LOS FORMALIZADORES DE PASIONES

Que los tiempos han cambiado no es novedad y hasta parece una trivialidad mencionarlo, pero lo vamos notando en pequeños detalles de la vida diaria. Por supuesto que las grandes transformaciones tecnológicas o científicas nos están abriendo un mundo que profundiza en nuestra expectativa de vida y nuestro accionar diario, pero por otro lado lentamente vamos viendo como algunos principios que hasta ayer nos parecía importantes se van racionalizando, "normatizando" o reglamentando. Estos, queriendo o sin querer, están apagando esas pequeñas grandes pasiones que daban sentido a una mesa de café entre amigos, unas charlas de domingo en familia, una fantasía o un anhelo juvenil, un proyecto quizá disparatado, etc.

La “formalización de las pasiones y las ilusiones” es una contradicción en sí misma. Todos nos enamoramos de las sensaciones que nos produce esa persona que nos ha revolucionado el corazón y no vamos al Manual de sus Competencias y Habilidades para saber si encaja o no conmigo. Nos enamoramos y punto. Vivimos, disfrutamos, reímos, lloramos, nos ilusionamos, proyectamos, a veces nos equivocamos, y otras veces no. Pero no formalizamos nuestra pasión, nuestra ilusión.

De niño recuerdo jugar con un cepillo gigante, mientras el agua del baño corría antes de ducharme. Y entre el vapor y el espejo me imaginaba con una guitarra o micrófono ser un Beatles o un Stone. Formalizar mi pasión o mi ilusión no hizo que yo abandonara mis deseos por subirme a un escenario. 

No hablo de alimentar falsas expectativas, o vivir en un mundo paralelo a la realidad. Me refiero a no matar con la posible lógica algorítmica del futuro a la fantasía, al sueño o la imaginación de un niño o adolescente.

“No serás músico porque el mundo de la música es muy difícil y es un azar. No llegarás a ser futbolista porque solo llegan los elegidos y por contacto. No llegarás a ser el dueño de tu propia empresa porque no tienes los medios suficientes para desarrollar tu proyecto.  No llegarás a ser un reconocido abogado porque la competencia es muy alta. No llegarás a ser quien tú quieres ser porque “todo depende de los demás, de las circunstancias, y no de ti”. 

Este es el mensaje que “la formalización de las pasiones y las ilusiones” nos está menoscabando diariamente y de manera silenciosa anula por decreto la capacidad por imaginar, tener una visión, luchar por lo que uno quiere, el valor del esfuerzo para conseguir las metas, el trabajar la frustración del no conseguirlas, tener la capacidad de sobreponerse y reinventarse, formarme para un mientras tanto o para coger un nuevo rumbo. Pero nunca matar la ilusión, porque estaríamos matando el deseo, la esperanza, el entusiasmo, la imaginación, la innovación, superación, el ansia de progreso, de avance, en definitiva, de evolucionar a través de nuestra felicidad. En cambio, sí debemos ayudar a preparar la mochila para el camino. Una mochila que tenga las buenas herramientas tanto para poder subir a la montaña de los éxitos y los anhelos como para bajar con cuidado la del fracaso y siempre con el afán de volver a subir.

Necesitamos mas ilusionistas y más ilusionados. Menos formalizadores de las pasiones y de ilusiones y más formadores de personas que acompañen en esta etapa de ostracismo tecnológico comunicacional a estas nuevas generaciones con un mensaje ilusionante, real pero cautivador, y dejemos que fluya la sangre, la energía, y ayudémosles a que nunca pronuncien la frase: “que hubiera pasado si…”

Diego Larrea Bucchi
Experto en Recursos Humanos y Comunicación
Executive Director en Side by Side y Colaborador en Inxpirius.
Miembro de DCH – Autor de “La Era de las Personas”.