viernes, 17 de marzo de 2017

"La desilusión de la hormiga" - Vídeo 7 - Canal Youtube RH&CC:

Todos tenemos talento, lo importante es lo que hacemos con él y muchas veces lo que "nos dejan" hacer o el espacio que generamos para aplicarlo a pesar de todo. Lo importante es saber que si siempre hacemos lo mismo, nunca conoceremos realmente nuestro potencial. 

No dejemos que el talento se apague, confiemos en las personas y en su fuerza interior, acompañemos los procesos de evolución y desarrollo, aunque tengamos dudas del resultado final. Porque es en esa confianza y en esa oportunidad donde garantizamos el mejor de los aprendizajes.

Te comparto mi séptimo vídeo de Recursos Humanos & Cultura Colaborativa en mi Canal de Youtube RH&CC: "LA DESILUSIÓN DE LA HORMIGA"



DIEGO LARREA BUCCHI 
Twitter: @larreadiego 

viernes, 10 de marzo de 2017

Donde dije digo, digo Diego

Para llegar al punto más alto de nuestra felicidad primero hay que escarbar en lo más profundo de nuestra «imbecilidad». Luego el camino irá cuesta arriba cuando reconozcamos de manera sincera y constructiva nuestras propias contradicciones y debilidades.

No sólo en el plano personal, también en la empresa deberíamos realizar el mismo ejercicio. Dentro de un marco laboral oficializamos como una “Biblia” determinados conceptos relacionados con los valores, la escucha, el trabajo en equipo, la coherencia, la proximidad, etc. Es verdad que necesitamos reafirmar nuestra cultura, establecer los códigos de convivencia, el estilo,….pero tenemos enormes dificultades a la hora de hacerlos realidad y de convertirlos en hábitos tangibles o en nuestra incorruptible forma de ser y proceder.

No sólo es misión de la propia empresa, sino que es algo que nos afecta a todos como personas. Es aprender a superar las propias contradicciones que existen entre lo que creemos y lo que creamos.

¿Dónde se esconden algunas de nuestras contradicciones?
Mirando hacia abajo ante circunstancias donde puedo y debo ser partícipe. En el olvido como fiel reflejo de nuestro Complejo de Avestruz. En no estar presente en el momento que se necesita. En oír sin escuchar y responder anteponiendo mis intereses. Y en no contrastar las informaciones que nos llegan antes de tomar decisiones sobre una persona.

Como herramienta de mejora necesitamos ser conscientes que cada una de estas contradicciones son capaces de cambiarle la vida a quienes tenemos enfrente. Imaginemos por un instante el estado de felicidad que potenciaríamos en pequeñas o grandes situaciones si procederíamos a la inversa.

Las contradicciones se desestabilizan dependiendo de nuestro estado de ánimo o de dónde estemos ubicados (o queramos estar) en el instante que se nos requiera. Vivir en contradicción con nuestra propia razón es como decía Tolstoi, el estado moral más intolerable.

En los adjetivos descansan nuestras contradicciones. Jugamos eternamente con los condicionales de “Si yo fuera él/ella”, “Yo haría, yo no haría”, “Habría que hacer”, y cuando somos realmente ese “él o ella” no siempre ponemos en práctica lo que en teoría dijimos que haríamos o no. Somos capaces de aconsejar, dar cátedras y de hacer grandes tratados cuando no somos nosotros los que estamos viviendo determinada circunstancia. Y, además, lo hacemos tan pero tan alejados de la persona que lo está viviendo que nuestra perspectiva es gravemente imperfecta.

Buscar el punto de equilibrio con nuestra coherencia y saber reconocer nuestras contradicciones, alejando el “donde dije digo, digo Diego”, aportan una grandeza capaz de edificar 100 veces más alto nuestras capacidades, competencias y fortalezas.

Si en un ejercicio de valentía, mirando a los ojos a tu ser más querido, mantienes ese pensamiento o decisión que allí fuera estabas defendiendo, habrás encontrado tu equilibrio perfecto.

Evitemos las incongruencias y esa falta de acuerdo con nosotros mismos. No somos personas diferentes según el sitio donde estemos. Y, no nos engañemos más, somos seres singulares e irrepetibles, en definitiva, únicos.

Aunque el mundo se encargue de demostrarnos día a día lo contrario, hay algo dentro de nosotros que espera ansioso para poder generar “el gran cambio”. Y la buena noticia es que sólo depende de cada uno de nosotros.

Y como dijo la filósofa francesa Simone Weil: “Cuando una contradicción es imposible de resolver salvo por una mentira, entonces sabemos que se trata de una puerta”.

viernes, 3 de marzo de 2017

La inmediatez

Hace unos días, me preguntaban en una reunión qué consideraba, a mi juicio, la parte más importante dentro del esquema del retail actual. Contesté, casi sin pensarlo demasiado, que para mí era la LogísticaMi interlocutor me miró extrañado reflexionó en voz alta que viniendo de un Recursos Humanos le parecía una respuesta rara que no dijera directamente que las personas eran lo más importante. 

Si bien la revolución industrial nos llevó a la rapidez, la revolución tecnológica e informática nos ha llevado a la inmediatez. Hoy la inmediatez forma parte de nuestro estado de necesidad constante y donde se rompa ese eslabón para conseguir lo que deseamos, la frustración tomará decisiones que nadie se atreverá a cuestionar. Por lo tanto, si el sistema falla, si la logística no llega a la cita en tiempo y forma, la relación se dará por finalizada de manera unilateral. Por eso, mi respuesta en esa cordial visita iba un poco más allá de quién es más importante: si las personas o la logística. La reflexión es: Hacia dónde nos lleva la fiebre de la inmediatez? Y las personas, aquí , tenemos el principal rol protagónico. Porque la mayor evolución (o involución) logística está en nuestra mente y luego en nuestros hábitos.

Todos compiten por llevarnos productos de forma más rápida a nuestro hogar y seguramente más de la mitad de lo que compramos no es urgente. Estamos subidos al circuito del “lo quiero ya” y esa enajenación seudoinfantil de rabietas incontroladas puede transformarse en una necesidad que hasta ayer ni siquiera existía y no necesitábamos, valga la redundancia.

Crear una necesidad inexistente será un éxito para la propia marca o su departamento de marketing pero si las personas se adecuan a las velocidades y no las velocidades a las personas, tal vez provoquemos sin pretenderlo, un gran fracaso social a nivel relacional y comunicacional. Nuestra logística interna transita a grandes velocidades en un mundo cada vez más inmediato, instantáneo y fugaz. Ésta, puede correr el alto riesgo de no diferenciar entre estar y ser parte, entre escuchar e interactuar, entre decir y acompañar, entre dar a me gusta y colaborar de verdad, entre el instante y el mientras tanto.

Nuestros hábitos lo van demostrando en los temas más cotidianos, por ejemplo: leemos los titulares de nuestro periódico digital como si estuviésemos subidos en un Fórmula 1 sin discriminar ni el porqué ni de dónde provienen. Amagamos un curioso interés en la contraportada de los libros. Vemos y descartamos las películas por los tráilers. Nos inquietamos con dos líneas grises o azules de nuestro WhatsApp. La hora y media que tenemos al día con nuestros hijos vuela cada vez más rápido. Ese café o cerveza prometidos miles de veces sigue esperando en un rincón oscuro. Esa llamada ya no se produce y dejamos palabras para otro día. La logística inversa hacia nosotros también nos reclama un espacio, un tiempo y sobre todo generar buenos hábitos que nos ayuden a disfrutar y defender lo que más amamos.

La cultura del siglo XXI no se basa en el principio del individualismo; no me refiero al hecho de que la gente esté demasiado apegada a su interés personal, sino en que no estamos lo suficiente interesados en nuestro yo. Y en esto, la inmediatez juega un papel esencial.

La inmediatez puede ser capaz de construir con muchísimos fragmentos de “información” una falsa verdad. Y si de personas hablamos, probablemente el no tener ese tiempo para escuchar, dialogar e intercambiar nos resta la oportunidad de llegar al verdadero conocimiento del otro.

Hay tantas verdaderas necesidades de ser satisfechas de forma inmediata que la propia logística de la inmediatez nos hace olvidar que en la pausa también hay instantes de auténtica felicidad. De esta forma, evitaremos la amarga frustración del querer trasladar el mundo virtual al físicodonde lo instantáneo puede llevarnos a una angustiosa espera alejándonos de todo, de nosotros y hasta de los más “inmediatos”.


DIEGO LARREA BUCCHI 
Twitter: @larreadiego 

viernes, 24 de febrero de 2017

Vídeo 6 - Canal Youtube RH&CC: "Cuando el cambio no llega "

Porque el mayor éxito es volverlo a intentar a pesar de mil fracasos. Porque triunfar también es aprender a fracasar. 

El éxito en la vida también viene de saber afrontar las inevitables faltas de éxito del vivir de cada día. Cada frustración, cada descalabro, cada contrariedad, cada desilusión, lleva consigo el germen de una infinidad de capacidades humanas desconocidas.Entrenamos no para el momento inicial de la carrera o el deporte individual o colectivo que practiquemos sino para el instante de mayor tensión, cansancio, incluso de mayor bajón fisicoanímico.

Te comparto mi sexto vídeo de Recursos Humanos & Cultura Colaborativa en mi Canal de Youtube RH&CC: "CUANDO EL CAMBIO NO LLEGA"





DIEGO LARREA BUCCHI 
Twitter: @larreadiego 

viernes, 17 de febrero de 2017

Devuélveme mi espejo

En el mundo de las empresas decimos que somos lo que el cliente percibe de nosotros y su experiencia, en definitiva: “somos lo que dicen que somos”. Pero en el mundo de las personas hay matices muy importantes que, por suerte, nos diferencian de ese concepto comercial.

El conocimiento relacional está medido según el impacto de información, experiencias y vivencias que las personas tienen de nosotros. Cuanto mayor es la profundidad e implicación más reales serán los resultados. El nivel de conocimiento sobre el otro debería ser el mismo porcentaje por el cual podemos emitir una valoración sobre él. En un mundo tan estereotipado, lleno de mensajes instantáneos y de aspiraciones al éxito inmediato, el interiorizar hasta la esencia de las personas no siempre es sencillo.


Para ello, el ejercicio de desvincular de los distintos estereotipos que puedan distorsionar ese “informe final” sobre nosotros, deberá estar enmarcado en nuestro código personal/ profesional y aprovechar el tiempo o los elementos que tengamos a nuestro alcance para lograrlo, sin olvidar que el sentido común es el mejor de los sentidos.  Y que a veces el buscar con tanta exactitud nos ciega e impide conocer mejor.

Difícil misión la de los expertos en Selección al saber que más allá de la técnica, la información, la experiencia, la metodología utilizada, etc, habrá siempre un margen importante de error en el candidato elegido. Incluso, por más que trabajemos de manera muy profesional el efecto Halo, el efecto Horn, el efecto Espejo, los sesgos de Primacía, Contraste, Recencia y Generosidad, cada persona lleva detrás unos valores, una cultura, una experiencia, que ni las más sublimes o nefastas referencias nos darán el cien por cien de su naturaleza.

Nadie dijo que conocer a las personas sea una misión sencilla. Somos la piedra angular de las relaciones personales, profesionales y de todo negocio. Por ello, probablemente, si devolvemos el espejo ajeno y nos contemplamos en el nuestro podremos entender que el otro puedo ser yo. Sólo así, con esta aparentemente sencilla reflexión, nos daremos cuenta que el mismo tiempo o las mismas herramientas que utilicemos para su conocimiento pueden ser aplicadas de igual manera con nosotros alguna vez.

Las personas nos definimos en cuestión de segundos, pero ¿qué es lo que evaluamos?
Un estudio de Harvard dice que las personas se responden rápidamente dos preguntas cuando te ven por primera vez: ¿Puedo confiar en esta persona? y ¿Puedo respetar a esta persona? Se refieren a la calidez y competencia, respectivamente, e idealmente queremos que perciban que tenemos ambas.



Curiosamente, el informe dice también que la mayoría de las personas, especialmente en un contexto profesional, creemos que la competencia es el factor más importante. Después de todo, queremos demostrar que somos inteligentes y con el talento suficiente como para manejar un negocio. Pero, de hecho, la calidez o la fiabilidad, es el factor más importante cuando las personas nos evalúan. Desde una perspectiva evolutiva es más crucial para nuestra supervivencia saber si una persona merece nuestra confianza. Pero si bien la competencia es muy valorada, sólo debería evaluarse después de que la misma se establece. Y para que ello suceda, el verdadero conocimiento direccional, sin matices ni filtraciones ajenas, es básico. Y ya en el camino de la confianza nuestra fuerza se convertirá en un regalo y no en una amenaza.

Y si todos aplicásemos de alguna manera el pensamiento de Goethe cuando dijo: “Para conocer a la gente hay que ir a su casa”, probablemente los espejos del conocimiento y de la confianza estarían bien colgados en nuestro camino hacia los demás.


DIEGO LARREA BUCCHI