viernes, 22 de enero de 2016

Viva el fracaso!

Nos caemos en un pozo porque estuvimos buscando el camino, nos chocamos contra la pared porque averiguamos la salida, nos golpeamos contra el techo porque intentamos dar el salto. Solamente aquel que duerme frente a su quietud y descansa en su conformismo, alcanza la gloria del letargo, donde nunca pasa nada.

En lo estrictamente personal y en lo profesional, el hombre /la mujer decide permanentemente, y lo hacen desde las micro conductas cerebrales que se transforman en hábitos, pasando por la gobernabilidad o anarquía de las emociones, o la materialización de sus áreas racionales. En todo este entramado de canales internos navegan nuestras decisiones, decisiones que a su vez toman decisiones: algunas se acuestan a dormir al costado del río, otras navegan al borde de una catarata, decisiones que escogen el cauce más estrecho, otras el más ancho, otras el de mejor paisaje, otras el más selvático y oscuro, pero todas eligen, incluso la que decidió dormir también lo ha hecho.


Todas y cada una de ellas parten de una misma premisa: la posibilidad del fracaso. Y no desde un punto de vista pesimista, sino porque el verdadero éxito es asumir el fracaso como punto de partida. Decía Thomas Alva Edison “No he fracasado. He encontrado 10.000 soluciones que no funcionan”, porque detrás de esos 10.000 supuestas derrotas no solo hay un aprendizaje, hay decisiones, hay voluntad de cambio, afán de superación y una búsqueda de algo distinto.

A veces sucede que tomamos decisiones que nos llevan a arruinarlo todo, a hundirnos en lo más bajo, pero es desde allí donde sentimos  por primera vez la claridad de nuestro camino, porque cada fracaso nos enseña que teníamos aún algo que aprender.

Con esta perspectiva más amplia podemos ver que el camino hacia cualquier éxito está marcado por sucesivos errores, gracias a los cuales fue posible una mejora y perfección progresiva. Desde este enfoque, por lo tanto, se entiende el fracaso como un ingrediente indispensable y esencial en el proceso que lleva al éxito.

La innovación se basa en la metodología del fracaso, en crear hábitos en las tomas de decisiones, en la mejora de la organización, de los tiempos, de los objetivos, porque los resultados “fantásticos” son 1 de cada 1000 pero es de esos 999 donde renacen los grandes disparadores de nuevos y mejores proyectos.

Es el miedo el que lleva a dejar pasar oportunidades o a no buscarlas, el miedo a ser uno mismo, el miedo a las palabras, a la escucha, a la verdad, un miedo que paraliza, un miedo al fracaso, a la soledad, al aislamiento. Cada frustración, cada descalabro, cada contrariedad, cada desilusión, lleva consigo el germen de una infinidad de capacidades humanas desconocidas, sobre las que los espíritus pacientes y decididos han sabido ir edificando lo mejor de sus vidas.

Es el movimiento, la acción, la búsqueda, la iniciativa, la proactividad, quienes nos impulsan de manera equivoca o triunfante hacia un gran abanico de posibilidades, por eso, lo más importante es entender como decía Friedrich Nietzsche que no podemos renacer sin antes haber quedado reducido a ceniza.

DIEGO LARREA
Twitter: @larreadiego