viernes, 11 de julio de 2014

"No tengo tiempo": la excusa perfecta

Caminamos muchas veces sin saber claramente dónde está el objetivo, sin saber si hemos previsto qué cosas nos pueden pasar por el camino, si tenemos todo lo necesario. Dicho de otro modo: “estamos tan ocupados conduciendo que no podemos detenernos a poner gasolina”. Nos ocurre constantemente en aspectos relacionados con temas personales pero también con aspectos profesionales y vaya paradoja: que no tenemos tiempo para gestionar adecuadamente nuestro propio tiempo. El hombre lucha por dominarlo, y sólo se genera el efecto contrario.  Los sentidos metafóricos de la vida oscilan entre la ciencia y la ficción. El tiempo (o su escasez) es el argumento más utilizado en la actualidad para no hacer, no aprender, no viajar, no conocer, no dialogar, no participar y otra infinidad de no. La idea del post de hoy no es compartir sobre cómo gestionar mejor nuestro tiempo, que de eso pueden hablar mejor grandes especialistas, sino desenmascarar a la excusa perfecta: "¡No tengo tiempo!",  en actos de cambio o innovación.


Ante situaciones como esta, por algún sitio hemos de romper este terrible círculo vicioso:
- ¿Qué está haciendo Usted? —le pregunté.
- ¿No lo ve? —me respondió él con impaciencia— Estoy cortando este árbol.
-¡Se le ve exhausto! —exclamé—. ¿Cuánto tiempo hace que trabaja?.
- Más de cinco horas, y estoy molido. Esto no es sencillo.
- ¿Por qué no hace una pausa durante unos minutos y afila la sierra? —le pregunté—Estoy seguro de que cortaría mucho más rápido.
- No tengo tiempo para afilar la sierra —me dijo el hombre enfáticamente—Estoy demasiado ocupado aserrando el árbol.

No tengo tiempo para afilar la sierra porque estoy demasiado ocupado aserrando el árbol. ¿Alguien ha sentido esta sensación? Seguro que sí. La buena o mala noticia es que: el tiempo no se encuentra, el tiempo se fabrica y si esperamos a tener tiempo, no lo tendremos nunca.

Evidentemente los procesos de cambio, incluso los internos no son simple, ni rápidos,  ni matemáticos pero si sacamos cada día 10 minutos al cabo de la semana habremos tenido casi una hora para nuestro nuevo proyecto o desafío. No sirve decir: “Es que tú no me entiendes”, “Tú no vives mi realidad”, “Todo lo que me piden son cosas prioritarias y para mañana”, “Llego cansado y ya no tengo fuerzas para ello”.  Somos valorados también por nuestra buena administración, por nuestra sabiduría como estrategas de la organización y del tiempo,  por tomar decisiones importantes en los momentos más claves (caóticos o no caóticos).

Si no hacemos este proceso, aparte de no avanzar y mejorar, cosa que nos aporta el análisis de cómo lo hacemos y cómo lo podríamos hacer mejor y en menos tiempo (esto se llama también productividad), no conseguiremos encontrar el tiempo necesario para enfrentarnos a los retos que hoy se necesitan para conseguir ser sostenibles y competitivos y seguir presentes.

Y si hablamos de tiempo también debemos mencionar al tiempo nocivo, aquel que nos afecta, nos aletarga y que no sabemos digerir por distintas causas. Cuántas veces nos hemos encontrado con complicados escenarios laborales donde los managers sin ningún tipo de contemplación y planificación generan el peor de los ambientes que nos podamos imaginar anulando psicológicamente a su equipo por irse sin hacer las “correspondientes 14 horas” de trabajo.  También cuando hablamos de cambios, de mejor organización, de innovación e incluso de productividad y por qué no de felicidad, hablamos dentro del idioma de los valores, lo demás radicalmente queda fuera de juego.
  • ¿Dijo John Lennon “No tengo tiempo” cuando tenía que ir a ensayar con su grupo mientras trabajaba barriendo en el pub de su padrastro para tener un poco de dinero y en la compañía de agua en Woolton?. 
  • ¿Dijo Jack Nicholson “No tengo tiempo” cuando tenía que aistir a sus clases de actuación y estudiar mientras trabajaba como repartidor de correos?
  • ¿Dijo Bill Gates “No tengo tiempo”  siendo aún estudiante en la Universidad de Harvard y planificaba lo que sería su futura Microsoft?.
  • ¿Dijo Amancio Ortega “No tengo tiempo”  a los catorce años en La Coruña, siendo empleado de dos conocidas tiendas de ropa mientras ideaba la creación de su primer empresa Confecciones GOA, S.A?
Cada uno de ellos, desde sus inicios, seguramente tuvo que saber gestionar su conocimiento, su organización, su adaptación, su frustración, sus miedos, en definitiva: vivieron procesos de cambios que los llevaron al éxito a pesar de las dificultades, con las caídas propias de los emprendedores, sin mentirse a sí mismos poniendo excusas que solo sirven para salir del paso y buscando a cada segundo una solución para lograr la meta.

El mundo avanza a una velocidad sideral. Por eso, quienes sigan dando esas excusas en lugar de ver las oportunidades que se les presentan (una tormenta también es una oportunidad) quedarán en el camino, estancados, olvidados por la historia, y se convertirán en actores secundarios de un mundo que los mirará con falsa melancolía, o simplemente los ignorará. En cambio, aquellos que generan el cambio, lo crean, reescriben la historia y diseñan el futuro serán los protagonistas de años intensos, radicalmente veloces, a la vez que ricos en aprendizaje, experimentación y evolución.

No hace falta ser Lennon, ni Jack Nicholson, ni Bill Gates ni Amancio Ortega. Desde lo más personal al área más profesional, podemos dar el gran paso  haciendo del tiempo una herramienta de cambio, demostrando que para ser felices de verdad también hay que ser valientes, creativos e innovadores.

DIEGO LARREA
Twitter: 
@larreadiego