viernes, 24 de julio de 2015

El ombligo más grande del mundo

Hay personas que pertenecen al clan del solipsismo y ni siquiera son conscientes que pertenecen a él, y sobre todo que significa. Si nos aferramos a nuestro amigo diccionario esa palabra proviene del latín "[ego] solusipse" (traducible de forma aproximada como "solamente yo existo") y es la creencia metafísica que lo único de lo que uno puede estar seguro es de la existencia de sí mismo.

Probablemente no tenga que ver con  tener mejor o peor relación con los demás, sino el lugar que “los demás” ocupan en la toma de mis decisiones, ya que la capacidad de influencia, retroalimentación o de espejo que ellos ejercen en mí, en estos casos, es prácticamente nula.

Hay personas que tienen por costumbre preguntarte: ¿cómo estás? a penas te ven, y uno utilizando la lógica de la comunicación responde de manera inmediata si esa persona se encuentra medianamente dentro del ámbito de nuestros conocidos. Pero por esa “mágica” de las relaciones nos encontramos escuchándolos a ellos en vez de estar contando nosotros lo que pretendíamos responder. Si esto lo hace un compañero o alguien que no tenga una influencia directa en mi persona, evidentemente puede sorprendernos, y hasta incluso molestarnos, pero si esto lo hace con frecuencia un jefe, nuestra pareja, un buen amigo/a, seguramente la incomodidad será mayor.

No confundamos egocentrismo con autonomía, por más que intentemos justificarnos, porque como bien decía Piaget, la autonomía es un procedimiento de educación social que tiende, como todos los demás a enseñar a los individuos a salir de su egocentrismo para colaborar entre si y someterse a las reglas comunes.

Sabemos perfectamente cuando nos están escuchando, cuando están pendientes de nuestro mensaje, y por el contrario cuando no abandonan el tic de mover la cabeza de abajo hacia arriba y de arriba hacia abajo afirmando, con la mirada sostenida en la nada, esperando que demos por finalizado “el discurso”. Oír es un proceso natural que afecta sólo al oído; en cambio la escucha implica el proceso del pensamiento. Un proceso en el que interviene la memoria a corto plazo, la asociación de ideas, el conocimiento del mundo, el conocimiento de la situación y del interlocutor, la propia personalidad del oyente, etc. La clásica teoría de la comunicación, que distingue entre mensaje, destinatario y emisor, hace olvidar un hecho fundamental en la comunicación real cara a cara: que la escucha es recíproca en todo momento, por lo que estamos hablando probablemente de la parte más importante del acto comunicativo.

Los que tienen el ombligo más grande del mundo no pueden ver más allá de eso, su ombligo. Sus preocupaciones son más grandes, su volumen de trabajo es más grande, su cansancio es más grande, su falta de tiempo es más grande, y todo aquello que les puedas decir, sugerir, pedir estará en una órbita fuera de ese ombligo gigante donde él o ella se miran sin perspectiva externa alguna.

Es la enfermedad de no escuchar la que me preocupa decía Shakespeare, porque ese aislamiento que provocan con su hipoacusia comunicativa no sólo afecta a aquellos que de alguna manera dependen o se relacionan con ellos, sino son ellos mismos los que se van aislando, perdiendo credibilidad, dejando de ser referentes, y de alguna manera se alejan del modelo de valores, despreciando al otro con su ignorancia o su lista de prioridades siempre más importantes.

No es fácil ser un modelo de padre, madre, de amigo/a, o de jefe. Nadie dijo que liderar equipos, grupos o familias lo fuera. Si nuestra humildad en la escucha es baja, nuestra oportunidad de aprender, colaborar y crecer también disminuirá. Todos de alguna manera nos enamoramos de nuestras pequeñas reflexiones, discursos y aparentes “genialidades”. Odiamos los silencios que se establecen en las conversaciones porque nos ponen nerviosos, sin darnos cuenta que tenemos dos oídos y una sola boca para recordar que debemos escuchar el doble y hablar la mitad.

"Yo" y "mí" dialogan con demasiada asiduidad, decía mi amigo Nietzsche. ¿Y si intentamos el “tu” y  “yo”  como fórmula de éxito? Probablemente descubramos un  mundo lleno de posibilidades, alternativas, alejado de narcisismos innecesarios, y marginaciones indeseables, y podamos construir uno alejado de grandes ombligos y más cercano a grandes oídos e inmensos corazones.

Buen verano para todos los amigos y lectores europeos y norteamericanos, y mejor invierno para mis amadas tierras latinoamericanas. Nos leemos en Septiembre!

DIEGO LARREA
Twitter: @larreadiego