viernes, 18 de mayo de 2018

Tú sí que vales (Perseverar también es innovar) - Vídeo 24 - Canal Youtube RH&CC


La historia de la humanidad está repleta de fracasos que han permitido mejorar lo que había antes. Muchas veces se decide emprender más por necesidad que por auténtica vocación o voluntad, y aunque sea de esta manera, la actitud que utilicemos marcará la diferencia. Y equivocarse puede ser un buen punto de partida para empezar a construir en la dirección correcta sea en el ámbito comercial, sentimental o en cualquier otro.

Dentro de las empresas, insistimos en tener equipos innovadores, rupturistas, participativos, generadores de cambios, pero no siempre se está preparado para gestionar de manera eficaz la recepción y coordinación de ese espíritu creativo. La Transformación nos propone un cambio también en este aspecto, por lo tanto, reformular el modelo del liderazgo es fundamental en esta situación.

Innovar también es aprender cuál es nuestro talento y hacer foco en desarrollarlo. Porque existen infinidad de ideas, pero el cómo las llevemos a cabo para concretarlas o cómo superamos las adversidades para conquistarlas, será nuestra marca, nuestro éxito.

Te invito a ver mi nuevo vídeo de Recursos Humanos & Cultura Colaborativa: Tú sí que vales (Perseverar también es innovar): https://youtu.be/G200CKwbQSE



Muchas gracias a tod@s por ver y compartir este vídeo y poder reflexionar juntos.
Muy buen fin de semana y hasta la próxima publicación.

DIEGO LARREA BUCCHI 
Twitter: @larreadiego 

viernes, 11 de mayo de 2018

La gratitud: un valor que marca la diferencia

No hay nada más importante en la vida que agradecer a tiempo. Vivimos en una constante rueda vertiginosa de responsabilidades que nos contagia una extraña sensación de estar perdiéndonos momentos únicos e irrepetibles. Pero seguimos, pensando que en algún momento nos bajaremos, respiraremos profundo y recuperaremos el tiempo perdido. 

Pareciera que todo tiene una lógica prioridad, que todo tiene un razonamiento mucho más contundente que el detenernos un segundo, porque mañana hay que demostrar resultados, y “no tengo tiempo”. En cierta forma, estamos auto-convencidos que somos una especie de Superman o Superwoman capaz de dominar el tiempo y las expectativas propias y ajenas. Pero en realidad, en esa adrenalínica misión que nos desborda, hay gente que nos está esperando, que nos mira de cerca o de lejos poniéndonos carteles visibles o invisibles para llamar nuestra atención. El problema está cuando desgraciadamente nos estrellamos contra el muro que parecía carretera y no llegamos a tiempo para solucionarlo. Es allí donde nuestros superpoderes caen al suelo, y aquel minuto postergado se transforma en un vacío. 

Demostrar gratitud hacia aquellas personas que nos importan, que comparten nuestro día a día, nuestros proyectos o nuestros trabajos, es un valor que marca la diferencia. Salir de nuestras propia burbuja y entender que formamos parte de una biosfera relacional que nos ayuda a construir nuestra vida y nuestros logros, es la clave para un auténtico y maduro crecimiento personal, profesional, e incluso comercial.

Levantemos la cabeza, pensemos un instante: ¿has llegado a tiempo a decírselo?, ¿de qué te sirve dormir con “tus razones” si hay algo que puedes hacer para solucionarlo?, ¿es tan importante que no pueda esperar unos minutos?, ¿cuál fue la última vez que has invitado a comer a tu equipo para decirles lo importante que eran para ti y para la empresa?, ¿si te gusta que te hagan sentir importante, por qué no intentas tú lo mismo?, ¿la rutina te ha hecho creer que las cosas suceden por una cuestión mágica o hay alguien en la sombra?, ¿por qué no te acercas y le preguntas simplemente cómo está?, ¿te has puesto detrás para que los aplausos sean para el otro?, ¿has hecho esa llamada, esa visita, ese mensaje? Tu madre, tu padre, tu pareja, tus hijos, amigos, vecino, compañero de trabajo, jefe, integrante de tu equipo o cliente, todos y cada uno de ellos pueden formularte en silencio estas preguntas de alguna manera y quizás, no te estás dando cuenta.

Tengamos en cuenta que existe una gran diferencia entre dar las gracias y mostrar nuestro agradecimiento. La gratitud puede definirse como un sentimiento de aprecio y valoración por las acciones que otros hacen a favor nuestro. Implica una suerte de deuda moral con quien nos hace bien y ayuda. Deuda que no significa hacer un cálculo para redimirla, si no elevar la estima y estar abiertos a la posibilidad de corresponder por el beneficio recibido.

Somos lo que somos gracias a los demás. Independientemente del esfuerzo, de las tomas de decisiones, de las oportunidades descartadas o aprovechadas, siempre hubo, hay y habrá esa persona que ha hecho más fácil o más sencillo uno de nuestros pasos más determinantes en nuestro crecimiento personal y profesional.

Dicen las estadísticas que cada día damos las gracias más de veinte veces. Muchas veces lo hacemos de forma automática, sin casi darnos cuenta. La pregunta es: ¿cuántas de estas veces somos capaces de mostrar de verdad gratitud?

La gratitud es una virtud, y una virtud es una disposición, algo que se realiza con el objetivo de construir relaciones más plenas. A diferencia de otros sentimientos, el de la gratitud no aparece simplemente como un impulso simplemente. La gratitud exige que haya un sistema de valores éticos, donde estén resueltos los conceptos de dar y recibir, además de una renuncia a la visión egocéntrica de la vida.

Cuando bebas agua, recuerda la fuente, dice un proverbio chino. No perdamos ni un instante más y ganemos días, meses y años de nuestras vidas siendo agradecidos. La gratitud es un pilar de la humildad, y la humildad es el secreto de la sabiduría y el poder del verdadero conocimiento. Levantemos la cabeza, pensemos un instante, alguien nos está esperando. ¡Marquemos la diferencia!

DIEGO LARREA BUCCHI 

viernes, 4 de mayo de 2018

La selección que transforma (Big Heart Data Analytics Recruitment)

El éxito de las compañías gira alrededor de las personas, tanto internas como externas. Y en esta transformación en la que estamos siendo activos protagonistas, los que trabajan, gestionan y toman las decisiones de selección, contratación y retención de talento juegan un rol clave. Son los “grandes cardiólogos” que tienen hoy la altísima responsabilidad de darle la coherencia necesaria a este gran cambio con el “corazón del negocio” entre sus manos. De ellos depende incorporar nuevos criterios y conceptos innovadores o seguir gestionando como en el pasado, para personas y empresas del pasado, dejando que los latidos se apaguen lentamente.

Un estudio reciente nos dice que al 81% de los responsables del área de Recursos Humanos les preocupa su capacidad para seleccionar y adquirir el talento adecuado que realmente necesitan en su compañía. Pero cuando tienes la oportunidad de charlar mano a mano con ellos, te das cuenta que en realidad la preocupación no está centrada en qué tipo de formato o plataforma deben utilizar, sino en si tiene el equipo o el proveedor indicado que entienda realmente el verdadero cambio radical de paradigma que esto implica.


Porque la transformación no es sólo un tema digital, sino una manera diferente de hacer las cosas. Por eso hablamos una y otra vez de cambio humano y cambio cultural. No todo es dinamizar y formar en competencias digitales. Detectar y promover las competencias claves para gestionar de manera exitosa las necesidades que el mercado nos demanda y demandará es el “Big Heart Data Analytics Recruitment”. Un profundo análisis sobre las capacidades que tenemos los seres humanos para evolucionar, cambiar, adaptarnos, gestionar, planificar y aportar un valor diferencial sobre lo ya establecido.

Si el 47% del empleo actual desaparecerá dentro de una o, como mucho, dos décadas, según calcula la Universidad de Oxford y otras instituciones no podemos darnos el lujo de mirar hacia un costado cuando planificamos el mapa profesional de nuestras organizaciones. Porque ellas ya comenzaron a adaptarse a lo que el Foro Económico Mundial llama “La Cuarta Revolución Industrial”, y tendremos que acompañar ese cambio y  evolución con el mismo espíritu innovador, ponderando las habilidades y el talento frente a los commodities reemplazables o tercerizables.

El informe del FEM llamado “El futuro de los empleos y las competencias” nos da 10 líneas de trabajo para medir, evaluar y desarrollar: 1. Resolución de problemas complejos, 2. Pensamiento crítico, 3. Creatividad,  4. Dirección de personas, 5. Coordinación con los demás,  6. Inteligencia emocional,  7. Juicio y toma de decisiones,  8. Orientación de servicio,  9. Negociación 10. Adaptabilidad.

Porque vamos día a día descubriendo nuevas soluciones para antiguas necesidades, nadie queda exento de la adaptación, y menos la selección, contratación y retención de talento para la supervivencia del negocio. Las empresas se adaptan, los profesionales nos adaptamos, los padres y madres intentamos adaptarnos y los colegios se adaptan. Y no es una adaptación arbitraria, sino una necesidad primaria. La Revolución de las Competencias ya está aquí.


El 70% de los niños de la actualidad ejercerán profesiones que no han sido creadas. Por lo tanto, todo esto requiere tener una visión rupturista acorde con los tiempos y necesidades actuales, desde el lugar que nos toque gestionarlo. Debemos ser capaces de construir los cimientos de una sociedad donde nos enseñen y enseñemos a poner en práctica “ese valor añadido necesario” más allá de la tecnología, la digitalización y la inteligencia artificial.

Tener la oportunidad de “seleccionar” a la persona indicada es un privilegio. Darle las herramientas adecuadas y el espacio imprescindible es inteligencia. Pero saber capitalizar y estimular sus competencias y habilidades adaptadas a los nuevos tiempos, eso es talento.

DIEGO LARREA BUCCHI 

viernes, 27 de abril de 2018

La sombra del talento - Vídeo 23 - Canal Youtube RH&CC

El secreto de la sabiduría, del poder y del conocimiento es la humildad, decía Ernest Hemingway.

No se hace oír más el que más grita, no se hace entender más el que más habla, no se hace respetar más el que más se impone, no se hace ver más el que más se muestra. Quienes reciben los mayores reconocimientos por sus talentos lo hacen precisamente porque no buscan reconocimiento alguno y tiene paciencia, pero su mayor virtud (no siempre valorada) es que trabajan en la sombra. 

La humildad es una de las virtudes más nobles del espíritu. Los seres que carecen de humildad, carecen de la base esencial para un auténtico éxito personal o profesional.
Talento sin humildad no es talento.

El liderazgo jamás puede ir de la mano de un sentimiento de superioridad, al contrario. Liderar, innovar, dirigir, gestionar deben realizarse desde la cercanía, desde la capacidad de aprender a recibir de los demás, de valorar las diferencias individuales, de la buena observación y entender humildemente que estar rodeado de los mejores también puede "hacerme mejor".

Te invito a ver mi nuevo vídeo de Recursos Humanos & Cultura Colaborativa: LA SOMBRA DEL TALENTO.


Muchas gracias a tod@s por ver y compartir este vídeo y poder reflexionar juntos.
Muy buen fin de semana y hasta la próxima publicación.

DIEGO LARREA BUCCHI 
Twitter: @larreadiego 

viernes, 20 de abril de 2018

Factor “D”  (La analogía exitosa de la diferencia)

Nos resulta tan marketiniano hablar de “marcar la diferencia” que nos perdemos en la profundidad que sugiere realmente esta actitud, tanto en nuestra vida personal, social, como en la profesional. Hacer las cosas diferentes, pero ¿para qué? En tiempos de bonanzas hasta puede llegar a ser un “pecado capital” hablar de cambios cuando las cosas funcionan. 

El pensar en cambios en «momentos positivos» no significa no valorar o no potenciar lo que hoy nos da satisfacciones. Es poseer un sentido de la anticipación que sólo audaces visionarios pueden llegar a tenerlo, y la buena noticia es que no es una tarea compleja sumarnos a este grupo, tan sólo es cuestión de proponérnoslo. 

Por más que nos empeñemos en trabajar distintas técnicas, desde las más racionales hasta las más espirituales, el futuro es impredecible. Y mira que lo intentamos, pero no, nadie tiene la famosa «bola de cristal». Entonces, todo puede girar en dirección contraria en una milésima de segundo porque nadie domina esta ecuación, ni siquiera esos audaces visionarios. Porque incluso ellos son conscientes de su “debilidad” y buscan «la diferencia» replanteándose hasta sus más estruendosos aplausos y gloriosos éxitos.

Una empresa se autocondena si no ve como piedra filosofal de su misión el reinventarse permanentemente. Porque esa transformación o ese cambio está en nosotros y cada segundo que pasa como sociedad aprendemos, experimentamos, valoramos y exigimos de manera diferente. Por eso, esta constante actividad diaria no puede ser ignorada. Es parte de la propia evolución. Cuestionarnos cómo hacemos las cosas es una de las mejores técnicas de innovación y creatividad, además de ser lo que nos “distinga”. La humildad, la visión transversal, y la capacidad de empatía serán las grandes claves que nos abrirán o cerrarán la puerta de nuestro éxito.

Poner en práctica la «analogía exitosa de la diferencia» nos da la oportunidad cada día de lograr el verdadero equilibrio entre lo que somos, podemos ser y debemos ser. Y en nuestra vida personal también es bueno preguntarnos: ¿estoy dispuesto a cuestionar mis comportamientos diarios con mis hijos, pareja, amigos o familia para marcar más diferencias positivas e intencionales? o ¿tengo la humildad, la visión transversal y la capacidad de empatía para comprender las verdaderas demandas de los demás? ¿De verdad lo entiendo? ¿Estoy dispuesto?


La «proteína» del Factor D nos debe ayudar a marcar la “diferencia”, para salir de la abúlica rutina marcada por nuestros objetivos cortoplacistas y mirar realmente lo que tenemos a nuestro alrededor. Anticipar las señales de alerta y ser capaces de dar un paso hacia adelante dentro de nosotros mismos es crucial. Pero…¡Atención! Somos nosotros los que participamos de manera directa en el guión de nuestra película. No somos espectadores de lo propio y de lo ajeno. El tibio, el pasivo, el indiferente, el abandonado, el desidioso normalmente no acepta esa imagen en su espejo. Pero el día que la contrariedad golpea sus puertas, el cristal absorbe el vapor inoportuno y pone de manifiesto una dura realidad que probablemente con un “hoy no tengo tiempo” menos, se hubiera solucionado.

La diferencia la marcamos con nosotros mismos, y ella es la mejor escala de valor con la que podemos medir. No dejemos que los minutos pasen de largo. Hoy podemos ser capaces de levantar la cabeza y salir por un instante del mapa agendado que guía nuestras conductas y acciones diarias. El «yo pongo todos los días lo mejor de mi», a veces no es suficiente. Mirar a nuestro alrededor, simplemente escuchar, estar y observar a través de los ojos de los demás quizás nos ayude a ser mucho más efectivo y «diferente» de lo que hasta hoy hayamos intentado. Si sólo miramos nuestro ombligo, además del dolor cervical, no encontraremos más que nuestro ombligo.


Los grandes cambios en la humanidad se han producido por la observación. Por lo tanto, podemos ser como esos audaces visionarios, capaces de anticipar lo propio y lo ajeno, lo que ayer no vimos, lo que otros no supieron, y lo que muchos desearon. Y no hace falta irse muy lejos. Al lado de cada uno de nosotros tenemos el campo de estas misiones. Somos personas de valores, buenas personas que buscamos buenas personas, en un fluctuoso mundo apáticamente exigente. El Factor X puede ser talento, pero el Factor D nos da la oportunidad de transformar y romper con nuestros propios prejuicios, rutinas, hábitos y automatismos, dándonos la oportunidad de poner en práctica el verdadero «Factor Diferencial». De esta manera, estaremos más cerca de conseguir los cambios, la felicidad, el compromiso que buscamos y los éxitos que tanto deseamos.

«Solamente haciendo el bien se puede realmente ser feliz», decía Aristóteles. En un mundo de gestión de expectativas a corto plazo, donde pensamos que sólo tenemos que adaptarnos a las consecuencias del «botón de la transformación que alguien apretó mágicamente», quizás la auténtica diferencia sea provocar felicidad en nuestros equipos, clientes, familia, amigos, pareja, etc. 

Entonces ¿estamos dispuestos a formar parte del Factor D?