” se vulnera, se rompe o se pisotea.  La evolución y transformación de las sociedades se basan en la transparente voluntad de confiar y en la máxima responsabilidad por cumplir. 

En el mundo de las seguridades e inseguridades, fomentemos la confianza sin fianza y seamos capaces de construir relaciones fuertes y transparentes con esa complicidad “del niño y el mago” donde la sorpresa, la ilusión y la sonrisa desborden por nuestros rostros.

DIEGO LARREA BUCCHI

viernes, 8 de junio de 2018

El Valor de la Importancia - Vídeo 25 - Canal Youtube RH&CC


Existe una relación directa entre la productividad y la experiencia del empleado, la gestión del talento, su desarrollo, el sentirse parte del mismo barco, su integración en la toma de decisiones,  o el cómo hacernos sentir protagonistas, impacta altamente en el negocio.

El sentirnos valorados, queridos, cuidados, o el que nos hagan sentir importantes tiene unas dimensiones y unas repercusiones extraordinarias en nuestra salud física, psíquica, emocional y por ende en nuestro rendimiento profesional.

Las endorfinas propias y ajenas se activan cuando integramos, valoramos, escuchamos, incluimos y cuidamos a los demás. Y de esta forma logramos estimular el potencial ilimitado que cada ser humano posee internamente, haciendo que el desempeño tanto personal como laboral sea mucho mejor.

Los detalles son los grandes responsables de todo éxito. El valor de la importancia es el más grande de los detalles.

Te invito a ver mi nuevo vídeo de Recursos Humanos & Cultura Colaborativa: EL VALOR DE LA IMPORTANCIA: https://youtu.be/FWv3dy2SXVA


Muchas gracias a tod@s por ver y compartir este vídeo y poder reflexionar juntos.
Muy buen fin de semana y hasta la próxima publicación.
DIEGO LARREA BUCCHI 
Twitter: @larreadiego 

viernes, 1 de junio de 2018

De la intención a la acción

Todos en mayor o en menor medida necesitamos de los demás. Desde el minuto uno de nuestras vidas hasta el último de nuestros suspiros finales. Pero cuando estamos corriendo  a toda velocidad y nada detiene nuestra marcha, normalmente, no nos damos cuenta de ello. En cambio, si esa velocidad no hace más que hacernos girar en la rueda del hámster, miramos ahogados alrededor en búsqueda de una mano amiga «salvadora».

Hay veces que esa carrera se torna agotadora. Aunque apliquemos las 5.000 técnicas que hemos estudiado o que nos han recomendado para mejorar nuestra situación o nuestros proyectos, todos los caminos parecen conducir al dibujo de una puerta en la pared. 


Tenemos actitud, coraje, ideas, ganas, y tenemos la humildad de rehacernos, cuestionarnos, o reinventarnos cada día pero ese dibujo de la puerta en la pared sigue deteniéndonos e intentando socavar nuestra ilusión. Y si bien nuestros seres más queridos nos arropan, entienden, animan y aún siguen pensando que somos ese «pequeño superhéroe» que todo lo puede, comenzamos a padecer a un “Mundo Blablablá” que nos lanza discursos en pluscuamperfecto de subjuntivo diariamente, comprobando como efectivamente “del dicho al hecho hay mucho trecho”.

Son intenciones bien intencionadas pero que solamente llenan espacios, convirtiéndose en discursos cada día más vacíos para nosotros y nuestras urgentes necesidades. Y nos descubren y a la vez nos alejan de esas personas que nunca hacen lo suficiente para llevar su “estupenda dialéctica” a la acción oportuna. La palabra es la simbolización que se le da a una percepción, pero lo percibido no es palabra, es un hecho, un suceso, una experiencia real. Cuando se está en medio de una crisis las palabras sobran. Lo importante es la acción racional y concreta para salir de la crisis, propia y ajena. 


Muchas veces los que esperan algo en un momento en particular simplemente esperan detalles, sólo eso. La gente que se encuentra en la rueda imparable no busca soluciones mágicas, sino que aquel que hoy tenga la oportunidad de extender una mano para sacarlo de ese giro alocado, lo haga. Porque quizá el que está dentro de la rueda ya lo haya hecho o lo pueda llegar a hacer en otro momento de la vida con nosotros.

Las llaves de esa puerta dibujada en la pared pueden ser diversas, es cuestión de conocer y observar al otro. No se trata de regalar nada, sino de estar en el momento y en el lugar indicado, teniendo la capacidad empática de gestionar como si de uno mismo se tratase. 

Aún me resisto a pensar que ya «nadie debe esperar nada de nadie». Quizás porque sigo siendo un convencido de que el ser humano tiene una bondad colaborativa por naturaleza y porque la vida es cíclica. Y por supuesto, que el hecho de esperar algo de alguien no debe ser un justificante para no hacer lo que uno tenga que hacer o bien para lograr las metas y objetivos que tanto anhela.


Porque las personas nos influyen, las voces nos conmueven, las palabras nos convencen, pero los hechos nos transforman. Los seres humanos queremos que la realidad se adapte a nuestros sueños, necesidades y expectativas, lo que condiciona y dificulta nuestra interrelación con otras personas. Por eso es tan importante el verdadero conocimiento del otro, y dar testimonio de lo que el otro significa para mí cuando realmente lo necesita y no cuando yo lo creo conveniente. El momento de estar presente no reviste de excusas ni titubeos.”Res non verba”, hechos no palabras. Colaboración e interconectividad sin discursos.

Cada uno de nosotros tiene áreas de mejora, pero, cuando extendemos a tiempo la mano a los demás nos multiplicamos e incluso esas debilidades desaparecen. Dijo Malcolm X: “Cuando el “yo” se reemplaza por el “nosotros”, incluso la enfermedad se convierte en bienestar”. Hagamos de la intención una acción y transformemos nuestros entornos más próximos dando ejemplo concreto de lo que tanto pedimos y deseamos para la sociedad de nuestros hijos.

viernes, 25 de mayo de 2018

Sociedad de sensaciones (El conocimiento verdadero)

Para algunos pensadores la sensación es un modo inferior de conocimiento y algunos incluso dudan que se trate de un conocimiento. Platón, por ejemplo, afirma que la sensación o percepción sensible, no es un conocimiento verdadero ni siquiera del mundo sensible. En una sociedad donde por segundo estamos asimilando y gestionando cambios conscientes o inconscientes y donde la vertiginosidad nos lleva a una deliberación continua para la toma de decisiones aparentemente impostergables, es importante pararnos a reflexionar sobre el verdadero conocimiento del otro y el sentido de la inmediatez.

Estamos reaprendiendo a conocernos y en ese nuevo aprendizaje la pausa y la reflexión parecen no formar parte del nuevo modelo social. El aburrimiento pasó a ser una mala palabra y necesitamos sensaciones instantáneas, ocuparnos, estar en permanente alerta, no podemos permanecer un segundo sin mirar el teléfono porque todo debe ser “ahora”. La necesidad pareciera que se ha convertido es un patrimonio universal difícil de contradecir. Y transmitimos esa sensación a nuestros hijos, llenándoles de actividades y privándoles de un territorio tan maravilloso como es la imaginación detrás de la pausa. Por lo tanto, nos estamos tristemente acostumbrando a que todo aquello que esté delante de nosotros y no nos impacte en los primeros 10 segundos quede automáticamente descartado de nuestra memoria e interés. Y seguramente sin pretenderlo, nos convertimos en apisonadoras de tiempo, haciendo añicos las posibilidades de reflexión, de cuestionamiento, de diversificación, de ingenio, intuición, clarividencia, iniciativa, agudeza, invención, y básicamente del tan importante valor del disfrute.

Estamos viviendo dentro un gigantesco Shopping Mall, hiperconectados y muchas veces aislados, paseando por cada pasillo de nuestras futuras decisiones en las góndolas de las mil sensaciones. Lo que no siempre sabemos es que este “supermercado de la celeridad” también tiene salidas, incluso varias de emergencia. Por lo tanto, está en nuestras manos darnos la oportunidad de vivir alejados del impacto permanente, en lo urgente, en la acrofobia de lo inmediato y ser nosotros quienes decidamos cuándo y cómo queremos conocer y reconocer al otro. 

En un mundo diseñado para la extroversión, categorizar arbitrariamente si alguien es adormecedor o “no nos llama la atención” y por ende no pasa la barrera de los 10 segundos de nuestro “reloj sensacional”, quizá límite nuestra capacidad de aprendizaje. Pensemos en la cantidad de veces que, con el tiempo, reconocemos habernos equivocarnos y haber prejuzgado mal a esa persona. Incluso a aquellos que hemos descartado en nuestros trabajos. O todo lo contrario, cuando nos dejamos seducir por la “simpatía o carisma” del histriónico caricaturesco de turno carente de ideas. El umbral de las sensaciones nos pone contra las cuerdas y sin dar ni un sólo golpe nos enseña que, el propio espacio que podamos generarnos será fundamental para no caer en el precipicio de lo efímero, distinguiendo lo importante de lo urgente. Algo que valorarán, de alguna u otra manera, aquellos que tenemos el “regalo” de educar o de coordinar.


“Quien mira hacia fuera, sueña; quien mira hacia dentro, despierta” decía Carl Gustav Jung. Somos afortunados por vivir en primera persona una transformación y cambio cultural. Está en nuestras manos construir modelos de proximidad, de verdadero conocimiento, de auténticas sensaciones o ser parte de un pasado tecnológicamente disfrazado. Es nuestra gran elección.

Si el verdadero conocimiento es el descubrimiento de las capacidades y limitaciones propias y ajenas, así como la búsqueda de las posibles soluciones para superarlas, unifiquemos talentos, esfuerzos e innovación para edificar juntos la verdadera sociedad que tanto deseamos.


DIEGO LARREA BUCCHI

viernes, 18 de mayo de 2018

Tú sí que vales (Perseverar también es innovar) - Vídeo 24 - Canal Youtube RH&CC


La historia de la humanidad está repleta de fracasos que han permitido mejorar lo que había antes. Muchas veces se decide emprender más por necesidad que por auténtica vocación o voluntad, y aunque sea de esta manera, la actitud que utilicemos marcará la diferencia. Y equivocarse puede ser un buen punto de partida para empezar a construir en la dirección correcta sea en el ámbito comercial, sentimental o en cualquier otro.

Dentro de las empresas, insistimos en tener equipos innovadores, rupturistas, participativos, generadores de cambios, pero no siempre se está preparado para gestionar de manera eficaz la recepción y coordinación de ese espíritu creativo. La Transformación nos propone un cambio también en este aspecto, por lo tanto, reformular el modelo del liderazgo es fundamental en esta situación.

Innovar también es aprender cuál es nuestro talento y hacer foco en desarrollarlo. Porque existen infinidad de ideas, pero el cómo las llevemos a cabo para concretarlas o cómo superamos las adversidades para conquistarlas, será nuestra marca, nuestro éxito.

Te invito a ver mi nuevo vídeo de Recursos Humanos & Cultura Colaborativa: Tú sí que vales (Perseverar también es innovar): https://youtu.be/G200CKwbQSE



Muchas gracias a tod@s por ver y compartir este vídeo y poder reflexionar juntos.
Muy buen fin de semana y hasta la próxima publicación.

DIEGO LARREA BUCCHI 
Twitter: @larreadiego