LA “GRAN REIMAGINACIÓN”

Detrás de un escenario tan convulso, donde entran y salen a escena actores y actrices como: transformaciones digitales y culturales, conflictos, recesiones, crisis, pandemia, se viene gestando desde hace un tiempo atrás un movimiento social muy importante, que radica en las nuevas necesidades y/o aspiraciones que hoy tenemos las personas. ¿Qué pasaría si detrás de todo este polvo que levantan las tablas de ese “teatro” se encuentra una trascendente oportunidad para reflexionar, cambiar de dirección e imaginar un nuevo futuro más beneficioso tanto para el empleador como para el empleado? No es una Gran Resignación, como lo llaman hoy en EEUU sino una “Gran Reimaginación”.

Los golpes de realidad y los momentos “encerrados” con nosotros mismos (muchas veces obligados por una situación externa) que hemos tenido en estos últimos años, nos han dado la valentía de cuestionar a nuestro espejo y decirle: ¿por qué no?, ¿y si ahora es el momento?, ¿qué tengo que esperar?, ¿por qué tengo que estar haciendo algo que no me gusta?, ¿por qué tengo que estar en un lugar donde no comparto lo que piensan?, ¿por qué quedarme con alguien que no me reconoce ni valora?, ¿qué puedo hacer distinto a lo que he hecho hasta ahora para cambiar la situación?, ¿estoy preparado? ¿tengo las herramientas necesarias para “aprenderme el texto” y convencer al “espectador” que soy un excelente profesional? Preguntas y más preguntas que caen todos los días y muchas veces no tienen una respuesta clara.

Estas son las personas que buscan una nueva visión de su carrera profesional, sea porque sienten que están agotados o estancados, o por necesidad, o porque buscan un nuevo estilo de vida personal y profesional.

Personas que conocen perfectamente la realidad y saben que, por ejemplo, pertenecer al grupo de mayores de 45 años es ir cuesta arriba, porque el porcentaje de desocupados es alto. O si son jóvenes, conocen que los índices del paro juvenil están disparados. Además, ambas generaciones son conscientes que no se trata de rellenar un perfil profesional en una plataforma, exponer un CV, y solicitar contactos en ella sin sentido. Y si a todo ello le sumamos que el 50% de los actuales puestos de trabajo están cambiando y lo seguirán haciéndolo hasta desaparecer o modificarse con relación a lo que hay actualmente en estos próximos años, las perspectivas comienzan a ser cuanto menos inquietantes.

También para las empresas es una situación compleja, que las está llevando a repensar sus formas de trabajo actuales y cómo cubrir ese “gap” que no solo se traduce en la necesidad de perfiles tecnológicos sino en todo un sistema cultural y organizacional basado en el siglo XXI, con un nuevo concepto de trabajo, de comunicación, de colaboración, etc. El 75% de las empresas están con dificultades para lograr los perfiles adecuados o actualizar los que tienen.

Algunos lo llaman a este momento “la guerra por el talento”, pero los datos nos invitan a pensar que uno de los puntos de la “Gran Reimaginación” está en construir una cultura y una organización lo suficientemente seductora, creíble, construida por todos los integrantes de la Organización con innovación y audacia, donde, por ejemplo, el elemento del bienestar (en toda su esencia, incluida la salud mental) sea un elemento clave para atraer de verdad al nuevo profesional que hoy necesita trabajar con otro tipo de reglas del juego, sea de una generación o de otra.

Por otro lado, en esa “Gran Reimaginación” también es el propio profesional quien tiene que coger el timón de su barco y actualizar su antiguo GPS para que lo reconduzca o lo oriente hacia el mejor puerto, construyéndose él mismo su modelo de “oportunidad”, por que él /ella es la oportunidad en sí. Los frenos externos pueden ser fundamentados, realistas, incluso de un calado muy importante y hasta a veces muy duros de sobrellevar, pero son realidades que en sí mismas no podemos alterar. Pero sí podemos transformar y modificar aquello que depende de nosotros mismos. Reimaginemos nuestro futuro, seamos realista con nuestro presente y tomemos también nosotros las mejores decisiones de manera osada. Reformulemos nuestro camino y actualicemos nuestros conocimientos y habilidades, con una capacidad de autoconocimiento que nos permita estar y hacer lo que más se aproxime, de manera responsable con nosotros mismos, al escenario que nos produzca una felicidad autentica y en línea con el estilo de vida y valores que anhelamos.

Hoy el problema no es la escasez de talento. El problema es la rigidez en nuestro pensamiento. A veces las propias Organizaciones tiene dificultades para mirar fuera de la caja de su "candidato perfecto", lo que significa que pasan por alto las habilidades transferibles, y el ritmo del día a día las lleva a no trabajar de manera valiente en proporcionar otros sistemas de trabajo y de relación, sin comprender lo que los empleados realmente buscan. Porque, en definitiva, ese tipo de sistema de relación es el que piden los clientes. Los Clientes y Profesionales son el corazón de los negocios, y necesitan de esta “Gran Reimaginación”, y como empresas también debemos dar un paso arriesgando que depende solo de nosotros mismos y que va mucho más allá de la incorporación de algún programa de agilidad o de integrar sistemas tecnológicamente vanguardistas.

Profesionales multi generaciones y empresas, poco a poco, se están dando permiso para dar los primeros buenos pasos. La noticia más realista que debemos asumir es que siempre vamos a tener una realidad más o menos compleja, porque el mundo no nos pone ni podrá caminos fáciles. No es cuestión entonces de esperar a un momento más estable o mejor. El mundo seguirá pidiendo cambios y viviendo permanentemente en una transformación social.

Seamos audaces y llevemos esa “Gran Reimaginación” a nuestra vida, a nuestras Organizaciones, y sobre todo a nuestro propio espejo, ese espejo que tuvimos la valentía de cuestionar y decirle: ¿por qué no? ¿y si ahora es el momento?

Diego Larrea Bucchi
Experto en Recursos Humanos y Comunicación
Colaborador en Inxpirius.
Miembro de DCH – Autor de “La Era de las Personas”.

LOS FORMALIZADORES DE PASIONES

Que los tiempos han cambiado no es novedad y hasta parece una trivialidad mencionarlo, pero lo vamos notando en pequeños detalles de la vida diaria. Por supuesto que las grandes transformaciones tecnológicas o científicas nos están abriendo un mundo que profundiza en nuestra expectativa de vida y nuestro accionar diario, pero por otro lado lentamente vamos viendo como algunos principios que hasta ayer nos parecía importantes se van racionalizando, "normatizando" o reglamentando. Estos, queriendo o sin querer, están apagando esas pequeñas grandes pasiones que daban sentido a una mesa de café entre amigos, unas charlas de domingo en familia, una fantasía o un anhelo juvenil, un proyecto quizá disparatado, etc.

La “formalización de las pasiones y las ilusiones” es una contradicción en sí misma. Todos nos enamoramos de las sensaciones que nos produce esa persona que nos ha revolucionado el corazón y no vamos al Manual de sus Competencias y Habilidades para saber si encaja o no conmigo. Nos enamoramos y punto. Vivimos, disfrutamos, reímos, lloramos, nos ilusionamos, proyectamos, a veces nos equivocamos, y otras veces no. Pero no formalizamos nuestra pasión, nuestra ilusión.

De niño recuerdo jugar con un cepillo gigante, mientras el agua del baño corría antes de ducharme. Y entre el vapor y el espejo me imaginaba con una guitarra o micrófono ser un Beatles o un Stone. Formalizar mi pasión o mi ilusión no hizo que yo abandonara mis deseos por subirme a un escenario. 

No hablo de alimentar falsas expectativas, o vivir en un mundo paralelo a la realidad. Me refiero a no matar con la posible lógica algorítmica del futuro a la fantasía, al sueño o la imaginación de un niño o adolescente.

“No serás músico porque el mundo de la música es muy difícil y es un azar. No llegarás a ser futbolista porque solo llegan los elegidos y por contacto. No llegarás a ser el dueño de tu propia empresa porque no tienes los medios suficientes para desarrollar tu proyecto.  No llegarás a ser un reconocido abogado porque la competencia es muy alta. No llegarás a ser quien tú quieres ser porque “todo depende de los demás, de las circunstancias, y no de ti”. 

Este es el mensaje que “la formalización de las pasiones y las ilusiones” nos está menoscabando diariamente y de manera silenciosa anula por decreto la capacidad por imaginar, tener una visión, luchar por lo que uno quiere, el valor del esfuerzo para conseguir las metas, el trabajar la frustración del no conseguirlas, tener la capacidad de sobreponerse y reinventarse, formarme para un mientras tanto o para coger un nuevo rumbo. Pero nunca matar la ilusión, porque estaríamos matando el deseo, la esperanza, el entusiasmo, la imaginación, la innovación, superación, el ansia de progreso, de avance, en definitiva, de evolucionar a través de nuestra felicidad. En cambio, sí debemos ayudar a preparar la mochila para el camino. Una mochila que tenga las buenas herramientas tanto para poder subir a la montaña de los éxitos y los anhelos como para bajar con cuidado la del fracaso y siempre con el afán de volver a subir.

Necesitamos mas ilusionistas y más ilusionados. Menos formalizadores de las pasiones y de ilusiones y más formadores de personas que acompañen en esta etapa de ostracismo tecnológico comunicacional a estas nuevas generaciones con un mensaje ilusionante, real pero cautivador, y dejemos que fluya la sangre, la energía, y ayudémosles a que nunca pronuncien la frase: “que hubiera pasado si…”

Diego Larrea Bucchi
Experto en Recursos Humanos y Comunicación
Executive Director en Side by Side y Colaborador en Inxpirius.
Miembro de DCH – Autor de “La Era de las Personas”.

TECNOSOFÍA: EL CLIC DEL REAPRENDIZAJE

La sobreproducción de información y la moda de lo inmediato le están ganando la batalla a la capacidad de comprensión, análisis, discernimiento y valoración que tiene el ser humano. Vivimos en el “mundo clic” donde nuestros dedos, como el viejo trilero de la feria, van más rápido que nuestra vista y que nuestra posibilidad de entendimiento. No es una cuestión de falta de talento o una necesidad de fortalecer las conexiones neuronales implicadas en la memoria ni de establecer nuevas sinapsis capaces de reorganizar y/o recuperar funciones cognitivas más débiles o dañadas. Pero sí deberíamos tomarnos unos segundos para reflexionar cómo este tema tiene relación directa con nuestra vida.

Puede ser un interesante debate pero también puede suceder que quede relegado a las millones de palabras, algoritmos, selfies, micro informaciones que nuestro vertiginoso y exigente "dedo dictador digital" nos autocensure. Por ello, no nos daremos por vencidos y lo intentaremos, una vez más.

Una de las primeras cuestiones que podemos preguntarnos es ¿mientras disfrutamos de las bondades de la Red estamos sacrificando nuestra capacidad para leer, crear, interpretar, comparar y pensar con profundidad? La tercera parte de la población mundial ya es internauta, la revolución digital crece velozmente, entonces ¿hacia qué tipo de modelo de desarrollo cognitivo e intelectual estamos acercándonos?

Nuestro cerebro cambia en respuesta a nuestras experiencias.  La tecnología que utilizamos para encontrar, almacenar y compartir esa información no es ajena a nuestro progreso evolutivo y puede alterar nuestros procesos neuronales.

Los sistemas actuales de comunicación basados en las nuevas tecnologías y redes sociales nos están "reconfigurando" de alguna manera, a su propia imagen. Nos vuelven más multitareas, productivos y hábiles en el manejo superficial de la información pero están aletargado nuestra capacidad de concentración, contemplación, análisis, creación y reflexión.

Esa multitarea nos abre un gran abanico a nivel laboral o productivo, incluso amplía nuestra telaraña social gracias a las nuevas plataformas pero sus algoritmos nos están alejando de formas de pensamiento que requieren reflexión y contemplación. Eso nos convierte en seres más eficientes procesando datos y dando respuestas rápidas pero menos capaces para profundizar en esa información o situación planteada. Lo inmediato se transforma en algo adictamente necesario. Se aleja de dar verdaderas soluciones para nuestra inteligencia emocional, colaborativa, creativa y existencial. En definitiva, nos desvincula de la capacidad de aprendizaje, que es la que nos ayuda a una buena evolución personal y profesional. Estamos más obsesionados con los indicadores claves de rendimiento que en la medición de nuestra propia transformación, progreso y crecimiento.

Hay un frenesí por la premura que estimula muchas veces el propio Internet, las redes y todo tipo de comunicación social cuando nos incitan, inconscientemente, a buscar lo breve y lo rápido. Hoy y ya. Resultados sin procesar. Lo quiero ahora. La posibilidad de concentrarnos en una sola cosa, de reflexionar, de comparar y de hacer la buena pausa se transforma en una quimera “pasada de moda”.

Dentro de ese nuevo esquema de pensamiento que alienta lo urgente, la multitarea y subidos como siempre a la rueda del hámster, indirectamente está provocando grandes abismos en nuestro sentido de la concentración. Esto no solo lo estamos experimentando las generaciones activas en el mundo laboral sino algo mucho más importante y digno de atención: nuestros hijos.

La Era Digital nos permite mostrar nuestras creaciones, compartir nuestros pensamientos, estar en contacto con los amigos o familiares y hasta nos ofrece oportunidades laborales o de reinventarnos. No hay que olvidar que la única razón por lo que las nuevas comunicaciones tecnológicas están teniendo tanto efecto en nuestra forma de pensar es porque son útiles, entretenidas y divertidas. Si no lo fueran no nos sentiríamos tan atraídos por ellas y no tendrían efecto sobre nuestra forma de pensar, de procesar y hasta de actuar. Paradójicamente, nadie nos obliga a utilizarlas.

Es por ello que el análisis sobre su impacto en nuestro día a día, en las competencias sociales y emocionales, en nuestra misión profesional y en nuestro propio desarrollo psicofísico se transforma en un debate fundamental.

Sabemos que los nativos digitales tienen menos conexiones en la zona de gestión de la memoria del cerebro porque parte de esta función la han externalizado hacia los aparatos digitales. Hay una mayor robustez de enlaces en las zonas de integración del cerebro, lo que permite incorporar muchos datos diferentes en un mismo trabajo. Síntomas claros que el estímulo de la tecnología va alterando nuestro proceso de evolución y reorganización estructural de tejidos y circuitos en segmentos y regiones específicas de nuestra inteligencia psíquica y emocional.

Ayer los padres o la escuela eran los únicos responsables de estimular el cerebro y las emociones del niño, previendo que a más conexiones recibidas mayor sería el provecho de sus conocimientos, habilidades, talento, actitudes y aptitudes. Hoy nos encontramos con un sistema tecnológico de comunicación que juega casi en silencio, y en muchos ámbitos, ese rol. Pero nadie nos garantiza que el objetivo sea el mismo que el de nuestros padres o la escuela. Porque al igual que con ellos, un aprendizaje incorrecto genera déficits en nuestra estructura neuronal que provoca que los aprendizajes posteriores sean mucho más difíciles de asimilar. Y si esto lo traducimos a nuestro aprendizaje digital recobra unas dimensiones inimaginables donde el pilar de nuestro futuro se está reescribiendo sin pedir permiso.

La “Tecnosofía” como un equilibrio real entre la tecnología y la sabiduría evolutiva, puede transformarse así en la clave de nuestro genuino desarrollo humano. Porque si la habilidad de concentrarse en una sola cosa es clave en la memoria a largo plazo, en el pensamiento crítico y conceptual, y en muchas formas de creatividad, en algo tendremos que reorientar el timón de este gran barco tecnológico en el que estamos navegando. Incluso las emociones y la empatía precisan de tiempo para ser procesadas. Si no invertimos en crear ese espacio, donde la aceleración, la inmediatez y la multiactividad estén a nuestro servicio y no al revés, estaremos perdiendo esta gran oportunidad que nos da este Siglo para que el auténtico reaprendizaje sea la clave para estar cada día más cerca de la auténtica felicidad.


Diego Larrea Bucchi
Experto en Recursos Humanos y Comunicación
Executive Director en Side by Side y Colaborador en Inxpirius.
Miembro de DCH – Autor de “La Era de las Personas”.

"GENTE LLAVE" O "GENTE ACCESORIO"


Estamos inmersos en los desafíos que nos plantea un nueva Era llena de cambios, de aprendizajes, de nueva toma de decisiones. Un momento crucial en nuestras vidas personales y profesionales donde la incertidumbre se transforma en una moneda corriente y la necesidad de hacer las cosas de una manera diferente e innovadora se torna cada vez más esencial para poder mantenernos en plena carrera.

Comenzar de cero, reciclarnos, reaprender, dar "vuelta la habitación de nuestra vida" profesional y personal no es una tarea sencilla, aunque no excusable en estos tiempos.

Así como las nuevas circunstancias sociales, económicas, laborales nos proponen retos, no siempre agradables, fáciles o cómodos, nuestro rol social también experimenta una necesidad de cambio y comienza a tener otro tipo de impacto y relevancia en nuestro pequeño día a día. Ya no da lo mismo qué somos, cómo somos, cómo actuamos, qué decimos, qué dejamos de decir, si estamos o no estamos. Vivimos una revolución evolutiva en las personas no en las máquinas, y nos encontramos sutilmente invitados, pero realmente obligados, a decidir entre qué dos modelos queremos estar y ser: la "Gente Llave" o la "Gente Accesorio".

La "Gente Llave'' entra en nuestra vida sin hacer ruido, la enriquecen con pequeños gestos y la hacen mucho mejor. La llenan de sensatez, de motivos para seguir. No hacen ruido, pero están, no necesitan la reciprocidad ni buscan protagonismo. No reclaman. 

Nos inspiran desde la sombra, no juzgan ni prejuzgan, buscan conocer nuestra verdadera esencia. No imponen, se adaptan, aceptan y confían. Celebran nuestros éxitos como propios, elogian y empatizan. Proponen, no esperan. 

Son un espejo que no agrede al intentar corregirnos y enseñarnos lo que no estamos viendo, porque lo hacen desde el respeto, la humildad y el afecto sincero. No son un "ya te lo he dicho".

La "Gente Llave" nos abre caminos, facilita las cosas, nos regala optimismo dándonos el impulso que necesitamos para dar ese paso que tanto nos cuesta. No necesitan de grandes acciones porque son los detalles los que marcan su presencia. Saben destacar lo mejor de nosotros. Se equivocan sin culpar a los demás y saben hacer del fracaso el mejor aprendizaje. Se enorgullecen de sus cicatrices y no de sus medallas.

La "Gente Llave" deja huella, no marca. Conduce el barco sin sombrero de capitán, y saben que las olas y tormentas también forman parte del camino. 

Entienden que las emociones no son una debilidad sino un privilegio. Nunca se ubicarán ni delante ni detrás de nosotros, sino a nuestro lado. Serán siempre nuestros embajadores estén donde estén y bajo cualquier circunstancia. 

Por otro lado, en la acera de enfrente, la "Gente Accesorio". Esos que queriendo o sin querer hemos dejado habitar en un radio aparentemente próximo a nosotros pero que en realidad forman parte de un mobiliario personal o profesional que nunca se han atrevido a entrar ni a participar de nuestros acontecimientos importantes.

Si pensamos en los tres momentos más primordiales de nuestra vida y reflexionamos sobre quiénes nos han acompañado en esas circunstancias, seguramente daríamos al botón de borrar a más del 90% de nuestra Agenda. Y el porcentaje podría ser más alto si esos acontecimientos elegidos han sido situaciones complejas y no felices.

La coraza de protección de una red social, disfrazada de una lista de amplios contactos, se transforma cada día más en un status ficticio ávido de reconocimientos públicos, situacionalmente efímero, que se suicida desde una inmensa torre cuando nos encontramos en dificultades.

"La Gente Accesorio" está porque nosotros queremos que estén. Sabemos de su intrascendentalidad, pero muchas veces no somos capaces de desprendernos de su ausencia manifiesta. Nos da miedo, y hasta en muchísimas ocasiones esperamos de ellos algo que en el fondo somos conscientes que nunca nos darán, porque para ellos simplemente no somos prioridad, y cuanto antes lo asumamos, antes caminaremos sin ese peso innecesario en nuestra mochila.

No perder tiempo ni energía en agradar a la "Gente Accesorio" a sabiendas que es una batalla perdida, nos dará el impulso necesario para centrarnos en lo verdaderamente importante.

Es por ello, que cuanto mayor sea el espacio que dediquemos a escucharnos, a descubrirnos, a observar nuestro reloj interno, a poner en valor a la "Gente Llave" y ser uno de ellos, mayores serán los éxitos que cosecharemos y la felicidad auténtica que disfrutaremos.

La "Gente Llave" sabe que el verdadero valor de una persona no se encuentra en su inteligencia, ni en sus habilidades o talentos. El auténtico valor de una persona, el más preciado, es esa capacidad altamente generosa de situarse en el lugar del otro, olvidándose de uno mismo, sustituyendo el "yo" por encima de todo al "tú" como una misma parte. De postergar ser el centro del universo por empatizar con sus semejantes. De aparcar la falsa necesidad de nuestro ego por la bondad de prestar ayuda a los demás. 

Estamos inmersos en tantos cambios, tantas dudas, tantos conflictos internos y externos, en los desafíos que nos plantea esta nueva Era de aprendizajes constantes e inmediatos, que la principal toma de decisiones debe comenzar con un simple detalle: saber elegir. Ser "Gente Llave" o ser "Gente Accesorio", esa es la cuestión.

Diego Larrea Bucchi
Experto en Recursos Humanos y Comunicación
Executive Director en Side by Side y Colaborador en Inxpirius.
Miembro de DCH – Autor de “La Era de las Personas”.

LA COLABORACIÓN, EJE CENTRAL EN LA NUEVA CULTURA DE GESTIÓN DEL TALENTO

La habilidad de colaboración para las profesiones del Siglo XXI es esencial, y lo demuestran todas las nuevas estrategias de las Organizaciones que impulsan a los líderes emprendedores a desarrollarla y compartir el talento.

Los roles están cambiando rápidamente a medida que los lugares de trabajo se redistribuyen entre el hogar y la oficina. Las jerarquías organizativas se están poco a poco aplanando y, por ejemplo, el nuevo rol de los managers requiere una mayor flexibilidad gestionando desde la proximidad actitudinal hacia los equipos en los actuales modelos híbridos de trabajo. Una colaboración más como pares y facilitadores.

Una competencia que debemos trabajar en nuestro día a día independientemente a nuestro rol dentro de la organización. Ya no basta con entregar nuestro trabajo a nuestro superior o nuestro cliente, toda la interacción que llevamos adelante durante el proceso tiene una relevancia muy importante en esta sociedad del aprendizaje. Esa interacción sea con compañeros, proveedores o el mismo cliente también es parte del trabajo, y dentro de una Compañía será la base del conocimiento compartido, de la experiencia, de las buenas prácticas, en definitiva, de la construcción de los valores y ADN de la misma. Un profesional del siglo XXI tiene en la colaboración una herramienta indispensable para el desarrollo de su actividad e incluso de su propia marca personal.

Aun en escenarios complejos, una buena dinámica de colaboración repercute directamente en el talento, en su atracción y retención porque estamos inmersos en una Era Digital que nos pone a prueba con la eficacia y con la innovación constante. Las personas son las que crean y las que consiguen que las Organizaciones avancen y conseguir un equipo comprometido con el negocio y su proyecto, que forme parte de él en cada una de sus instancias, es tan difícil como necesario. De ahí que las empresas entienden como imprescindible poner en marcha medidas innovadoras, incluso a replantearse las nuevas tareas, funciones y competencias de muchos de sus puestos vigentes y necesidades futuras.

Estamos en un momento clave. Tenemos mucha información al respecto, pero muy poca experiencia.  Es realmente importante que asumamos este proceso como el eje central en la nueva cultura de Gestión del Talento.  En definitiva, un cambio de hábito, un cambio de modelo, de paradigma, donde se necesita muchísimo acompañamiento, formación para vencer las barreras de los miedos y de las soledades y poder asumir un estilo de gestión más cercano, más humano a pesar de la frialdad de las herramientas. Y que no solo es un trabajo de las empresas, sino que es fundamental el proceso de cambio que nosotros como profesionales hagamos.  Los programas no mejoran los procesos, somos nosotros, las personas, quienes lo hacemos. 

Gran parte de lo que consideramos oportunidades de crecimiento tiene que ver con el desarrollo de competencias. Las competencias se desarrollarán cada vez más "en el trabajo". Y para desarrollar esas competencias, los profesionales tendrán que aprender de los demás mediante interacciones directas como es la colaboración.

Si la colaboración es realmente la base de la experiencia de los empleados y el motor de nuestro negocio ¿Cómo sabemos si está funcionando o no?  No basta con las encuestas de empleados para recopilar y analizar la información sobre el verdadero impacto de las experiencias colaborativas.

Aquí es donde entra en juego el verdadero análisis de colaboración, midiéndola y detectando a los referentes “influencers” expertos que serán los multiplicadores del conocimiento y el talento. Incluso descubriendo grupos no formales de Colaboración con influencia e intermediación, o bien grupos aislados, colectivos sensibles a los cambios e innovaciones, etc.

Cuando utilizamos Plataformas Colaborativas de Gestión para el desarrollo del trabajo diario, se pueden extraer indicadores (KPIs) de desempeño, tales como Influencia y Alcance, Rol de Contribución a los Procesos, Dinámica de Relación Grupal, Reciprocidad en la Comunicación, entre otros. Estos KPIs están siendo aplicados en organizaciones, para el impacto de la reutilización de soluciones de venta, la detección temprana de innovaciones y tendencias o la adopción del comportamiento colaborativo para desarrollar y gestionar programas de optimización de la Comunicación y la detección y evolución del Talento. 

La colaboración efectiva de los profesionales de una Organización es la base para una buena adaptación al cambio que hoy nos demandan principalmente nuestros clientes. Y los conocimientos analíticos de datos asociados son imprescindible para una mejora permanente, pero no por los datos en sí mismos, que son esenciales, sino por crear una cultura del desarrollo interno que tenga un impacto relevante en los objetivos de la empresa. Y por supuesto que tenemos grandes retos operativos además de culturales, para competir en un mundo de TI Híbrida que incluyen DevOps, Seguridad, Gestión de riesgos y Análisis predictivo. 

Pero algo muy importante a tener en cuenta en nuestro análisis, es que los macrodatos disponen de un saber muy escaso. Con la ayuda de macrodatos se averiguan correlaciones por ejemplo en la colaboración, pero la clave está en comprender, ya que es el pensamiento el que tiene acceso a lo completamente distinto. Lo numérico hace que todo resulte comparable pero lo realmente importantes es entender para poder transformar, crear, innovar y dar verdaderas nuevas soluciones. 

Cada vez más empresas se dan cuenta que no basta simplemente con recopilar, mover y preparar datos de manera más eficiente. Para trabajar la colaboración, el engagement, el talento o la propia comunicación y crear una nueva cultura en nuestro negocio del siglo XXI, el integrar el análisis, la experiencia, la proximidad, la creatividad, la cultura, los valores en nuestro nuevo modelo de trabajo será la línea estratégica básica para generar propuestas innovadoras que permitan marcar la verdadera diferencia en un mercado altamente competitivo.

Diego Larrea Bucchi
Experto en Recursos Humanos y Comunicación
Executive Director en Side by Side y Colaborador en Inxpirius.
Miembro de DCH – Autor de “La Era de las Personas”.