viernes, 14 de julio de 2017

El freno (El liderazgo Inseguro)

Estamos viviendo una transformación y cambio en todos los aspectos relacionados con nuestra vida y también en el ámbito del trabajo que junto al estilo de management y liderazgo no son una excepción. Existen una gran mayoría de profesionales que hoy ocupan un puesto de responsabilidad y tienen equipos a su cargo dentro de una organización que trabaja bajo los nuevos parámetros relacionales y de comunicación que la nueva sociedad demanda. Sin embargo, como en todo proceso, aún queda mucho por hacer.

Los hábitos y los viejos patrones y conductas no son simples de erradicar. Y más, en ámbitos donde el éxito ha acompañado durante años, donde las culturas están tan arraigadas que parecen a simple vista impenetrables. Incluso, donde los que toman las verdaderas decisiones están “más allá del bien y del mal” aunque el tsunami del cambio golpee sus puertas.

Cuando una persona se encuentra estancada profesionalmente, teniendo delante una manager o un equipo de dirección donde su estilo es más cercano al siglo XIX, los pensamientos y deseos por abandonar ese proyecto comienzan a ser una constante en su día a día.

¿Y qué aspectos pueden hacernos sentir incómodos y desencantados? Por ejemplo, la falta de valoración, el sentirse marginado del “grupo de los elegidos”, no compartir la manera de vivir los valores de la empresa o el cómo los vive el propio jefe. Que haya una cierta incompatibilidad entre ambos por desconocimiento, la falta de escucha sincera y que el manager sienta una permanente amenaza personal por la evolución y el desarrollo de su colaborador.

El miedo, producto de la inseguridad camuflada en distintos tipos de personalidades, es una de las características comunes en este tipo de perfiles de mando. Como comentaríamos coloquialmente en privado: están más a la expectativa de ser “puenteados” en las decisiones, o de si alguien quiere “robarles su puesto” (en argentino diríamos: “serrucharles el piso”) que de ser verdaderos líderes, referentes, coherentes e inspiracionales.

Dice una famosa reflexión que: “la gente no renuncia a las empresas, renuncia a los malos jefes”. Pues es allí donde la Dirección de la compañía debe asumir un rol protagónico y ejemplar, alejándose de la jerarquía meramente institucional e interviniendo de manera directa y ejemplificadora. Porque la pérdida del talento, de la experiencia, de la formación, del conocimiento de la cultura, deben encender las alarmas internas sobre todo en un mercado tan competitivo y fluctuante como en el que nos encontramos.

Como empresa no podemos permitirnos que la falta de sincronía entre un manager tóxico y su colaborador provoque un cortocircuito y una pérdida de capital humano. Esta es una lección que debemos aprender todos los que intentamos plasmar excelentes e imparciales programas de Evaluación de Desempeño, bien para Headhunters, Recruiter, o Selectores de Personal porque “no todo siempre es lo que parece” en el final de una experiencia profesional.

Una de las grandes misiones del nuevo liderazgo institucional es el convencimiento real que las personas son lo más importante en una organización. Venciendo así a la vieja cultura que aún está convencida que esta forma de gestionar es de «colorines y celofán». En este nuevo modelo, es el jefe quien tiene un deber ético con su equipo directo. Trabajar en ambientes donde el amiguismo, la condescendencia, el sectarismo, la falta de humildad y de aceptación o el desprecio por la discrepancia son moneda corriente, implica un verdadero agujero dentro de la verdadera transformación y cambio que una Empresa quiera realizar.

Aceptar este tipo de situaciones, escuchar solamente una de las partes, hacernos partícipes del murmullo y percepciones ajenas, no tener una clara posición al respecto más allá de lo que opinen los demás, no colaborar desde nuestro lugar para intentar solucionarlo, hacer oídos sordos ya que “esto no va conmigo”,  hacen que de alguna manera seamos corresponsables como miembro de una institución de lo que en ella se está viviendo.

Porque, ¿de qué servirá trabajar en Valores o en grandes Misiones y Objetivos si dentro de nuestra propia casa no podemos ser creíbles?. La imagen de marca empleador es una riqueza incalculable. Y cada manager tiene una responsabilidad única. Hoy no sólo se es marca sino experiencia, y más que marca debe dejar huella. Por lo tanto nuestra credibilidad hoy traspasa paredes y llega a la familia del empleado, a sus amigos y a sus círculos inmediatos desarrollándose poco a poco el verdadero mensaje no escrito que vamos a transmitir a la sociedad, en definitiva a nuestros clientes.

Hay muchas maneras de afectar la productividad, el compromiso de un equipo de trabajo y la reputación de las empresas. Pero tener entre nuestras filas los frenos que impidan el verdadero desarrollo de la innovación, de la competitividad y de la cultura, es un verdadero problema. Y aún más, cuando son unos convencidos que el deseo de evolucionar de una persona es simplemente un “afán desmedido de poder o ambición”.

Las organizaciones triunfan cuando sus profesionales se comportan con seguridad, autenticidad, humildad y audacia. Los auténticos líderes buscan equipos con integrantes mejores que ellos mismos y viven con orgullo el participar de su desarrollo y evolución. Su verdadera misión es hacer que las cosas sucedan, ejerciendo una influencia positiva. No se trata de una personalidad estridente, o de tener una buena comunicación o facilidad para hacer amigos, se trata de tener el talento para llevar el potencial ajeno a límites inimaginados en post de los mejores resultados.  

Si algún día sentimos como el freno inseguro entorpece nuestro andar, recordemos que no hay fracasos, sólo hay resultados. Y nuestro mejor resultado es el aprendizaje de haberlo vivido, por más doloroso y solitario que haya sido el camino. Mirar desde el fondo ayuda a dimensionar el camino hacia la salida y también a prevenir futuras caídas.  Como decía Jack Welch: “Si tus acciones inspiran a otros a soñar más, aprender más, hacer más y ser mejores, eres un líder”.



DIEGO LARREA BUCCHI 


viernes, 7 de julio de 2017

Transformación colaborativa multigeneracional (Trabajo del Siglo XXI)

Todos, de una u otra manera, estamos inmersos en debates muy enriquecedores sobre la transformación que se está llevando a cabo en nuestra sociedad, a mayor o menor escala según el ámbito y las circunstancias. Y todos somos grandes privilegiados por vivir en primera persona uno de los mayores cambios de la historia universal.


Así como este cambio se cuela en el día a día de las personas, también irrumpe directamente y sin pedir permiso en las organizaciones. Tanto en la relación cliente como en relación con sus colaboradores y replanteando su estrategia para competir de manera diferente en un mercado constantemente cambiante.


También provoca una profunda reflexión y replanteamiento de su comunicación, su imagen de marca, su estilo de liderazgo, de management, de perfiles, de desarrollo, de organización interna, etc. Por si esto fuera poco, la inminente generación a corto, medio y largo plazo de nuevos puestos de trabajo que hoy no existen. Y en paralelo la mutación o destrucción de otros puestos que hasta hoy tenían su relevancia, pero que la obsolescencia llama a su puerta.

Tenemos que tomar decisiones inminentes ante un escenario que no dominamos y desconocemos sus alcances reales . La automatización, los algoritmos personalizados de recomendación, el Big Data, el crecimiento de la robótica y otros elementos combinados, como puede ser la inteligencia artificial nos dan la bienvenida y sin preguntar ya están en plena acción.


Mientras el Foro de Davos estima que se eliminarán 7 millones de empleos en todo el mundo hasta 2020, la Unión Europea prevé que se generen 900.000 nuevos puestos de trabajo en economía digital en el mismo período. ¿Cuál de esas previsiones es correcta? Probablemente las dos lo sean.


Evidentemente hay y habrá una transición entre la vieja economía y la nueva en el mercado laboral. Tenemos que ser capaces de anticiparnos, cada uno desde su ámbito, para que la inclusión del talento multigeneracional sea uno de los grandes pilares y cambios en el nuevo ecosistema.


Estos últimos años hemos hecho perfectas descripciones acerca de quiénes eran y cómo actuaban cada una de las generaciones: la Baby Boomer, Generación MTV, Generación silenciosa, Generación X, Generación Y, Generación Z, etc. Nos conocemos, mejor o peor, y sabemos que todos existimos. Y ahora es el momento de la acción, del cambio, donde todos y cada uno debemos tener un rol importante, aportando desde nuestro punto de vista y experiencia.


Porque si la masa población mundial activa, o potencialmente activa, envejece a ritmos vertiginosos (según estudios de organismos internacionales) y dentro del proceso de innovación y transformación se crearán y destruirán esos puestos de trabajo que hablábamos ¿no será el momento de considerar a los mayores de 50 años una pieza clave en el nuevo modelo sociolaboral comercial?


Y por supuesto que debemos seguir invirtiendo en la formación universitaria, en facilitar la buena integración del nuevo talento multidisciplinar en la toma de decisiones reales de las empresas y en continuar reduciendo la brecha entre el mercado laboral y el educativo. Asimismo, en seguir apoyando los buenos planes para la natalidad, en pasar del discurso bonito a la realidad en conciliación laboral y familiar, y facilitar nuevas aportaciones de calidad al fondo de reserva jubilatorio. Todo ello sin olvidar que la balanza, en muy poco tiempo, estará del lado de las personas que hasta ayer pensábamos que estaban entrando en su último ciclo laboral. Y esta mayoritaria masa poblacional no sólo tendrá rol y perfil de trabajador, sino que serán los principales clientes a los que el mercado tendrá que seducir.


Esto tiene que ser una carta ganadora, tiene que ser una buena noticia dentro de las alarmantes cifras que tenemos sobre la mesa. Un gran colectivo que en sus próximos 15 años de vida profesional, aproximadamente, podrán aportarnos su experiencia, su visión y a la vez tendrán la gran oportunidad de aprender y reinventarse. Profesionales capaces de asumir sin temores la incertidumbre y la disrupción de los viejos modelos de negocio.



¿Quién dijo que esa generación solamente busca que el tiempo pase? Quince años para una vida profesional es mucho. Y si a eso le sumamos que sus grandes responsabilidades familiares ya están medianamente cumplidas, todo es un beneficio compartido.


Porque la transformación también llegó a su puerta y son muchos los que están muy ocupados en su reinvención, en evitar la zona de confort y gestionar su carrera de forma activa. Saben que no son nativos digitales, que están muy por detrás en el aprendizaje instintivo, y que deben invertir mucho tiempo y esfuerzo en el conocimiento y desarrollo de habilidades que les permitan adaptarse a nuevos desafíos, nuevos puestos y nuevas responsabilidades. Esto implica humildad, paciencia, escucha, romper patrones y hábitos adquiridos, etc. Y también saben que se habla un nuevo idioma, donde la patrones comunicacionales y relacionales en este escenario multigeneracional son fundamentales en la convivencia y en la generación de espacios comunes de trabajo y colaboración para llegar a buenos y nuevos resultados.


Y en esta transformación, fundamentalmente de las personas, hay muchas cosas que tenemos que cambiar. Sobre todo en nuestra manera de hacer las cosas porque estamos reorganizando el futuro inmediato, algo que desconocemos pero donde a la vez tenemos una enorme responsabilidad.


No podemos asumir los nuevos retos con libros y fórmulas de un pasado exitoso. Estoy seguro que Lennon y McCartney, en un “mágico y misterioso” reencuentro en algún lugar de Liverpool, jamás utilizarían sus triunfantes secretos inspiracionales de los sesenta y setenta para subir hoy al podio de la Lista Billboard.


Esta transformación colaborativa multigeneracional sólo puede y debe ser un éxito, pero debemos ser capaces de romper paradigmas, prejuicios e intentar entre todos tener visión y perspectiva de futuro.

¡Anticipémonos ya mismo! Seamos líderes audaces construyendo modelos creíbles, medibles, exitosos, adaptados e integradores. Y, basándonos en los valores, intentar aprovechar al máximo el actual desnivel de la balanza generacional para construir la mejor herencia que podamos dejarle a nuestros hijos y nietos.

DIEGO LARREA BUCCHI 
Twitter: @larreadiego 

viernes, 30 de junio de 2017

Somos rueda (La resiliencia oportuna) - Vídeo 12 - Canal Youtube RH&CC

La vida es movimiento constante y da muchas vueltas. Siempre sucede, no espera, casi no da tiempo a reflexionar. Sea en nuestra vida personal como en la profesional. La transición entre los buenos y malos momentos es tan trepidante que muchas veces no somos conscientes de lo que dejamos detrás y de la manera en que lo hemos gestionado.

Estemos arriba o abajo de la rueda, jamás debemos olvidar quiénes somos. Porque todo es temporal, todo es un instante. Y en el instante que menos lo esperemos, la coherencia y el talento por mantener nuestros valores y nuestra esencia nos dará la verdadera credibilidad y fortaleza para seguir rodando.

Sin cambio no hay mariposa. Aceptemos el momento «capullo»  aunque parezcan eternos los malos momentos. Porque todo renace detrás de nuestra actitud, de nuestra perseverancia, coherencia y valores a pesar de todo y de todos. La rueda se mueve, tu súbete.

Te invito a ver mi nuevo vídeo "Somos rueda (La resiliencia oportuna)", que forma parte de mi Canal Youtube Recursos Humanos & Cultura Colaborativa.




DIEGO LARREA BUCCHI 
Twitter: @larreadiego 

viernes, 23 de junio de 2017

Entre tú y yo: la comunicación

Estamos surfeando la ola de la comunicación incomunicada. Un espacio experimental y de aprendizaje en la evolución humana que tenemos el privilegio de vivir y participar. Somos la gran generación del cambio. Vivimos con gran entusiasmo esta mutación tecnológica de nuestras vidas y hasta límites interminables nos dejamos seducir por la arrasadora innovación sin entender a ciencia cierta los para qué.

Asimismo, compartimos el desafío de una sociedad donde la única certeza es la certeza de la incertidumbre. Y sin embargo, estamos convencidos que el arte de la buena comunicación sigue basándose únicamente en la transmisión de nuestro razonamiento o mensaje. Que son los demás los que deben realizar el esfuerzo por entendernos y adivinar nuestras intenciones y objetivos. Las palabras deben germinar de la escucha, nunca al revés, porque la necesidad de transmitir requiere la capacidad primaria de comprender. El “gran cambio” evolutivo de esta Era no es responsabilidad de las Organizaciones ni de la tecnología, el “gran cambio” está en nosotros.


No hay nada en este mundo que se interponga más entre dos personas que la comunicación. Un elemento clave y ancestral de entendimiento y evolución que hemos sabido desgranar, estudiar, teorizar, ejemplificar, etc y que paradójicamente continúa siendo la gran llave o el peor candado para el logro o fracaso de nuestros objetivos.

Me tomo el atrevimiento de reformular la famosa frase de Mahatma Gandhi diciendo que: somos “dueños” de nuestras palabras pero también de nuestros silencios. Y en cambio somos “esclavos” de nuestro absoluto convencimiento en creer que ambas forman parte del entendimiento.

No hay ninguna duda de que nuestro conocimiento comienza por la experiencia y la experiencia nace de las necesidades. Es en esta estrecha relación, donde se fundamenta la importancia del Otro como eje de nuestro mensaje. Pensémoslo fríamente y sin egos: sin el Otro nuestro mensaje no existe. La indiferencia, ausencia o contrariedad del Otro en nuestra comunicación la altera, la deroga, la invalida provocando tensión, confusión, disgusto, aumentando el desinterés, la ausencia y la contrariedad. Por lo tanto, ese mensaje debe partir desde la observación inteligente tejiendo lentamente un círculo de confianza,  salvo que no se trate de una comunicación sino de un dictamen, sentencia o veredicto.

La comunicación sin palabras probablemente mutaría pero sin escucha moriría. Las grandes verdades se refugian en los mayores silencios y la capacidad para entrar en ellos y descubrirlas se transforma en talento si somos capaces de anteponer nuestros intereses al interés común. El conocimiento muere en manos del mudo erudito porque la sabiduría que no se comparte, que no permite ser cuestionada, que no se integra, que no se debate, se escabulle entre los dedos como arena de absurda ignorancia.

La velocidad en la que vivimos día a día no nos permite muchas veces reencontrarnos en esos ambientes generadores de buena comunicación que necesitamos para el óptimo entendimiento. Y si a eso le sumamos el cansancio, la rutina y las obligaciones...por más buena voluntad que antepongamos, el caos y el ruido comunicacional arrasa todo como un casero tsunami.

Pero tenemos todo en nuestras manos para que la comunicación deje de ser un instrumento y pase a ser un estilo de vida. La simple pero compleja responsabilidad de crear ambientes de felicidad y también de comunicación y entendimiento depende única y exclusivamente de nosotros. Y para ello, la “transformación” o el “cambio” deben hacerse desde lo auténtico, desde la humildad y desde la empatía para hacer, cada uno desde su lugar y responsabilidad, que esta sociedad sea un escenario como alguna vez nos hemos atrevido a soñar.


La sorda inmediatez del “Mundo Whatsapp” no es un excusa. Abramos un espacio real que comience por nosotros, por nuestra casa, por nuestros hijos, pareja, amigos y continúe en nuestro trabajo con nuestros equipos, proveedores y clientes. Un espacio donde la mayor riqueza sea la capacidad de dialogar, de escuchar y la facultad de comprender. Donde el “no tengo tiempo” sea la peor inversión que podamos realizar. Donde ya no importa quién tiene la razón sino que la razón sea con quién. Y así, descubrir lo imperceptible. Porque lo que no se dice es lo importante y ese es nuestro gran desafío.

Abramos la puerta, todo es posible, porque, entre Tu y Yo está la Comunicación.

DIEGO LARREA BUCCHI 
Twitter: @larreadiego 

viernes, 16 de junio de 2017

La suma que multiplica

Detrás de las barbaries e injusticias que sacuden nuestras pantallas diariamente, hay personas que multiplican, que hacen que este mundo deje de ser una isla endogámica individualista para convertirse en un conjunto colaborativo, donde «el valor de las personas que nos hacen mejores personas» sea la piedra filosofal inquebrantable de toda sociedad civil, familiar o comercial.  

Desde la infancia y a lo largo de todos los procesos de formación, la imitación tiene un rol fundamental en la transmisión de conocimientos, emociones, hábitos, conductas, etc. En el niño y en el adolescente esta imitación se torna natural y en el adulto posee un papel destacado e influyente. Lo relevante de ese aprendizaje cognitivo social es que tiene como elemento fundamental y transversal, los valores. Y, por ende, la responsabilidad de la posterior adquisición de la conducta observada.


Somos el impacto que causamos en el otro. Por eso, tenemos la oportunidad en nuestras manos de generar una cadena mimética de bienestar a distintas escalas y sectores de nuestra vida. Hemos copiado de nuestros padres, ellos lo han hecho de los suyos y hoy somos espejo de nuestros hijos. Por lo tanto, la simple pero compleja responsabilidad de crear ambientes de felicidad depende única y exclusivamente de nosotrosIncluso, más allá de las circunstancias momentáneas que nos toque vivir, el cómo gestionemos nuestra realidad también podrá ser imitado.

Como sociedad, vamos experimentando un sentimiento de vacío e individualismo producto de la adaptación a las circunstancias que nos rodean y atemorizan. Eso lo transmitimos, día tras día, a nuestro entorno y de manera consciente o inconsciente. Entonces el círculo se agranda y cada día restamos para continuar dividiendo.

Tal vez sea la hora de imitar y poner en valor la suma que multiplica. Una suma que está en manos de personas que se encuentran probablemente muy cerca o lejos de nosotros, pero que viven y contagian valores sin necesidad de grandes discursos ni intereses particulares.

Son personas que nos hacen mejores personas. Personas de acero inolvidable. Y sí, existen, y probablemente no nos hayamos dado ni cuenta que los tenemos al lado. Porque hay personas que te cambian la vida en un instante. Personas que saben estar en el momento y el lugar indicado. Personas que sin saberlo han modificado el ritmo de tu respiración. Personas que con tres palabras han terminado de escribir tu eterna frase. Personas que con el buen silencio han sabido darte el refugio que estabas buscando.


Hay personas que ni siquiera conocemos que con un simple gesto te han hecho ver el día con otros ojos. Personas que saben entender que un mundo cotidiano anárquico y rutinario sólo lleva a la rueda del hámster. Personas con memoria. Personas para las que el detalle es el regalo más preciado. Personas para las que el olvido es un insulto. Persona que regalan coherencia con sus palabras y sus actos. Personas valientes. Personas que saben irse y llegar cuando es necesario. Personas que no regalan palmadas, ni risas histriónicas, ni gritos de guerra, tan sólo aquello que realmente necesitamos.  

No miremos hacia un lado. Ahora es un buen momento. Sumémonos a ese proceso de aprendizaje que busca el contagio de manera deliberada. Que el factor imitación comience por cada uno de nosotros. ¿O queremos seguir con gripe en un ambiente de griposos? Podemos reconstruir nuestra sociedad civil, familiar o comercial si entendemos que nuestro comportamiento hacia los demás es a menudo un reflejo de cómo nos tratamos a nosotros mismos.

En la suma que multiplica ya lo decía Aristóteles, "somos lo que somos repetidamente". Y será nuestro desafío elegir qué quiero repetir. La elección es creación y en cada momento puedo hacer uso de mi decisión. Por ello, comparto el deseo de que el hábito de aquellos que transforman nuestra vida nos impulse a imitar y contagiar buenos modelos que nos cambien la vida de verdad. Puede que lo que hagamos no traiga lo que anhelamos, pero, si no hacemos nada, nunca lo sabremos. 

¡A contagiar!
DIEGO LARREA BUCCHI 
Twitter: @larreadiego