viernes, 17 de octubre de 2014

¿No me escuchas? (De las hipoacusias relacionales y la comunicación)

Nos encontramos frente a frente con alguien que sabemos que no nos está escuchando, pero mueve su cabeza asintiendo y mostrando interés. Sabemos perfectamente que está pensando en cualquier cosa menos en lo que le estamos diciendo. Y así podríamos escribir miles de situaciones que nos han sucedido sobre desencuentros comunicacionales como miradas en el horizonte mientras hablamos, miradas a teléfonos u ordenadores,  o simplemente ignorancia absoluta hacia nuestra presencia o comentario. Independientemente de la jerarquía, el rol que ocupemos o la relación que tengamos, este tipo de desplantes pueden ser motivos suficientes para dar comienzo a una grieta letal, que por más pegamento que pongamos, de cerca se notará. Allí, tal vez, descubramos que la habilidad de “saber escuchar” es más difícil de encontrar y desarrollar que la de ser “buen comunicador”, pero proporciona más autoridad e influencia que esta última.

Realmente, pasamos más tiempo escuchando que hablando. Del tiempo total que dedicamos a la comunicación, el 22% se emplea en leer y escribir, el 23% en hablar, y el 55% en escuchar. Esto no quiere decir, que estemos más dispuestos a escuchar que hablar, sino que estamos más expuestos a estar recibiendo información que a transmitirla.


Otros estudios destacan que sólo el 7 % de la comunicación es verbal, porque las emociones se expresan en formas, tonos de voz, expresiones y ademanes que hay que saber escuchar. Por eso hay que observar más lo que se hace que lo que se dice. Y es que a pesar de que se puede hablar sin saber que decir, el saber escuchar es importante para tener una buena comunicación y conexión con las personas.

Todas estas consideraciones y conclusiones pueden servirnos sin duda tanto para nuestras vidas con nuestros hijos, parejas o amigos como en el trabajo. Y también para entender la verdadera importancia y el potencial de la "escucha activa" en los medios y redes sociales. Canales donde fluye la información a través de múltiples conversaciones en las cuales podemos participar, pero sobre todo, de las que podemos aprender y extraer valiosa información donde el lenguaje, las formas y el tiempo también son claves y pueden causar un buen o mal efecto. Aun estamos en procesos de aprendizaje en este sentido, si hasta enviamos 8 líneas de mensajes Whatssap cuando podríamos hacerlo en una, provocando la alteración del receptor  cuando escucha sonar 8 veces seguidas su móvil (celular).

En esta reflexión no quiero dejar pasar por alto a los “monologuistas hipoacúsicos”, aquellos que les gusta escucharse solo a ellos, donde su sabiduría y sus historias son lo importante, pero lo menos importante es quien está delante de ellos. Necesitan un espejo humano, sentir que tienen un escenario para actuar y hacer su monólogo, pero poco importan ni los aplausos, ni los comentarios. También hay un grupo de “ignorantes hipoacúsicos” a los que solo les dedicaremos un renglón por razones obvias, y son aquellos que jerarquizan la información que escuchan o que emiten según el rol o categoría del otro. Como las enfermedades, el saber detectarlos a tiempo es lo importante.

Muchas veces somos nosotros mismos los que, como decía mi padre, nos ponemos anteojeras como los caballos para no ver de lado, sino de frente, en otras palabras, ignorando lo que hay a nuestro alrededor. Y cuando los pasos nos dominan y nosotros no dominamos nuestros pasos probablemente nos tropecemos, y nos caigamos al suelo. Vivimos en nuestra aceleración contante y no podemos dominar ni nuestras palabras, nuestros espacios, tiempos, pausas, silencios, etc.

Tenemos tanta cantidad de información dentro de nuestro cerebro que ya somos como especie de autómatas arriba de un autobús o de un coche y cuando caemos un segundo en la realidad no podemos explicarnos cómo hemos transcurrido ese espacio de tiempo anterior, tenemos la sensación de haber estado aislados durante un periodo corte de tiempo y nos preguntamos “cómo he llegado hasta aquí”. Es nuestra “sordera temporal”. Probablemente en ese espacio de tiempo hayamos saludado o mirado a alguien, pero en realidad ni lo hemos saludado ni mirado conscientemente. La vulnerabilidad de nuestro yo interior tiene una gran repercusión dentro de nuestro mundo exterior y nuestras relaciones.

No somos consientes, y no le damos la importancia que tiene porque no lo vemos, o más bien no nos escuchamos o nos escuchamos demasiado según el caso, y no somos capaces de distinguir la repercusión que tiene en nuestro entorno este tipo de actitudes. Hasta nuestro propio liderazgo como profesionales nos pide a gritos un cuidado especial con la buena escucha y los roles en nuestra comunicación. Tanto nuestro círculo laboral como el personal pueden verse afectados seriamente ante la ignorancia de estas “hipoacusias relacionales

Perdemos amigos, parejas, compañeros de trabajo pero también perdemos clientes. Por que las empresas pueden también sufrir de “sordera temporal”. Esto es algo incuestionable y a tener en cuenta para cualquier tipo de estrategia de comunicación que deseemos desarrollar a través de los medios y redes sociales. Las empresas y marcas que buscan aumentar su visibilidad, interactuar y establecer nuevos vínculos con sus seguidores, usuarios y potenciales clientes deben adoptar una postura de escucha activa, con empatía, actitud, humildad, y actuar de forma planificada y coherente.

A todos nos gusta ser escuchados, pero si deseamos gustar a los demás comencemos por escuchar. Aprender a escuchar a las demás personas hará que nos perciban como persona o entidad en la que confiar y con la que poder establecer relaciones más emocionales y sinceras.

Los consumidores y usuarios en las redes sociales, tienen muchas cosas que decir de las marcas o de los productos que consumen. Unos necesitan de un acercamiento para conocer sus percepciones, pero otros muchos lo hacen de forma abierta. Expresan sus problemas, opiniones, experiencias y percepciones generando información capaz de influir en otros usuarios y consumidores.

Los que saben escuchar con atención, aprenden de forma indirecta y también aprenden a conocerse mucho mejor interiormente.

La próxima vez que te comuniques con alguien, te cuente sus problemas o exprese sus opiniones sobre algún tema, o sobre ti, tu empresa o marca, no lo ignores, ni le restes importancia, no apliques la “sordera temporal”, el talento de la escucha es un intangible valioso para todos y descubriremos las increíbles riquezas que reporta este acto en nuestras vidas, y seguro que nos sorprenderemos. ¿Me escuchas?. 



Nota: Vaya este post de hoy en homenaje a todas aquellas personas que sufren de alguna alteración auditiva, a todas sus familias y aquellos especialistas que los acompañan porque nos demuestran día a día que "el escuchar" tiene un mayor significado y valor que la unión de las propias palabras y el oído.


DIEGO LARREA
Twitter: 
@larreadiego