viernes, 29 de marzo de 2013

¿Y SI LA PROXIMIDAD A LAS PERSONAS ES LA CLAVE DIFERENCIAL EN NUESTRA CUENTA DE RESULTADOS?

Los que tenemos la fortuna de transitar por empresas ajenas o somos emprendedores de nuestros propios negocios escuchamos hablar casi de manera permanente, más en épocas de crisis, de la medición de la productividad. Las tablas y los gráficos inundan los fondos de nuestros ordenadores o de nuestras paredes de presentaciones al respecto, quizás sin entender que la misma fórmula que en algunos casos el departamento de Recursos Humanos (que entendemos muchas veces, cada vez menos por suerte, como ajeno al negocio) nos está dando es la clave de nuestra mejor medición y posterior resultado.

Fórmula simple, eficaz y eficiente: “La Reunión Individual” con nuestro colaborador y con nuestro equipo, planteada incluso mensualmente, en un lugar donde podamos dar un marco de confianza, participación y apertura. Planteado de esta forma, ¿cuántas veces escuchamos decir que es una pérdida de tiempo? Y la contra pregunta es: ¿somos capaces de medir el factor diferencial que nos puede aportar un trabajador motivado, que entienda el negocio como suyo y participe por ende en las tomas de decisiones? Ese famoso RI de la RI, el Retorno de la Inversión de la Reunión Individual.

Son muchas las veces que me he encontrado esta respuesta:” ¿Para qué? si con ellos comparto el día a día, están al tanto de todo, y saben que pueden contar conmigo cuando lo necesiten” Y yo me pregunto: ¿Y si no es así? ¿Somos capaces de animarnos a salir de nuestros esquemas mentales y meternos en la piel de la otra persona? Quizás lo que damos por hecho no lo es, tal vez la confianza que doy como manager no siempre llega de la misma manera, por supuesto porque no todas las personas somos iguales ni necesitamos lo mismo, o puede que los espacio que creamos de diálogo no son lo efectivos que me imagino, ¿y si estos medios que utilizo juegan en contra de esa productividad que mido? ¿si mi colaborador no encuentra el camino de llegar a mí, de sentirse a gusto, de encontrar el espacio para poder dar lo mejor de si, o simplemente por encontrarse en una etapa personal difícil y ser incapaz de compartirlo y eso afectar directamente en su rendimiento?

¿Y si ese management de proximidad formalizado nos ayuda a establecer un espacio único, siendo capaces de entrar con preguntas más allá a las que formulamos en nuestro día a día? Transmitir de manera clara los objetivos de trabajo a corto y largo plazo, construirlos de manera conjunta con nuestro equipo, de manera individual y colectiva, hacer un acompañamiento de los puntos fuertes y las áreas de mejora, ayudar en la evolución y desarrollo individual, entendiendo las diferencias entre las personas y ayudándolas a conseguir los objetivos con empatía y la responsabilidad que nos corresponde como manager. Escucharles y saber de cada cual sus miedos, sus expectativas, sus gustos, nos pueden dar la clave de convertir las individuales de las personas en un equipo altamente productivo. Y esto no es una vez al año, las personas evolucionan en el día a día, y debemos acompañar esa evolución para hacer que el resultado sea el mejor, para la persona y para compañía.

Evidentemente la empresa no es una “gabinete psicológico, ni una fundación, ni una ONG”, pero si lo primero son las personas no tendremos ninguna duda que la fórmula es la acertada, y si los números, los resultados, están por delante por nuestra responsabilidad, cargo o formación hasta la “realidad de nuestras cuentas” harán al menos cuestionarse hasta los más descreídos. Y desde el punto de vista del colaborador, encontrar el lugar donde poder desarrollarse como profesional y como persona será un beneficio que marcará la diferencia a la hora de poder retener su talento con nosotros.