viernes, 23 de agosto de 2013

LA “GENERACION CLICK”: DE ESPACIOS, TIEMPOS Y ESCUCHAS.

Aristóteles definía al tiempo como el número, o la medida del movimiento según antes y después. El tiempo es entonces la dimensión del cambio. Ya que si nada cambiara, no habría tiempo. Y evidentemente el tiempo no existe en sí mismo, no existe porque es una simple medida. No existe el tiempo como no existe ni el kilómetro ni el litro, sino únicamente las cosas que son medidas por tales patrones convencionales. Pero hoy quiero quedarme con esta definición: “El tiempo es vida”. Es la vida que se procesa y que se construye, se despliega y hacia el final se repliega. El valor del tiempo y del no tiempo, del escuchar y no escuchar, del ruido y del silencio. En la GENERACIÓN CLICK…generación de las comunicaciones, comunidades y redes sociales, de la participación, de la respuesta inmediata, del todos conectados, del todo en un mismo lugar, “el tiempo, la escucha y el silencio” son la clave y en nosotros está el desafío.


Y en el camino del tiempo, la manera más moderna de ver el futuro es aprender también del pasado. Escuchamos a Nietzsche cuando habla que la vida tiene necesidad del servicio de la historia y le pertenece al ser vivo en la medida en que preserva y venera lo que ha hecho

Y no por un afán nostálgico  melancólico valoramos el pasado sino por su forma de ver la vida, relaciones diferentes, un comercio diferente, y un valor en los "tiempos, la escucha y el silencio" que deberíamos ser capaces nosotros, esa GENERACIÓN  CLICK, de estudiar un instante antes de continuar nuestro apasionante pero vertiginoso camino en el mundo 4G. Y surgieron en mi estas las preguntas: ¿Quién se ha encargado de darle cuerda por demás al reloj? ¿Quién ha alterado el ritmo lógico de la cultura de la proximidad? ¿Identidad vs. Velocidad?

El tiempo, el ritmo, el compás acelerando la marcha, la melodía, hasta convertirse en un estrepitoso, absurdo y confuso ruido que nos agobia y nos hace replantearnos el por qué de las cosas. Como la situación vivida por ese instructor de paracaidismo que estaba contestando a las preguntas de sus nuevos estudiantes, hasta que uno de ellos hizo la pregunta habitual: Si el paracaídas principal no se abre, y el de reserva tampoco... ¿Cuánto tiempo tengo antes de chocar contra el suelo? El instructor le miró y le contestó con voz profunda: El resto de tu vida.

Ese remplateo sobre el tiempo, el agotamiento, el agobio en esta carrera justamente contra el tiempo hizo que me fuese a escuchar a los que saben, y no dudé un segundo en asistir a una formación sobre la Gestión del Tiempo.  Algo debía cambiar en mi, y ahora era el momento, no se si esto era la solución, pero soy parte de esa generación y algo no estaba cuadrando en mi. Una vez finalizado, salí de allí con la mente llena de ideas, entusiasta, con el espíritu ilusionado o al menos eso creía yo y me detuve, no mucho tiempo (para “no perder el tiempo”) a realizar mi lista de buenos propósitos. Con el correr de los días (no muchos para no “excederme”)  intenté seguir el listado de cosas que me habían propuesto en el curso: ser un hombre productivo, restablecer de manera metódica mis espacios perdidos, desterrar mis momentos “muertos”, reactivar mi lista de tareas pendientes, mis objetivos, fue allí que reforcé las planificaciones que meses atrás construí, analicé las diferencias y similitudes entre ser eficaz y eficiente, compré libros “best sellers” que pudieran gestionar mis emociones y ser un mejor profesional, abandoné mis “malas” ambiciones y me dispuse a actualizar mi vida comprándome además un teléfono móvil con todos los elementos necesarios y gestionar de una manera actualizada eficazmente mi vida. O al menos eso creía yo, porque el tiempo, la escucha y el silencio no aparecian nunca en mis prioridades. Comencé sin darme cuenta a estar permanentemente conectado (si era fines de semana mejor) para que todos comprobasen el "amor" que tengo por mis responsabilidades, ser el primero en saberlo todo, en contestar lo antes posible, en definitiva ser el numero uno y mejor auto gestionado de todos. Aunque los medios y los métodos se fueron descarrilando y yo casi sin saberlo.


Con el tiempo (valga el juego de palabras) empecé a creer que era visible para los que era invisible hasta el momento, a ver como esos patrones de conducta que habían compartido conmigo en el curso y esos ejemplos de mejora me estaban ayudando, pero había algo que en mi seguía sin estar bien. Debia centrarme en lo que verdaderamente me estaba ocurriendo.

Di vueltas en mil pensamientos y entendí que estaba incorporando a mi vida personal y profesional millones de elementos que facilitaran la vida, la forma de relacionarme, de gestionarme, y la teoría indica que es una evolución y revolución material y organizacional que aporta de manera directa en nuestro confort, pero la realidad es que estamos cada día más metidos en las soledades infinitas, en los espacios indiferentes y en las barreras más cercanas que son realmente un freno a la hora de lograr los verdaderos objetivos por ese afan de llegar, de llegar y nunca llegar.

Mi duda no se detuvo y navegando por mi nuevo internet encontré como en distintos medios hoy en día grandes existen debates sobre la incorporación de las redes sociales en conjunción con los sistemas móviles de telefónica y el cambio de paradigmas que ya afectan tanto en nuestro entorno más íntimo familiar como en nuestra vida laboral.

Descubrir cómo incluso tenemos un tecnicismo llamado PHUBBING  (del inglés, desairar con el teléfono) donde prensa, blogs, debates ya hablan de lo que seguramente mucho tiempo antes nos ha sucedido a varios de nosotros como usuarios, teniendo que enfrentar una discusión o bien un mal momento. Se llama así al  acto de desairar a alguien en un entorno común mirando el teléfono en vez de prestarle atención. Y no es una conducta exclusiva de los más jóvenes sino que compromete a todas las edades y géneros.

Incluso observamos de una manera absorta (pero tranquila) como por intentar gestionar mejor el tiempo, nuestro lenguaje lo vamos perdiendo en geniales inventos como el WhatsApp o el Line que nos ofrecen mucho más herramientas que un SMS y de manera gratuita pero que en ningún momento sus creadores se propusieron y proponen minimizar nuestras conversaciones, nuestras relaciones, nuestras respuestas, nuestros pensamientos y por consecuencia nuestro intelecto. Rapidez, concreción e inmediatez sí, pero para aquello que lo necesite. Administrar y gestionar el tiempo sí, pero en los momentos indicados. Que los grandes descubrimientos no nos encubran. Que la "red" nos sostenga y nos una, pero que no nos atrape como peces en el mar.

Y siendo un convencido que las tecnologías nos están llevando a un cambio en nuestra forma de relacionarnos, en nuestra forma de trabajar, en nuestra forma de compartir, y que daremos un salto cuantitativo y cualitativo si sabemos hacerlo, es necesario que al margen de estas cuestiones anteriormente planteadas que están muy bien para una revista y darle un color especial a su número, nos planteemos de verdad hasta donde tenemos que ser nosotros, la GENERACION CLICK los verdaderos dueños de las formas, los tiempos, la escucha y también los silencios.

Hace unos años comencé a sentir como la gente evitaba tener conversaciones muy largas por más que el tiempo no fuese un problema, pero estamos tan “aleccionados” que el tiempo es oro, y que debemos ser productivos que se nos escapan los verdaderos pilares de la esencia del conocimiento y la comunicación, incluso en nuestro negocio, cuando no escuchamos realmente lo que le sucede a nuestro cliente, lo oímos, le sonreímos, le acompañamos, le volvemos a sonreír, seguimos el manual de Atención al Cliente a rajatabla y quizás le damos una solución inmediata, pero ¿realmente lo hemos comprendido? ¿lo hemos conocido? ¿lo hemos valorado?

Entonces algunas luces empezaron a descubrir mi camino oscuro de pensamiento y bloqueado por el que yo llamé “culpable” al curso de Gestión del tiempo y preguntarme: ¿sabemos tomarnos el tiempo, el verdadero sabor del tiempo con la gente que realmente nos importa? en nuestra casa…en nuestro trabajo con nuestra gente, con nuestros equipos, en nuestra relación comercial con ese mencionado cliente que espera mucho de nosotros.

La clave de la comunicación muchas veces no está en la palabra, ni en la gestión del tiempo, sino simplemente en un buen silencio y en el saber escuchar. En estas épocas donde el que llega primero gana, regalémonos espacios, tiempos, y escuchas verdaderas que las actualizaciones ya se descargarán solas.